La pobreza es un fenómeno estructural que caracteriza a Latinoamérica. En su informe “Panorama Social de América Latina 2014”, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) lanza esta filosa conclusión y advierte de que el descenso de la pobreza total se ha estancado en los últimos tres años: afecta al 28% de los 623.4 millones de latinoamericanos.
Dicho de otra manera, 167 millones de personas viven con menos de $4 al día.
La pobreza extrema, por su parte, se mantiene en 12% en 2014, pero “aumenta levemente la cantidad total de personas en esta situación”, señala Cepal. Como país latino que es, y a pesar de que en la última década el promedio anual de crecimiento económico se ubicó en torno al 8%, Panamá no escapa a esta realidad. Para la Cepal, 896 mil 448 panameños —o el 23.2% de la población— es pobre. El índice cayó casi siete puntos porcentuales de 2006 (29.9%) a 2013 —último registro—.
Por su parte, para el Banco Mundial (BM) la pobreza en Panamá en 2006 era de 38.3% y que en 2013 cayó a 25.8% (ver tabla).
El organismo reconoce que los avances de Panamá para reducir la pobreza y aumentar la clase media se comparan de forma positiva con respecto al resto de la región.
Mario Gandásegui
Sociólogo
No obstante, la desigualdad sigue siendo notable y también existen diferencias importantes en los niveles de pobreza en las zonas urbanas y en las zonas rurales, como señala Anabela Abreu, representante del Banco Mundial para Panamá. “Además, persiste el desafío de la pobreza en territorios indígenas. Por ejemplo, la comarca Ngäbe Buglé registra una tasa de pobreza del 93%, mientras que la tasa de extrema pobreza es de 80%”.
A la reducción de la pobreza en los últimos años han contribuido el crecimiento económico y la asignación de subsidios a la población más vulnerable. Abreu defiende que el programa Red de Oportunidades ha tenido un impacto positivo, ya que ha impulsado un aumento de 10.2 puntos porcentuales de matrícula escolar de niños entre 12 y 15 años que viven en zonas rurales.
Empero, apostar por este tipo de programas para resolver el problema puede ser un arma de doble filo.
Para el sociólogo Mario Gandásegui, los subsidios no son más que una medida paliativa que no contribuye a reducir la pobreza en el país. Advierte de que “si mañana suspenden uno de esos programas, caen 100 mil personas bajo la línea de pobreza. Eso no es una política, es simplemente un programa”.
Sin incluir el aumento que se dio al programa la Beca Universal y 120 a los 65, el Estado presupuestó para 2014 casi $1,600 millones en subsidios.
LA METODOLOGÍA
Las cifras sobre la incidencia de la pobreza varían dependiendo de la entidad o del informe que se consulte. Varios expertos coinciden en que el método de medición de la pobreza no refleja la realidad. De hecho, la maquilla.
Tanto la Cepal como el BM elaboran sus cifras de pobreza basados en el ingreso monetario per cápita. “Cuando uno va al mercado a adquirir bienes y servicios la situación evidencia que el ingreso que usted tiene no le alcanza para satisfacer sus necesidades fundamentales de vida. Metodológicamente, hay una tendencia a cambiar las formas de la medición de la pobreza. Eso ha señalado que en los últimos tiempos en diversos países parece que tiende a reducirse en términos cuantitativos. En la práctica no es así”, analiza la economista Maribel Gordón.
Según ella, con el crecimiento económico que ha registrado Panamá en los últimos años “no debería existir un nivel de pobreza mayor al 10%”. Más adelante diría que, incluso, no debería haber pobreza alguna.
De acuerdo con el BM, el producto interno bruto (PIB) de Panamá en 2005 era de $15,464 millones. Al cierre de 2013 la cifra sería de $42,648 millones (+175.7%).
“La política pública es una equivocada, porque no está dirigida a resolver las causas de la pobreza. En el mejor de los casos, se atienden algunos efectos de la pobreza, pero no la causa”, agrega la licenciada.
Por su parte, el economista y exdirector de la Caja de Seguro Social, Juan Jované, destaca que la forma moderna de medir este fenómeno “es entendiendo que la pobreza es multifacética”.
“Cepal sigue usando el método de ingresos, y ese no mide cosas que son importantes. (...) Las líneas de ingreso ya no son el mecanismo más adecuado para medir situaciones de pobreza. Los más adecuados son los que marcan con distintos indicadores dónde la persona tiene acceso y dónde no tiene. El ingreso sería solo un elemento”, explica.
Ambos economistas coinciden en que para resolver el problema de la pobreza —o para elaborar el índice— implicaría atender temas concretos y vinculados, como: nivel de salarios; distribución de la riqueza; seguridad y soberanía alimentaria; salud y educación.
Dice Jované que una persona puede tener un ingreso relativamente bueno, pero el hecho de no tener acceso a medicamentos, salud o educación también son signos de pobreza: “La visión multidimensional de la pobreza te permite saber dónde tienes que actuar, y eso no se está haciendo”.
Una manera de comenzar a atacar el problema de la pobreza de raíz sería garantizar seguridad alimentaria, educación y salud para la población, y así permitir a las personas encontrar empleos decentes que las ayuden a desarrollarse de manera independiente.
Un plan nacional de desarrollo que potencie la productividad y genere empleos sostenibles, como propone Gandásegui, contribuiría a eliminar esa estadística letal que refleja que mueren de hambre dos personas por semana en el segundo país más competitivo de la rica y pobre América Latina.

