Pateando la mesa: Atletismo juvenil, la deuda pendiente de los Suramericanos de la Juventud

Panamá cerró los IV Juegos Suramericanos de la Juventud con una de sus actuaciones más amplias en términos de alcance deportivo. La delegación logró subir al podio en 13 de las 22 disciplinas del programa, la mayor cobertura en cualquier edición de este certamen organizado por Odesur. Fueron 29 medallas en total —seis de oro, seis de plata y 17 de bronce— que colocan al país en una dimensión distinta dentro del ciclo juvenil.

El mapa del rendimiento es claro. Karate, lucha, taekwondo y boxeo lideraron la cosecha, confirmando la solidez de los deportes de combate dentro de la estructura deportiva panameña. A eso se sumó un aporte colectivo sin precedentes: fútbol, futsal, béisbol, flag football y baloncesto 3x3 lograron medallas, algo que, para un país como Panamá, no tiene antecedentes en este tipo de competencia.

Sin embargo, en medio de ese crecimiento, quedó una asignatura pendiente que no se puede pasar por alto: el atletismo.

No hubo medallas en pista y campo. Y cuando se habla de atletismo en Panamá, no se habla de cualquier disciplina. Se habla del deporte que ha sostenido históricamente el nombre del país en el escenario olímpico. Se habla de una tradición que tiene referencias claras en Lloyd LaBeach, Irving Saladino y Alonso Edward, y que en el presente sigue teniendo nombres competitivos como Gianna Woodruff, Chamar Chambers y Arturo Deliser.

Por eso la ausencia no puede pasar por alto.

Pero este editorial no apunta a señalar a los atletas. Todo lo contrario. El mensaje para quienes representaron a Panamá en estos Juegos es directo: no se rindan. Esta generación ha tenido que formarse en condiciones que distan de ser las ideales. La falta de infraestructura, la limitada disponibilidad de escenarios y la intermitencia en los procesos han sido parte del entorno.

Competir así no es sencillo. Y aun así, estuvieron allí, en una cita continental, enfrentando a países con estructuras más consolidadas como Ecuador, Colombia y Brasil.

Lo que sí corresponde es poner el foco en lo estructural. Porque el atletismo no es un deporte que se construya a corto plazo. Requiere planificación, continuidad y un ecosistema que incluya instalaciones adecuadas, entrenadores capacitados, seguimiento médico, preparación psicológica y competencia sostenida.

En ese sentido, Panamá empieza a tener señales positivas. La reapertura del Armando Dely Valdés en Colón, el desarrollo del Complejo Deportivo de Penonomé y la pista del Centro de Alto Rendimiento en la capital representan una base que durante mucho tiempo no existió. Es un punto de partida, no una solución inmediata.

Y ahí entra el rol de la Federación Panameña de Atletismo de la mano de Pandeportes y el Comité Olímpico de Panamá. La responsabilidad es clara y no admite matices. Existe una obligación histórica de reconstruir el camino de esta disciplina.

Porque el reto no es únicamente recuperar resultados en el corto plazo. El reto es no perder a esta y la siguiente generación. Detrás de los atletas que compitieron en Panamá 2026 viene otro grupo, incluso más joven, que también necesita condiciones, seguimiento y oportunidades.

El atletismo panameño ya ha demostrado que tiene materia prima. Toca potenciarlo y llevarlo al alto rendimiento de clase mundial.


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