El ritmo de crecimiento de América Latina y el Caribe para este y los próximos años será bajo, de apenas 1.4% en 2023 y 2.4% en 2024 y 2025, según los cálculos del Banco Mundial. Un desempeño insuficiente para aliviar la pobreza, reducir las tensiones sociales y fortalecer la inclusión. Así lo manifestó William Maloney, economista jefe para América Latina y el Caribe del Banco Mundial, en una conversación con La Prensa en la sede del organismo internacional en Washington, Estados Unidos.
Recuperadas las economías del impacto de la pandemia, el ritmo débil de crecimiento no se interpreta como una consecuencia de la crisis sanitaria, sino como un reflejo de las deficiencias estructurales que sigue arrastrando la región, unido a fenómenos como la inflación y las subidas de tasas de interés.
Entre los factores estructurales que afectan al crecimiento está una baja inversión en infraestructuras, equivalente a alrededor del 3.5% del producto interno bruto (PIB) de la región, mientras que en Asia la inversión equivale al 7% del PIB.
De la mano de la escasa inversión en infraestructuras están los obstáculos para el comercio regional. Maloney dijo que cruzar fronteras en la región es alrededor de cuatro veces más costoso en términos de tiempo y dinero que en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
Otro desafío común para los países de la región es mejorar la educación. “Más del 35% de nuestros empresarios de la región dicen que no pueden expandirse por falta de mano de obra calificada”, sostuvo el economista, que destaca la carencia de trabajadores tanto a nivel técnico como ingenieros, así como una desconexión entre las universidades y el sector privado, que limita el traslado del talento hacia las empresas.
Además de apuntalar el capital humano, Maloney también identifica retos en los sistemas nacionales de innovación para acelerar la adopción de nuevas tecnologías y aprovecharlas para impulsar las exportaciones y la expansión de las empresas.

Una de las grandes oportunidades que puede aprovechar América Latina tiene que ver con la relocalización de las cadenas de suministro, fenómeno conocido como nearshoring, y que supone el acercamiento de las plantas de producción a los centros de consumo. América Latina está en una posición privilegiada para atender al mercado estadounidense, aunque hay retos en los que deben trabajar los países de la región para ser más atractivos a la inversión.
Maloney señala que en términos de costos laborales la región está bien posicionada para captar inversión, pero cuando se consideran otro tipo de costos, como los impuestos o el crédito, el costo primario sube en términos generales. Además, si se añaden los costos secundarios, como la falta de infraestructura, las dificultades para conseguir mano de obra calificada, la mayor incertidumbre y la violencia, todo eso hace que “el costo de operar en los países de América Latina esté por encima de Canadá o de Corea”, dijo el economista.
Inflación y tasas de interés
Después de superar la pandemia, la realidad macroeconómica internacional ha estado marcada por el aumento de los precios y la respuesta de los gobiernos para contenerlos, teniendo en cuenta sus efectos nocivos para las economías. Maloney dijo en este sentido que la inflación afecta a las familias vulnerables porque el aumento del costo de alimentación y combustible tiene un mayor impacto en las familias de bajos ingresos.
La respuesta de los bancos centrales fue la subida de las tasas de interés, que en el caso de Estados Unidos fue particularmente agresiva. Maloney recordó que América Latina, que tiene una historia conocida de procesos inflacionarios, empezó antes con la subida de tasas de interés y ya está viendo los resultados con la moderación de los precios.
El efecto secundario de la subida de tasas de interés es una reducción en el crecimiento económico, al verse ralentizado el crédito por ser más costoso. Esto tiene un doble efecto: internamente las economías se mueven más despacio y las fuentes de ingresos que vienen del exterior, como inversiones, exportaciones o remesas también se ven afectadas por las subidas de tasas en las grandes economías del mundo.
El encarecimiento del precio del dinero se produce cuando los niveles de endeudamiento de los países son elevados tras varios años de estímulo para reflotar las economías después del impacto de la pandemia. Esto hace que haya menor capacidad de gasto público para impulsar el crecimiento y resolver las necesidades de las poblaciones.
Maloney reconoció que en la pandemia se produjo un gasto adicional, principalmente para ayudar a las familias, y que eso ha reducido el espacio fiscal, es decir, la capacidad para seguir gastando. En ese sentido, dijo que los países pueden hacer esfuerzos para generar mayores ingresos y también para controlar el gasto público.

“Estimamos que la región en promedio podría ahorrar más o menos 4% del PIB en términos de reformas a la forma en que gastamos”. Se refirió, en concreto, a mejorar las transferencias, como por ejemplo el subsidio al combustible; el manejo de los recursos humanos dentro del gobierno; y los procesos de compras.
Desde el punto de vista político, la región ha vivido en los últimos años varios episodios de inestabilidad, siendo el más reciente el caso de Ecuador. Maloney dijo que la inestabilidad ha costado mucho a la región en términos de crecimiento y que, además de las fuentes de inestabilidad evidentes, como la pobreza, se debe entender de dónde surgen las presiones sociales y formular políticas para enfrentarlas.
Pese a la existencia de grandes desafíos internos y externos, el Banco Mundial apunta que la región de América Latina y el Caribe al potencial de la región dentro del proceso de cambios que atraviesa la economía mundial.
En el documento “El potencial de la integración. Oportunidades en una economía global cambiante”, producido por la oficina que lidera Maloney, se analizan las tendencias en el comercio y las inversiones y se plantean una serie de reformas para capitalizar nuevas oportunidades.
En la visión a largo plazo, el banco plantea la necesidad de elevar el nivel y la calidad de la educación y mejorar las capacidades del capital humano a todo nivel, invertir en infraestructura tradicional y digital, hacer de las ciudades mejores plataformas para las manufacturas y los servicios, y garantizar la existencia de mercados financieros de correcto funcionamiento para aportar liquidez y diversificar los riesgos.
Mientras, en un escenario de más corto plazo, señala la importancia de “preservar los avances de tinte reputacional de los últimos veinte años en términos de estabilidad macro”; de lograr avances normativos en materia de aduana y transporte, que serían de bajo costo y podrían ejecutarse de manera rápida; y de reforzar la efectividad de las agencias de promoción de exportaciones e inversiones. “Un enfoque integral tanto para las reformas de corto como de largo plazo podría empujar a América Latina y el Caribe hacia una participación renovada y más dinámica con la economía mundial”, concluye el documento.
