REDACCIÓN INTERNACIONAL. (AFP).- El nuevo año pinta mal para Michael Tate: sin un acuerdo en el Congreso estadounidense, este veterano de Vietnam puede verse privado del subsidio de desempleo dentro de dos semanas y caer así en la pobreza extrema.
"Tengo que pagar un alquiler. Será crítico si no encuentro un trabajo. No quiero volver a la calle", clama este cincuentón a la salida de una oficina de empleo en Washington.
La misma espada de Damocles pende sobre millones de estadounidenses desde que se interrumpiera un programa de emergencia que ampliaba el plazo del subsidio de desempleo hasta 78 semanas, contra 26 en tiempos normales para atenuar el impacto de la crisis económica.
A falta de acuerdo entre legisladores demócratas y republicanos, esa ampliación, aprobada en 2008 por la administración Bush, concluyó el sábado último con efecto inmediato: 1,3 millón de desempleados también perdieron su seguro de desempleo.Y esto no será más que el comienzo.
La Casa Blanca afirmó que otros 3,6 millones de desocupados perderán a su vez la ayuda federal antes de fines de 2014.
Esto "no tiene sentido desde el punto de vista económico" y "es contrario a nuestros valores", afirmó la semana última el principal asesor económico del presidente Barack Obama, Gene Sperling.
Al reducir los ingresos de los desempleados, el fin de estas ayudas podrían debilitar la demanda en el país y hacer caer el Producto Interior Bruto (PIB) de Estados Unidos entre 0,2 y 0,4 punto porcentual en 2014, según estimaciones de la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO).
La administración Obama hizo sus propios cálculos: esa caída de la actividad podría traducirse en la pérdida de 240 mil empleos este año, según un informe aparecido en diciembre.
