Las economías de América Latina y el Caribe han recobrado cierta sensación de normalidad después de los momentos más inciertos de la pandemia, con lo cual el Banco Mundial pronostica que habrá un crecimiento regional de 3% al cierre de 2022, una tasa mayor a lo previsto anteriormente debido al alza en los precios de las materias primas.
Sin embargo, la incertidumbre mundial debido a la guerra en Ucrania, la subida de las tasas de interés en los países desarrollados y las implacables presiones inflacionarias impactarán sobre las economías de esta zona del mundo en el 2023 y 2024.
El organismo prevé para los próximos períodos fiscales tasas de crecimiento bajas, de 1.6% y 2.3% en 2023 y 2024, respectivamente, en parte porque se anticipa que los precios de las materias primas desciendan un 10 % el año próximo, al tiempo que la tasa de financiamiento de la Fed de Estados Unidos ya subió 1.5 puntos porcentuales y la Reserva Federal está por incrementarla en otros 2.5 puntos porcentuales.
En el caso de Panamá, el Banco Mundial estimó que el producto interno bruto (PIB ) crecerá 6.2% este año, para luego ajustarse a la baja, con un 5% en 2023 y 2024.
“La mayor parte de las economías recuperaron sus niveles prepandemia, pero esto no es suficiente. Los países de la región tienen la oportunidad de reconstruirse mejor luego de la crisis y lograr sociedades más justas e inclusivas”, dijo Carlos Felipe Jaramillo, vicepresidente del Banco Mundial para América Latina y el Caribe. "
En este contexto, las inversiones sociales y en infraestructura pueden convertirse en motores clave del crecimiento y la prosperidad compartida, de acuerdo con el informe del Banco Mundial “Nuevos enfoques para cerrar la brecha fiscal”, presentado en la mañana de hoy a los medios de la región vía zoom desde Washington, Estados Unidos.
Una de las conclusiones del reporte es que las fuertes políticas fiscales contracíclicas que se ejecutaron a lo largo de la región para apoyar a los hogares y empresas durante la pandemia erosionaron el escaso espacio fiscal alcanzado por los países en los años previos. De allí la importancia de tener un gasto público mucho eficiente.
Algunas transferencias, como aquellas vinculadas a los combustibles, representan una porción enorme del gasto público de algunos países y son probadamente regresivas, además de no contribuir visiblemente a desarrollar el capital humano de las familias más pobres, advirtió el organismo.
" Sería conveniente eliminarlas en el largo plazo, aunque una mejor focalización en el corto plazo resultaría en un notable ahorro de costos. Proteger la inversión pública—particularmente en infraestructura—en aquellos países con grandes brechas de infraestructura, también parece ser algo extremadamente importante como determinante del crecimiento a largo plazo y para ayudar a liberar sinergias positivas con la inversión privada”, recalcó el organismo en el informe.

