Panamá rozó la hazaña, pero terminó pagando caro en el tramo final y cayó 1-0 ante Ghana en su debut en la Copa Mundial 2026, en un partido que dejó sensaciones encontradas para el conjunto dirigido por Thomas Christiansen en el BMO Field de Toronto (Canadá).
La Roja fue protagonista durante largos pasajes del encuentro, con una propuesta atrevida, orden táctico y mayor control del balón, especialmente en la primera mitad, donde registró un 56 % de posesión y generó las ocasiones más claras. Desde el inicio, el equipo panameño mostró personalidad, con un remate temprano de Cecilio Waterman que exigió al portero Zigi, mientras que la defensa, liderada por Jiovany Ramos y José Córdoba, respondió con solvencia ante los intentos aislados del conjunto africano.
El dominio istmeño se fue consolidando con el paso de los minutos. Panamá movió mejor la pelota, acumuló pases y encontró espacios, aunque le faltó precisión en el último toque. La más clara llegó al minuto 40, cuando un error en la salida de Ghana dejó el arco desguarnecido, pero el centro de José Luis Puma Rodríguez no encontró destinatario. Antes, Ramos también había tenido una oportunidad tras una jugada colectiva bien elaborada, pero su remate se fue desviado.
Ghana, por su parte, apostó por la velocidad y el contragolpe, con Antoine Semenyo y Yirenki como principales amenazas. Sin embargo, sus aproximaciones fueron bien contenidas por una defensa panameña que se mostró concentrada y bien posicionada durante gran parte del compromiso.

En la segunda mitad, el partido cambió de ritmo. Ghana adelantó líneas y comenzó a encontrar más espacios, generando peligro en transiciones rápidas. Panamá respondió con ajustes desde el banquillo, incluyendo el ingreso de Ismael Díaz, quien intentó darle mayor profundidad al ataque. La Roja tuvo una ocasión clara al minuto 60 en los pies de Cristian Martínez, pero el remate se marchó fuera.
Con el paso de los minutos, el desgaste físico y las condiciones climáticas —con lluvia intermitente y descenso de la temperatura— comenzaron a influir en el desarrollo del juego. Aun así, Panamá mantuvo la intensidad, empujada también por una afición que prácticamente convirtió el estadio en una extensión del Rommel Fernández, con más de 42,000 aficionados y una mayoría clara apoyando a los canaleros.
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Cuando el empate parecía sellado, llegó el golpe más duro. Al minuto 90+5, Ghana aprovechó una transición rápida tras un avance panameño y encontró espacios en la zaga para que Yirenki definiera y marcara el único gol del partido, silenciando momentáneamente a la afición istmeña.
Panamá no bajó los brazos y, en los últimos instantes, se volcó al ataque. En el minuto 90+9, Kuty Mosquera se sumó al área en busca del empate, generando una última acción que terminó con un cabezazo de Ismael Díaz sin éxito. Fue el reflejo de un equipo que luchó hasta el final, pero que no logró concretar.
El resultado deja a Panamá con sensaciones de frustración por lo mostrado en cancha, pero también con argumentos futbolísticos que invitan a la esperanza. La Roja compitió, dominó por momentos y estuvo cerca de sumar, pero en el Mundial los detalles marcan diferencias, y esta vez el precio fue demasiado alto.


