Están condenados al fracaso los columnistas de opinión cuyas proyecciones anticipan resultados. Como nunca pierden, si aciertan, salen con el triunfal “lo dije primero”. Y si fallan, que son casi todos y es lo habitual, se despachan con un eficaz “todos somo humanos”.
Luego de ejercer la Comunicación y el Periodismo por varias décadas, reconozco que como vidente de resultados no le pego a una. En unas elecciones presidenciales fui el reportero asignado por La Prensa para cubrir la campaña del candidato oficialista, que era un tren en las encuestas.
El viernes anterior al domingo de elecciones me encontré con Fernando Berguido en la entrada del diario y preguntó serio por el desenlace. “Gana sobrado el oficialismo”, anticipé muy solemne sobre unos resultados que terminaron poniendo lejos del ganador al candidato que anticipé en la puerta del periódico.
En fútbol sucede lo mismo. Siendo redactor de la colombiana Revista Diners publiqué un artículo sobre el desenlace del Mundial en la edición de mayo de 2002. “Francia finalista… Argentina, el otro finalista… Inglaterra en semifinales… Ojo con Portugal… Cuidado con Italia… Alemania nada que ver… Brasil, un fracaso más”, decía palabras más y menos el texto oracular de aquella revista que ni siquiera le pegó al palo en las predicciones.
El vicio no se curó ni siquiera con la madurez ganada con años de periodismo. Panamá debía enfrentar de local a Jamaica y requería los tres puntos para casi asegurar su entrada a Brasil 2016. “Jamaica es pan comido”, empezaba categórica esa nota en la que yo justificaba porqué el encuentro era un mero trámite y que en cambio los isleños podían aprovechar la visita a nuestro país para irse de shopping…
…Nunca mi nombre ni el de mi santa madre han sido tan mencionados en los medios de comunicación. Llovieron correos electrónicos, llegaron a la sala de redacción cartas escritas a mano con palabras que sobre todo al final de las misivas, iban revelando el encono creciente de sus firmantes. Los colegas de la radio escupieron su bilis hacia aquel amargo pan comido.
Por supuesto que está aprendida la lección de adelantar resultados. Lo conseguido en el oficio del periodismo descansa en la investigación rigurosa y el análisis desapasionado de cosas que pasan a diario. En la lectura y en la intención de escribir novelas.
Esta columna semanal aborda todo lo que rodea al fútbol, que precisamente lo es todo. Si hay un catalizador del mundo contemporáneo, y se lo quiere entender en su dimensión precisa, basta con ver el Mundial que se inicia esta semana, en el que está descartada cualquier aproximación fáctica.
Más bien será una Copa hiperconectada y organizada por tres países expertos en organizar torneos deportivos. Así que su calidad es una garantía. Transcurrirá durante 5 semanas en las que la velocidad de los africanos y la de las selecciones con futbolistas afro balancearán la parsimonia de varios equipos de veteranos.
Y, por primera vez, las mujeres narrarán y arbitrarán partidos, y formarán parte de los cuerpos técnicos. ¿Quién sabe si ellas integrarán también los planteles en la cita de 2030? Mejor no especular, la lección está aprendida en el fútbol. Acertar su desenlace nunca será un pan comido.


