Hay historias que no se anuncian cuando comienzan, pero que con el paso del tiempo se convierten en capítulos imborrables. La de Thomas Christiansen con la selección de Panamá podría estar escribiendo su último episodio este miércoles en el estadio Rommel Fernández.

Cuando el balón ruede a las 7:45 p.m., no solo será un partido amistoso ante República Dominicana. Podría ser la despedida de un proceso que inició en 2020, en silencio, con trabajo y convicción, y que con el tiempo transformó a la selección en un equipo competitivo, respetado y con identidad.

Aquel inicio tuvo un guiño especial del destino: dos victorias como visitante frente a Costa Rica marcaron el primer paso de un camino que hoy suma 88 partidos al frente de La Roja. Un recorrido que no solo se mide en números, sino también en evolución, en carácter y en sueños cumplidos.
Con Christiansen, Panamá volvió a creer. Alcanzó la final de la Copa Oro 2023, disputó la final de la Liga de Naciones 2025 y dio un paso histórico al clasificar por primera vez en la fase de grupos de la Copa América 2024, donde firmó triunfos memorables ante Estados Unidos y Bolivia.

Pero si hay un logro que define este ciclo es la clasificación al Mundial de 2026. Panamá lo consiguió de manera invicta y como líder de su grupo, superando a rivales como Surinam, Guatemala y El Salvador y asegurando así su segunda participación en una Copa del Mundo.

Más allá de los resultados, Christiansen construyó algo más profundo: un grupo con identidad, con hambre y con la convicción de competir ante cualquiera.
Su contrato finaliza tras la Copa del Mundo y, hasta ahora, su futuro sigue siendo una incógnita. Por eso, el partido en el Rommel podría tener un significado especial, cargado de nostalgia, gratitud y emociones contenidas.
Porque a veces el fútbol no avisa cuándo es la última vez. Y este miércoles, entre aplausos, miradas y recuerdos, Panamá podría estar viendo por última vez a Thomas Christiansen dirigiendo desde la banda en casa.

