Pateando la mesa: Un país que se reconoce en sus jóvenes

El arranque de los IV Juegos Suramericanos de la Juventud confirma algo que en Panamá suele debatirse más de la cuenta: el país sí está en capacidad de organizar, recibir y proyectarse ante la región.

En apenas 12 meses, el país logró reacondicionar escenarios, adaptar espacios no convencionales como el Centro de Convenciones de Amador o el Mirador del Pacífico para la práctica deportiva, y levantar una ceremonia inaugural que no solo cumplió con el protocolo, sino que también sirvió como vitrina cultural. Hubo una intención clara de mostrarnos como somos: música, identidad y diversidad en un mismo escenario. Magnífico.

Pero el verdadero valor de estos Juegos no está únicamente en la logística ni en la ejecución. Está en lo que ocurre más allá del espectáculo. Durante dos semanas, una generación de jóvenes panameños establecerá una conexión directa con el deporte. Algunos ya están dentro del sistema competitivo; otros apenas están mirando, descubriendo. Y en ese acto de observar, de identificarse con quienes llevan el uniforme nacional, puede comenzar una historia.

El deporte funciona así: primero inspira, luego forma.

Por eso, el rol del público no es secundario. Al contrario. Al panameño le corresponde llenar gradas, acompañar, empujar. No solo a los locales, sino también a los atletas de los otros 14 países que hoy pisan este istmo. Hacerlos sentir bienvenidos también forma parte de la experiencia que estos Juegos buscan construir.

En esa línea, las palabras de Kirsty Coventry no son casuales:“Han creado un maravilloso escenario para que los jóvenes atletas brillen. Por eso estoy segura de que estos Juegos serán mucho más que una competición. Los llevarán a las personas, mostrarán lo mejor de Panamá y serán una celebración de la juventud y de la energía y la ambición de todo el continente”.

Esa es la aspiración. Ahora bien, tampoco se puede ignorar el componente competitivo. Panamá viene de ocupar la décima posición entre 15 países en la edición anterior. Ese resultado debe mejorar. No como una presión vacía, sino como consecuencia natural de un proceso que hoy tiene más herramientas: mayor participación —en los 23 deportes del programa— implica más oportunidades reales de medalla.

Además, el contexto importa. El país está en carrera por albergar los Juegos Panamericanos Junior de 2029. Esta experiencia funciona, en la práctica, como una carta de presentación. Lo organizativo suma, pero lo deportivo también construye credibilidad.

Desde el plano económico, el análisis es más frío. Si el impacto logra equiparar la inversión —alrededor de 30 millones de dólares— ya sería un resultado positivo. Más aún considerando que cerca del 66% de ese monto se destinó a infraestructura y equipamiento que permanecerá en el país. Es decir, más allá del evento, hay una base instalada que beneficia directamente al desarrollo deportivo nacional. Si la proyección de triplicar ese impacto se cumple, el balance será aún más favorable.

Pero hay algo que trasciende números y resultados.

La imagen de Antón, la rana dorada, encabezando a 246 jóvenes panameños menores de 18 años en el desfile inaugural, sintetiza el sentido de estos Juegos. Son ellos —no las cifras ni los discursos— el centro de todo. Son quienes competirán, pero también quienes construirán vínculos, entenderán el alto rendimiento y, en muchos casos, definirán si su camino en el deporte continúa.

Panamá no es ajeno a las historias improbables. Ahí están referentes como Alonso Edward, finalista mundial con apenas 19 años; Kristine Jiménez, múltiple medallista continental; y las figuras olímpicas de Irving Saladino y Atheyna Bylon, que alcanzaron el oro en Beijing 2008 y París 2024.

Ellos son evidencia de que, incluso con limitaciones, el país ha sido capaz de producir talento de alto nivel.

Que esos mismos nombres hayan sido parte del recorrido final de la antorcha no es un gesto simbólico menor. Es un mensaje directo: no hay imposibles. Y entre esos 246 jóvenes que hoy comienzan a competir, bien podría estar el próximo medallista olímpico de Panamá.

Los Juegos ya comenzaron. Ahora le toca al país estar a la altura de sus propios atletas.


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