Lo que más me inquietaba antes del partido contra Ghana, era que en medio de toda esa euforia que se había creado, se fuera a dar un resultado como el de este miércoles en Toronto, pero jamás de la manera como sucedió, que tampoco es ninguna sorpresa, porque en Panamá ya estamos curtidos con este tipo de finales. No es la primera vez.
Al aficionado se lo había preparado y también él mismo se había hecho a la idea de que Panamá iba a salir con la victoria en su primer partido del grupo L, que más que un debut, parecía a un partido de una final, porque la euforia fue total. El ambiente que se había preparado era como para una victoria, sin importar mucho el rival y sin medir las consecuencias en caso de una derrota. Claro, la manera cómo se perdió saca de casillas al más paciente de los pacientes, en un deporte tan apasionado donde la Copa del Mundo es el climax de todo jugador y del mismo fanático.
Lamentablemente, en este tipo de desenlaces, los que en la víspera veneraban, enaltecían, exaltaban, elogiaban y hablaban maravillas de sus jugadores y de su entrenador, terminaron maldiciéndolos con toda una serie de epítetos malsanos producto de la rabia y de la decepción.
Ya en lo deportivo, en el plano personal, me gustó la selección, sobre todo la del primer tiempo. Mientras veía a los jugadores desempeñarse sin complejos, me decía que así se juegan los Mundiales, con garra, entrega, yendo al ataque, defendiendo bien, encimando. Maravillado por lo que veía de Ramos y compañía. Sin embargo, siempre queda la duda cuando termina un primer tiempo, porque en una Copa del Mundo, cada tiempo es como un partido nuevo.
En el intermedio me quedó la sensación de que Panamá le había pasado por encima de Ghana, que antes había estado en cuatro Copas del Mundo con 15 partidos jugados, 5 victorias, 3 empates y 7 derrotas. No era ningún pintado en la pared. Hablando en términos boxísticos, se lo había puesto mal, pero nunca se le había dado un golpe de gracia.
El segundo tiempo fue diferente, a pesar de Panamá mantuvo el mismo ímpetu, Ghana se fue despertando, pero sin ser nada del otro mundo, pero su físico era mejor que el de los nuestros. Cuando llegó un momento en que Ghana acosó bastante, nos salvó el llamado a hidratación.
Por más que uno haga conjeturas de lo que fue o no sucedió, me parece que la selección apostaba a los tres puntos, porque en su interior tenían la sensación de que se podía. El problema con este tipo de partidos, es que para ganarlo tienes que tener consistencia, mantener la fuerza, la garra, el orden y la concentración.
Tal vez el pecado que yo vi en la selección, volvieron a hablar en términos boxísticos, es que en los últimos minutos los nuestros se quisieron ir a golpes con los africanos, que se veían más fuertes. Se les perdió el respeto a pesar de su historia en el torneo y siempre se intentó hacerle daño, pero sin poder darle el golpe certero, fallando mucho de lo que se le tiró, ellos se defendieron e intentaron sorprender con sus esporádicas salidas, hasta que en una de ellas dieron un solo un golpe que fue suficiente para apagar cualquier esperanza de los panameños.
Si bien, la ambición de Christiansen y sus jugadores era hacer historia con una victoria, en la cancha se veía que no había manera de conseguirla, porque su rival ya no era el del primer tiempo. No se reguló el ritmo, para ir por lo menos por un empate, que para un primerizo como Panamá hubiera sido un punto de oro.
Miremos, en Centroamérica, solo Costa Rica ha ganado partidos en seis Mundiales, mientras que Honduras en sus tres participaciones, solo ha empatado tres veces y ha perdido seis juegos, El Salvador no ha marcado ningún punto en sus seis partidos de dos Copas del Mundo. Canadá, recién, vino a conseguir su primer punto en tres Mundiales con el 1-1 ante Bosnia y Herzegovina.
No es fácil ganar en una Copa del Mundo y siempre se hace hasta difícil sacar un empate, así Cabo Verde lo haya hecho ver fácil ante España o República del Congo, también lo haya hecho ver así cuando sorprendido a Portugal con un empate a un gol, en esta Copa de Mundo 2026.
Pero al final, ese ímpetu con el que se ha manejado la selección en la era del entrenador danés, lo volvió a traicionar. Se juega bonito afuera del área chica del rival, donde no se hace daño, y en las pocas ocasiones que tienen, no son contundentes, porque no se generan llegadas claras.
En la jugada que antecedió a la barrida suicida de Córdoba, cuando el balón estaba en el medio de campo, Díaz, que había entrado en el segundo tiempo, pierde el balón y no lo pelea, se queda caminando mientras deja al ghanés que se vaya yendo sin exigirlo, mientras algunos a su alrededor se veían agotados, de esa desatención se gestó el último pase al que no pudo llegar Córdoba, para luego terminarse con la jugada del único gol del partido.
Históricamente, al jugador panameño le ha faltado jerarquía en los momentos cruciales. Contra este Ghana, que no fue el equipo de otros mundiales, se dejaron llevar de la ilusión de una primera victoria. Claro que se le pudo haber anotado un gol en el primer tiempo, cuando se lo tuvo contra las cuerdas, pero no hubo fuerzas. Ta vez el resultado sea engañoso o injusto, por la manera como se dio el partido, pero el fútbol no es de merecimientos. Panamá tuvo un error y con el perdió, Ghana tuvo una oportunidad y con ella ganó. Así es el Mundial.
El resultado nos vuelve a dejar con los lamentos de siempre, “casi”, “fuimos mejores”, “fue injusto” y “no merecimos perder”, esta vez en el marco de una Copa del Mundo donde Panamá tuvo su grupo de la muerte.
Todavía quedan dos encuentros que habrá que afrontarlo con más inteligencia, pasando la página y pensando en las cosas positivas que dejó este primer partido.
Esto es una Copa del Mundo, diferente al resto, de la que todavía hay que aprender, sobre todo para un país pequeño y todavía inocente como el nuestro en esto de los Mundiales.
Por todo lo que se manejó en este primer choque, me parece que este encuentro contra Ghana resultó siendo un partido trampa.

