A dos semanas de Roland-Garros (del 22 de mayo al 5 de junio), Rafael Nadal y Novak Djokovic hacen una última escala en Roma pensando en el Grand Slam francés.
En más de quince años de dominio en tierra batida, nunca Nadal lanzó tan tarde su temporada en arcilla (sin contar el paréntesis covid-19 de 2020) como este año: el 3 de mayo.
Una lesión en las costillas puso un paréntesis a su formidable inicio de temporada, donde ganó su 21 Grand Slam al vencer en Australia y encadenó veinte victorias en veinte partidos.
“Llegó en mal momento en la temporada”, resumía el balear antes del torneo madrileño.
El mallorquín estuvo un mes parado, retomando la raqueta poco antes de iniciarse el torneo.
El español habría preferido reanudar la competición una semana antes en Estoril (Portugal), en condiciones más propicias: un torneo menos importante y a nivel del mar, donde la bola es más fácil de controlar. “Pero no estaba listo, no podía tomar riesgos”, dijo.
Tres partidos a tres sets más tarde, contra el serbio en forma Miomir Kecmanovic, el belga David Goffin, frente al que superó cuatro.

