Hace casi un año, en este mismo espacio, hice énfasis en una actuación que merecía ser reconocida y, sobre todo, valorada en su justa dimensión.
Panamá fue tercera en los Juegos Centroamericanos Guatemala 2025, con 57 medallas de oro, 55 de plata y 68 de bronce, para un total de 180 preseas.
Desempeño histórico porque Panamá volvía a subir al podio general de unos Juegos Centroamericanos después de más de medio siglo.
Y resulta que no es casualidad porque Santo Domingo 2026 lo acaba de confirmar.
Panamá superó ya su producción de oro de Veracruz 2014, cuando consiguió una medalla dorada y siete preseas en total. También dejó atrás las tres de oro y 13 medallas de Barranquilla 2018. Y superó las cinco doradas y 23 totales de San Salvador 2023.
Y aquí hago una pausa para separar los Juegos Centroamericanos donde compiten 7 países y los Juegos Centroamericanos y del Caribe con 37 naciones con algunas de las principales potencias deportivas de la región, como Cuba, México, Colombia y Venezuela.
Lo conseguido estas dos semanas por Panamá no tiene comparativas en 67 años.
Para encontrar una actuación panameña con siete medallas de oro en estos Juegos hay que regresar hasta Caracas 1959.
Otro dato todavía más poderoso: la última vez que Panamá consiguió 23 o más medallas en ediciones consecutivas de estos Juegos fue entre Panamá 1970 y Santo Domingo 1974.
Además, 1974 había sido la última edición en la que Panamá terminó dentro de los diez mejores países del medallero.
La primera alegría dorada llegó con nuestra abanderada, Némesis Candelo, en el judo.
Después apareció Ashley Castillo en el ajedrez. Gianna Woodruff volvió a demostrar su jerarquía con el oro en los 400 metros con vallas. Alyiah Lide, con apenas 17 años, consiguió dos títulos en la gimnasia artística. Y Jhonnatan Mora abrió una página completamente nueva al convertirse en el primer panameño en ganar una medalla de oro en eSports en la historia de estos Juegos.
Son nombres, disciplinas y caminos diferentes, pero todos tienen algo en común: representan la capacidad de Panamá para competir.
Y también hay que detenerse en las tres medallas de plata de Emily Santos en la natación. Una actuación que merece una mención especial por su consistencia y que confirma que el talento panameño puede aparecer en distintos escenarios y no solamente en las disciplinas que históricamente nos han dado alegrías.
También resulta significativo ver a atletas que ya habían sido campeonas de estos Juegos volver a subir al podio. Vicky Huertematte consiguió esta vez una medalla de plata, mientras Kristine Jiménez sumó un bronce.
No puedo dejar por fuera los deportes por equipos: gimnasia artística, béisbol, softbol y fútbol. Queda pendiente que el baloncesto se ponga las pilas y en lo individual al boxeo. Deportes que por tradición tiene que destacar en este tipo de justas.
Al final, fueron más de 20 medallas en más de una docena de disciplinas y varios boletos asegurados para los Juegos Panamericanos de Lima 2027 hablan de una delegación que ha encontrado resultados en diferentes caminos.
Y aquí es donde este editorial quiere repetir un mensaje porque hace apenas dos semanas expresábamos en este espacio nuestro malestar por la decisión de declinar la organización de los Juegos Panamericanos Junior de 2029.
Lo decíamos entonces y lo repetimos ahora: estos eventos, junto con los Juegos Suramericanos de la Juventud —que Panamá ya organizó en el abril pasado son auténticos semilleros para que nuestros jóvenes atletas puedan desarrollarse y llegar preparados a los grandes escenarios de un ciclo olímpico

