América Latina y el Caribe (ALC) tienen el potencial suficiente para producir los alimentos básicos de la región y de 169 millones de habitantes en otras regiones del planeta, pero se requiere de una transformación en el campo para lograr una agricultura sostenible.
Esta transformación implica reducir el uso de agua fresca en las actividades relacionadas a la agricultura, disminuir los gases de efecto invernadero y apostar por una nueva economía agroalimentaria resiliente al cambio climático.
“Vivimos en una época en que la agricultura está presionada a realizar una nueva gran transformación. No es solo que los avances científicos permitan una nueva transformación, es que los grandes dilemas de nuestras sociedades y de nuestro planeta, demandan una nueva revolución en la agricultura. El poder lograrlo es un asunto instrumental, el deber hacerlo es un asunto político y sobre todo, ético”, manifestó Julio Berdegué, representante regional de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés).
La transformación de la agricultura que nos corresponde realizar es una que se haga cargo del hecho lacerante de que hoy, en pleno siglo XXI, casi la mitad de la población rural de América Latina y el Caribe vive en condición de pobreza rural y que uno de cada cinco habitantes rurales vive en pobreza extrema, dijo el representante de FAO, durante la apertura de la Semana de la Agricultura y la Alimentación: Desafíos futuros para América Latina y el Caribe, en Buenos Aires, Argentina.
Este gran foro regional ha reunido a más de mil personas para impulsar la seguridad alimentaria en la región, el desarrollo agrícola y rural, la innovación tecnológica en el campo.
“La nueva agricultura debe asentarse en una nueva relación con la naturaleza. En ALC casi el 50% de las tierras agrícolas están afectadas en algún grado por la erosión del suelo superficial, y entre un 15% y un 25%, dependiendo de la subregión, tienen niveles severos de erosión".
Berdegué aboga por una agricultura más eficiente y más competitiva, que contribuya al crecimiento económico que es indispensable para tener más bienestar y más oportunidades para toda la población.
El diálogo en esta Semana de la Agricultura y la Alimentación, por tanto, no es solo sobre la transformación que es posible, sino sobre aquella que es deseable, dijo Berdegué.
