La campana del Big Ben, actualmente en renovación, no sonará para marcar el Brexit a final de mes, a menos que los británicos reúnan colectivamente el medio millón de libras que costaría ponerla en funcionamiento, según propuso el martes el primer ministro.
Un grupo de diputados euroescépticos lleva tiempo pidiendo que el reloj más famoso del mundo, que está siendo sometido desde 2017 a una gran restauración que debe durar aún dos años más, toque las campanadas a las once de la noche (23h00 GMT) del 31 de enero, momento oficial de su salida del bloque.
El lunes, la comisión parlamentaria responsable de la gestión de la Torre Isabel, que domina el Parlamento de Westminster y donde está instalada la campana desde hace siglo y medio, destacó que el coste, inicialmente estimado en 120 mil libras, se disparó a 500 mil libras (650 mil dólares, 580 mil euros) por la necesidad de instalar y luego retirar un suelo temporal.
Pero para el primer ministro Boris Johnson no todo está perdido.
“Estamos trabajando en un plan para que la gente pueda poner un chelín para tocar el Big Ben porque hay gente que quiere hacerlo”, afirmó durante una larga entrevista con la televisión pública BBC.
Medio millón de libras es mucho dinero y las arcas públicas podrían utilizarlo para otras cosas, reconoció, “por eso estamos mirando si la gente puede financiarlo”, agregó.
