Hasta el momento, el entorno económico del 2023 transcurre entre dos escenarios: uno de recesión que pondría fin a un largo ciclo expansionista, con fuerte impacto en el empleo, consumo e inversión y otro escenario, el de un suave aterrizaje en el crecimiento económico, que disminuiría la demanda, pero sin generar mayores sobresaltos en las principales variables macroeconómicas.
Como base para decantarse por uno estos escenarios, se tiene la proyección del crecimiento económico mundial que elaboró el FMI en octubre y que estima el mismo en 2.7%, evidenciando una disminución de 0.5% con relación al crecimiento de 2022. Caída que se originaría por la reducción en la actividad en las economías más desarrolladas, las cuales pasarían de crecer 2.4% en el 2022 a 1.1% en el 2023, con crecimientos negativos en Alemania e Italia, mientras que las economías de mercados emergentes y en desarrollo crecerían a la misma tasa: 3.7%.
Con estos datos y a luz de indicadores publicados recientemente con mejores resultados, el escenario de recesión tiene menos probabilidad. Sin embargo, algunos analistas consideran que la única forma de alcanzar el objetivo de inflación de 2.0% trazado por la FED, sería un fuerte recorte en el mercado laboral que disminuya considerablemente la demanda en Estados Unidos provocando una recesión mundial.
Mientras que el escenario de aterrizaje suave, que tiene una mayor probabilidad de ocurrencia, no escapa de un ciclo bajista, pues, a pesar del cierto control de la inflación, ésta aún es alta y con el reingreso pleno de China al comercio mundial, tras la eliminación de la política de Covid cero, la presión inflacionaria puede mantenerse, generando que el costo de fondos se mantenga alto, provocando que el crecimiento económico sea débil.
¿Qué podría esperarse en el mercado bajo este escenario?
Según los analistas, moderado los niveles de inflación, las tasas de interés también se moderarían, de esta manera la renta fija tendría una recuperación, especialmente en los bonos de mejor calidad crediticia y ubicándose en duraciones de 2 y 3 años, para aumentar la rentabilidad, especialmente si se da una disminución en las tasas de interés a finales del 2024.
En renta variable, los analistas consideran que tendrán mayor apreciación las acciones de mercados desarrollados, ya que la prima por riesgo aún seguiría siendo alta para compensar el rendimiento de las de mercado emergente. Dos sectores que podría posesionarse mejor en esta etapa del ciclo sería el de energía, especialmente renovables y el de bancos, ya que, si pueden ajustarse a la preservación de los márgenes, el retorno para los inversionistas puede ser atractivo, igualmente, dado los niveles de capitalización de los principales bancos, el riesgo en una etapa bajista es bastante controlado.
En cuanto a tipo de acciones, la apuesta en este escenario de ciclo bajo y tasas de interés alta, sería de empresas de pago de dividendos. Por último, por segmento, en esta etapa del ciclo las marcas de alta gama o de lujo, serían más resilientes.
El autor es financista.
