El cambio climático y la escasez de mano de obra se han convertido en dos de los principales desafíos que enfrenta la caficultura panameña, una industria que ha logrado posicionar sus cafés de especialidad entre los más cotizados del mercado internacional.
En medio del boom de los café de especialidad como el geisha que han marcado récord de precios en subastas internacionales, los productores no pierden de vista que deben adaptar sus sistemas de producción para mantener la calidad y productividad de sus cultivos.
Ricardo Koyner, presidente de la Asociación de Cafés Especiales de Panamá (SCAP), advirtió que las variaciones climáticas están modificando las condiciones en las que se desarrolla el café, mientras que la disponibilidad de trabajadores representa una preocupación para el futuro de la actividad agrícola.
“Hay dos problemas grandes que tiene todo el sector agrícola como un reto. Uno es el cambio climático y el otro es la falta de mano de obra”, señaló Koyner durante una entrevista en el espacio Café con La Prensa, transmitido desde el World of Coffee Panamá 2026, celebrado en el Panama Convention Center.
El dirigente explicó que los efectos del cambio climático ya se perciben en las zonas productoras, donde las temporadas de lluvia y sequía han experimentado alteraciones que afectan el desarrollo de las plantas.
“El cambio climático es algo que ya lo estamos viviendo. Va y llueve más, hay climas más secos en otros lados, hay cambios de cuando llueve, cuando era seco y no llueve cuando era húmedo”.
Estas variaciones, explicó, tienen consecuencias sobre el rendimiento de los cafetales y las condiciones sanitarias de los cultivos. “Esto cambia y altera la forma en que la planta crece y lo que hace generalmente es que reduce su productividad, pero también abre la puerta a que vengan enfermedades y problemas que no existían”, agregó.
Agricultura regenerativa y tecnología
Ante este escenario, los productores están incorporando prácticas de agricultura regenerativa, orientadas a recuperar las condiciones naturales de las fincas, conservar los recursos hídricos y proteger los suelos.
“Estamos trabajando mucho en agricultura regenerativa como país. Es tratar de regenerar lo más posible el medio ambiente con especies nativas, buscando un balance entre la reintroducción de nuestra naturaleza como era antes, pero pudiendo mantener aún la producción”, explicó Koyner.

La estrategia contempla integrar árboles y especies nativas a las plantaciones, sin sustituir completamente los espacios destinados a la producción de café.
Según el presidente de SCAP, estas prácticas permiten enriquecer el suelo, conservar el agua y mejorar la capacidad de los cultivos para enfrentar las variaciones ambientales.

El segundo desafío está relacionado con la disponibilidad de trabajadores agrícolas, una situación que, según Koyner, no se limita a Panamá, sino que responde a una tendencia internacional.
“Estamos trabajando en tecnologías que podamos sustituir en la medida que se necesiten, porque no se trata de desplazar mano de obra, se trata de que mucha de la mano de obra que se va a requerir no va a estar”.
El dirigente considera que la incorporación de nuevas tecnologías y sistemas de producción será necesaria para mantener la actividad cafetalera en los próximos años, aunque reconoció que el trabajo humano seguirá siendo indispensable.
La calidad como estrategia
Daniel Peterson, productor de cafés especiales y miembro de la familia propietaria de Hacienda La Esmeralda, destacó que la evolución de la caficultura panameña ha estado vinculada a la investigación, la innovación y el trabajo colectivo de los productores.
Recordó que, a finales de la década de 1980, la industria enfrentaba una crisis por los bajos precios internacionales del café comercial, que llegaron a situarse por debajo de los costos de producción.
“Entendíamos que teníamos que hacer un cambio o si no íbamos a estar fuera de la industria y todos adorábamos el café, queríamos vivir de café, pero estaban problemas de crisis de lo que nos pagaban, el café comercial estaba por el suelo, nos estaban pagando menos de lo que costaba producirlo”, relató Peterson.
Esa situación impulsó a un grupo de productores a apostar por los cafés de especialidad, mediante la diferenciación de variedades, las cataciones y la participación en competencias internacionales.
Peterson explicó que la colaboración entre productores ha permitido mejorar los procesos de cultivo y procesamiento del grano, además de introducir variedades con características diferentes.
“Nuestros mayores competidores son nuestros amigos, entonces también se comparte mucho”.
Reterson destacó el intercambio de conocimientos entre los integrantes de la asociación.
La estrategia ha permitido que Panamá alcance precios internacionales históricos. En 2025, un lote de café Geisha de Hacienda La Esmeralda fue adquirido por un comprador de Dubái por 30,200 dólares el kilogramo.

Sin embargo, Peterson atribuyó ese resultado al desarrollo colectivo de la industria y no únicamente al trabajo de una finca.
“Esto fue el resultado de 30 años de trabajo colectivo, no es nada más Hacienda La Esmeralda, es todos los productores compitiendo año tras año”, afirmó.
Para Koyner, el desafío ahora consiste en sostener los estándares alcanzados y mantener la consistencia de la calidad de las cosechas, mientras los productores enfrentan las nuevas condiciones climáticas y laborales.
“Lo que hemos venido logrando hay que sostenerlo. Esto se sostiene con la capacidad o con la consistencia de lograr año tras año buenas tazas”.
El próximo desafío de la producción de cafés especiales será incorporar nuevas variedades, conquistar otros mercados y blindarse ante los factores de la naturaleza y capacitarse con tecnología para los cambios del mundo laboral y la mano de obra en el campo.


