La primera edición del renovado Mundial de Clubes con 32 equipos arrancó en Estados Unidos con una puesta en escena que, aunque ambiciosa, ha generado más dudas que certezas.
Nueve partidos después del pitazo inicial, la asistencia total ronda los 375 mil aficionados, con una ocupación promedio del 61% en los estadios, muy lejos de lo que Gianni Infantino —presidente de la FIFA— soñó cuando presentó el torneo como el evento más prestigioso del fútbol de clubes en el planeta.
Las cifras son las que son. El debut de Lionel Messi con el Inter Miami contra Al Ahly de Egipto en el Hard Rock Stadium de Miami atrajo a 61 mil personas, una cifra alta, rozando el lleno completo pero con boletos en gran rebaja.

En contraste, el duelo entre LAFC y Chelsea en el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta apenas reunió a 22 mil espectadores en un recinto con capacidad para más del triple.
El contraste fue aún más claro cuando el campeón europeo, París Saint-Germain, se midió ante el Atlético de Madrid frente a 80 mil aficionados en el mítico Rose Bowl. El interés parece seguir siendo selectivo en un día donde el tráfico angelino quiso engañar a las redes sociales.

Las escenas en Times Square, donde cientos de seguidores del Palmeiras se tomaron el corazón de Nueva York antes del estreno ante Porto, evidencian que el entusiasmo existe, pero no se ha traducido de forma uniforme en taquilla.

La atmósfera más vibrante, hasta ahora, se vivió en el 2-2 entre Boca Juniors y Benfica en Miami, reflejo del magnetismo que genera la mística xeneize en América Latina.



Este miércoles se espera un lleno total en el Hard Rock Stadium cuando el Real Madrid enfrente al Al-Hilal, lo que volverá a poner a prueba la capacidad de convocatoria de los grandes nombres del Viejo Continente.
El contexto detrás de esta acogida está en las decisiones tomadas desde Zúrich. A pesar de la magnitud del torneo —con una duración de casi un mes, 63 partidos y 12 sedes en Estados Unidos, muchas de ellas estadios de la NFL con aforos por encima de los 65 mil asientos—, la FIFA llegó tarde a su propia fiesta.

La elección de los recintos se confirmó recién a finales de 2024, con acuerdos de alquiler que favorecen a los propietarios de los estadios sin importar la venta de boletos. A ello se suman precios iniciales excesivos —entradas de hasta 349 dólares— que fueron ajustándose con el correr de los días, en algunos casos con promociones que incluyen boletos desde los 20 dólares para estudiantes para ver a Messi en Miami.
Los errores estratégicos también se reflejan en la poca comprensión del torneo por parte del público mundial. El método de clasificación, basado en el rendimiento acumulado de los clubes en sus respectivas confederaciones desde 2021, ha dejado fuera a campeones ligueros recientes como Barcelona, Napoli o Liverpool, imposible de imaginar para la próxima edición de la Champions. La excepción ha sido Brasil, representado por cuatro campeones consecutivos de la Copa Libertadores: Palmeiras, Flamengo, Fluminense y Botafogo.
El torneo, que tiene a DAZN como socio comercial en una operación de mil millones de dólares respaldada parcialmente por capital saudí, también ha sido blanco de críticas por parte de ligas como la Premier y LaLiga, así como del sindicato mundial de jugadores FIFPro, que alerta sobre la sobrecarga del calendario.
La saturación del verano futbolístico en Estados Unidos —con la Copa Oro masculina en curso y giras europeas como la Premier League Summer Series— complica aún más el panorama. Muchos aficionados, conscientes del inminente Mundial 2026 que se jugará con 48 selecciones y 104 partidos en tres países, podrían estar eligiendo ahorrar para ese evento de mayor envergadura.
La FIFA apostó por un torneo “de los mejores contra los mejores”, pero su relato se desdibuja cuando el Bayern le endosó 10 goles al humilde Auckland City. El interés sigue siendo irregular y condicionado por la tradición, la ubicación geográfica y la conexión emocional con ciertos equipos.
𝘼𝘽𝙋𝙁𝙄𝙁𝙁! Wir bezwingen den Auckland City FC zum Auftakt des #FIFACWC mit 10:0! 😍
— FC Bayern München (@FCBayern) June 15, 2025
🌎 90'+5 | #FCBACFC | 10-0 🏆 pic.twitter.com/9SSyzKCluI
La presencia del torneo en Estados Unidos también ha estado acompañada por tensiones fuera del campo. Durante el gobierno de Donald Trump, quien en su momento posó junto a Gianni Infantino en la Casa Blanca para promocionar el Mundial de Clubes, se reforzó un discurso migratorio que aún genera inquietud en parte del público latino.

La presencia de agentes migratorios en algunos estadios —según reportes locales— ha despertado preocupación entre ciertos sectores inmigrantes. Ese tipo de medidas puede disuadir a potenciales asistentes, afectando el ambiente que la FIFA aspira a construir como antesala del Mundial de 2026.
Aún es pronto para dictar sentencia. Con Real Madrid, Bayern, PSG y otros gigantes proyectados hacia las rondas decisivas, la asistencia podría mejorar, los estadios podrían empezar a llenarse y el relato de éxito que FIFA anhela podría salvarse en la recta final.

