Nuestro técnico de la Selección Panamá es un caballero de hidalga figura, una especie de legionario llegado de alguna civilización extinta. Su cruzada se inició en la localidad danesa de Hadsund —donde él nació hace 53 años—, situada en la parte baja de un fiordo que señorea alguno de esos mares imperturbables e impronunciables de Escandinavia. Sabiendo el origen de Thomas Christiansen es que uno va entendiendo porqué nada lo despeluca.
Aunque se desconoce el lugar preciso de España que anidó a la madre de nuestro entrenador, es deducible qué él lleva en la sangre el jaleo de la madre patria, que es parecido a la ponchera panameña.
Y por último, su invariable estilo inglés lo habría asimilado siendo futbolista de la liga española en la década de 1990, cuando las estrellas de los torneos europeos atendían las ruedas prensa vestidos de Armani, y el aroma de sus lociones casi podía olerse al otro lado de la pantalla.
La Selección Panamá debuta esta semana ante Ghana y nuestro hidalgo caballero parado sobre la línea de la cancha brindará otra lección sobre la gestión con aplomo de un episodio de adrenalina, tal cual sucede en un encuentro mundialista.
Millones de televidentes sabrán entonces que el estratega de Panamá es un lord. Pero Christiansen no es un lord cualquiera: además de dirigir a 26 panameños, inspira a toda una nación. A hombres y a mujeres por igual.

Porque desde el nombramiento de Thomás Christiansen como entrenador de la Selección en julio de 2020, los panameños empezamos a asumir como propio un estilo ajeno. Los hombres vamos aprendiendo que para estar fit poco importan los años, así sea en los 50. Ocurre lo mismo con las conversaciones difíciles, en las que sobran las palabras gruesas.
Un magnífico reportaje del periodista Gay Talese sobre Frank Sinatra dice que en la mejor época del cantante todo lo que él hiciera dentro y fuera de los escenarios, era un mensaje de aliento dirigido al resto de los estadounidenses. Si podía Sinatra, ellos también. Y si Christiansen puede, nosotros lo mismo.
Muchas fanáticas están felices con nuestro caballero hidalgo, por varias razones obvias. Y personas jóvenes y niños lo aprecian por sus modales de lord.
El contraste es enorme con su antecesor, Hernán Darío “El Bolillo” Gómez, uno de los colombiano más queridos en tierras panameñas. Pero resulta que El Bolillo es un producto típicamente latinoamericano, con el mérito de imprimirle a Panamá la confianza justa para clasificar a su primer Mundial.
Al contrario de Christiansen, que al final de los partidos el país reflexiona en torno a lo sucedido en la cancha, Hernán Darío rugía en las ruedas de prensa, por sí solas mantenían los ratings de audiencia. Eran un encuentro aparte con los periodistas.
El colombiano le enseñó a Panamá cómo llegar lejos, y el danés se paró sobre esa confianza para decirle al país que no hay que llegar primero, porque también importa saber llegar.
Cisnes, gansos y patos se topan en Hadsund con las miríadas de aves migratorias que hacen escala. El ruido lo cubre todo, menos la tranquilidad de los pobladores. Son unos 5,000 daneses, entre ellos Christiansen, la fuerza serena al mando de nuestra Selección.

