La canasta básica de alimentos se encareció entre enero y septiembre de 2026, pero no lo hizo al mismo ritmo en todos los comercios. El aumento fue leve en los supermercados y mucho mayor en los minisúper y abarroterías, según el monitoreo de precios de la Autoridad de Protección al Consumidor y Defensa de la Competencia (Acodeco) emitido este miércoles 21 de octubre.
En los supermercados, el costo promedio pasó de $304.40 al 31 de enero a $306.03 al 30 de septiembre. Es un aumento de $1.63, equivalente a 0.54%.
En las rutas de minisúper y abarroterías, en cambio, la canasta pasó de $348.13 a $360.79 en el mismo período. El incremento fue de $12.66, o 3.64%, casi siete veces el registrado en los supermercados.
La diferencia entre ambos canales al cierre de septiembre era de $54.76. Comprar los productos monitoreados en un supermercado costaba $306.03, frente a $360.79 en las rutas de minisúper y abarroterías.

¿Qué se está midiendo?
La cifra corresponde a una canasta de 59 alimentos definida por el Ministerio de Economía y Finanzas. Incluye carnes y pescados, arroz, pastas, panes, granos, vegetales, frutas, lácteos, huevos, aceite, margarina, azúcar, café, salsas y otros productos de consumo alimentario.
Entre ellos están babilla, bistec de cinta, carne molida, costilla para sopa, puerco liso, pulpa negra, pollo entero, muslo y pechuga, corvina, tuna y sardina; arroz, macarrones, coditos, pan de michita, pan molde, tortillas, frijoles, lentejas y porotos. También forman parte de la lista productos como papa, cebolla, tomate, quesos y huevos.
La canasta, sin embargo, no equivale a todo lo que una familia necesita comprar para alimentarse durante un mes. Es una selección de productos y cantidades establecidas mediante una metodología. Por lo tanto, su costo permite seguir la evolución de ese conjunto de alimentos, pero no representa necesariamente el gasto real de cada hogar.
Tampoco significa que todos los consumidores paguen el mismo precio.
Acodeco recoge los precios de esos productos en los establecimientos que monitorea. Así se puede observar cuánto cuesta la misma canasta según el lugar donde se compra. En el caso de las rutas, se trata de minisúper y abarroterías, mientras que el otro segmento corresponde a supermercados.
Y las diferencias no son iguales para todos los productos.

Estas disparidades son importantes si se considera que las tiendas se convierten en el lugar más cercano de los barrios y en el que se realizan las compras del día a día, cuando los compradores dependen de ingresos que no son recurrentes.
Una cifra, dos realidades
La evolución de los primeros nueve meses muestra, entonces, que hablar simplemente de “la canasta básica” puede esconder diferencias importantes.
El MEF define la canasta y su metodología; Acodeco monitorea los precios de esos productos en los comercios. La primera medición permite seguir el costo de una canasta de referencia; la segunda muestra cómo se comportan esos precios en los establecimientos observados.
Hay además una pregunta de fondo sobre la propia composición de la canasta. Su estructura vigente se construyó a partir de información sobre consumo y gasto de los hogares recopilada hace casi dos décadas. Los precios se actualizan, pero eso no significa que la lista y las cantidades respondan necesariamente a los hábitos de compra de los hogares de 2026.
Frente a la mediana salarial, reportada por la Contraloría General de la República para septiembre de 2025 ($755), comprar los 59 productos de la canasta costaba el equivalente al 40.5% de ese ingreso en supermercados y al 48% en minisúper y abarroterías.
La comparación utiliza períodos distintos y no representa el gasto real de cada hogar, pero permite dimensionar el peso que puede tener el costo de los alimentos frente a ese nivel de ingreso.



