Las intensas lluvias y la humedad están creando condiciones favorables para un viejo enemigo de los productores de banano y plátano en Bocas del Toro y Chiriquí: la sigatoka negra.
La enfermedad, causada por un hongo que ataca las hojas de las plantas, puede reducir el follaje necesario para que los racimos completen su desarrollo y, en casos severos, provocar una maduración prematura de la fruta.
El problema estuvo entre los temas abordados el pasado 11 de septiembre durante una reunión del ministro de Desarrollo Agropecuario, Roberto Linares, con unos 14 gremios de productores de Changuinola.
El Ministerio de Desarrollo Agropecuario (Mida) reconoció las altas precipitaciones que afectan a Bocas del Toro y anunció apoyo para rehabilitar y construir canales de drenaje, así como labores de fumigación para ayudar a medianos y pequeños productores a controlar la sigatoka negra.
La situación adquiere especial relevancia por el peso de Bocas del Toro en la producción nacional. Durante el año agrícola 2023-2024, Panamá produjo cerca de 24.9 millones de racimos de banano, según el Instituto Nacional de Estadística y Censo (Inec). De ellos, unos 15.5 millones, alrededor del 62%, provinieron de Bocas del Toro. Solo Changuinola concentró más de 14.4 millones.

Menos hojas, más problemas
Las primeras señales de la sigatoka aparecen como manchas o rayas en las hojas que se oscurecen y extienden a medida que avanza la enfermedad. El daño reduce la superficie disponible para realizar la fotosíntesis, proceso mediante el cual la planta obtiene la energía necesaria para desarrollar el racimo.
Luis Nuques, ingeniero agrónomo y productor de Bocas del Toro con décadas de experiencia en el sector, explicó que la combinación de humedad y calor puede acelerar la pérdida de hojas. Una infección fuerte puede provocar que algunas plantas se aproximen a la cosecha conservando apenas cuatro o cinco.
Una guía técnica elaborada por el Servicio de Extensión Agrícola de la Universidad de Puerto Rico y el Departamento de Agricultura de Estados Unidos señala que la pérdida excesiva de área foliar puede disminuir el peso y la calidad de los racimos e incluso provocar una maduración prematura de los frutos.
Para el banano destinado a exportación, que debe recorrer largas distancias antes de llegar al consumidor, una maduración anticipada puede comprometer su comercialización.
Una industria que viene de un duro golpe
Panamá exportó en 2025 unas 8.3 millones de cajas de banano, equivalentes a 147.9 millones de kilos, por un valor de B/.73.4 millones, según el Inec. En 2024 se habían exportado 17.9 millones de cajas.

La fuerte caída registrada el año pasado no fue consecuencia de la sigatoka. Estuvo vinculada principalmente a la huelga que paralizó durante semanas la actividad bananera en Bocas del Toro y al posterior cese temporal de las operaciones de Chiquita. El sector se encuentra ahora en proceso de recuperación.
La enfermedad agrega una nueva presión sobre los productores. Su presencia no significa automáticamente la pérdida de una plantación, pero mantenerla bajo control requiere vigilancia constante, eliminación de hojas y tejidos afectados, aplicación de fungicidas y sistemas adecuados de drenaje.
Las lluvias complican esas labores y los pequeños productores pueden enfrentar mayores dificultades que las plantaciones tecnificadas para mantener de forma constante los controles, explicó Nuques.
El plátano preocupa
La mayor preocupación inmediata podría estar en el plátano, destinado principalmente al mercado nacional. Nuques explicó que las lluvias e inundaciones ya han afectado zonas productoras y a esa situación se suma ahora la presión de la sigatoka.
“De plátano sí va a haber problemas”, advirtió.
El productor considera que una menor disponibilidad podría terminar ejerciendo presión sobre los precios al consumidor.
Por ahora, sin embargo, no existe una cifra oficial sobre cuántas hectáreas de banano y plátano han sido afectadas por la sigatoka negra ni una estimación de cuánto podría disminuir la producción.
Esa ausencia de datos impide determinar todavía la magnitud económica del problema, mientras productores y autoridades concentran sus esfuerzos en contener una enfermedad conocida que encuentra en la humedad y las lluvias condiciones favorables para avanzar.

