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Acercándose a la Meta

La reciente publicación por parte del Departamento del Trabajo de los Estados Unidos de la lectura mensual de la inflación es motivo razonable para el optimismo.

Tocando ya 3% anualizado en junio, esta lectura representa una mejora sustancial en un punto de data básica que es pieza esencial para la comprensión y valoración de las realidades de la economía mundial y, de forma más sugerente, de sus perspectivas inmediatas.

Aunque el fenómeno inflacionario está lejos de ser un hecho controlado en los Estados Unidos, este 3% ya se siente muy lejos de aquellas cifras que, en su peor momento, y después de las atroces distorsiones económicas creadas por las medidas para contener al virus, coquetearon con los dos dígitos porcentuales por primera vez en décadas y es, en no poca medida, una justa reivindicación, cuando menos temporal, de los méritos de la épica campaña de alza de tasas que, desde marzo 2022, lidera Jerome Powell al frente de la Reserva Federal.

Sin embargo, la champaña es mejor mantenerla refrigerada. En todo caso, si alguien por vocación y oficio debe mantenerse sobrio ese es el banquero central. En la economía, y a diferencia de las matemáticas básicas, las distancias en la recta numérica no son necesariamente equivalentes.

El trecho de camino que resta para alcanzar el 2% en la tasa de inflación a largo plazo que el ente monetario estadounidense se ha autoimpuesto como meta puede ser relativamente largo, complejo y nada asegura que se aproxime a la línea recta con la que, empecinados, tantos de nosotros tratamos de simplificar, a veces de forma infantil, los fenómenos socioeconómicos.

Por otra parte, la campaña de encarecimiento de crédito ha tenido un costo en términos de crecimiento económico que aún es temprano para valorar con la debida seriedad, más allá de los superficiales y sesgados titulares de lo peor de la prensa especializada y de la que no lo es tanto.

El eterno debate sobre la velocidad relativa de los indicadores sigue tan vigente como siempre.

Lo que queda claro es que la Reserva Federal tiene en su constitución la suficiente introspección e integridad institucional para enfrentarse a estas realidades con las precauciones debidas.

Por los momentos se pronostican, si los parámetros del juego no cambian (y el cambio es el día a día del economista), un par de aumentos adicionales en la Tasa de Fondos Federales en lo que resta del año. Interesante ver cómo se desenvuelve tan humano e histórico drama en la segunda mitad de un año al que no le han faltado sorpresas.


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