La reciente operación de recompra y canje de bonos ejecutada por la República de Panamá no solo logró reducir el saldo de la deuda pública en aproximadamente $204 millones, sino que también envió una señal clara a los mercados internacionales sobre la confianza en la estabilidad macroeconómica del país.
La oferta pública de recompra recibió propuestas por $8,900 millones, mientras que la nueva emisión de bonos alcanzó una demanda superior a $13,000 millones. El Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) destacó que este resultado reflejó el respaldo de los inversionistas internacionales a la estrategia de consolidación fiscal.
Como parte de la transacción, el país concretó la recompra de $2,970 millones en bonos en circulación. La operación fue financiada mediante la emisión de nuevos títulos con vencimientos en 2034 y 2038, con cupones de 5.2% y 5.6%, respectivamente. Además de la reducción neta del saldo de la deuda, el Gobierno estima un ahorro estructural cercano a $30 millones anuales en el gasto por intereses.
El ministro de Economía y Finanzas, Felipe Chapman, defendió los resultados frente a análisis externos. “Los mercados hablaron con mayor fuerza que cualquier opinión”. Para el funcionario, la sobredemanda registrada en la emisión es una señal inequívoca de confianza en el país.
Chapman también hizo referencia al comportamiento del Índice de Bonos de Mercados Emergentes (EMBI) de Panamá, calculado por JP Morgan, que mide la prima o “riesgo país”, y que se ha reducido a su nivel más bajo desde 2020.
“Existe apetito por el riesgo república”
Para el economista Eric Molino Ferrer, la operación deja tres elementos positivos claros desde la perspectiva financiera.
“Existe apetito por el riesgo república. Los inversores están viendo como atractivos comprar títulos panameños y eso denota que la estrategia de transmitir confianza sobre los pasos que se están tomando hacia sanear las finanzas nacionales está dando resultados”, afirmó.
Molino destacó que la reducción del spread o diferencial —que pasó de niveles superiores al 3% a menos de 1.5%— tiene un impacto directo en el costo del financiamiento del Estado.

“Eso se traduce directamente en una reducción en el costo que tenemos anuales de intereses, y ese ahorro esperemos se vea traducido en más obra pública o en beneficios tangibles para los contribuyentes”, señaló.
También valoró como positiva la estrategia de extender plazos y evitar concentraciones de vencimientos: “Continuar con esta estrategia de ir llevando un costo de financiamiento más bajo y tratar de llevar financiamiento a plazos más largos nos ayuda evidentemente a gestionar mucho mejor los repagos que tiene que hacer la República”.
Aunque reconoció que la reducción de $204 millones es pequeña frente a un saldo cercano a los $60 mil millones, subrayó que es una señal correcta.
“Por más pequeño que parezca, todo suma cuando se trata de llevar unas finanzas públicas más sostenibles”, apuntó.
“Es como tener una tarjeta de crédito al máximo”
El economista Carlos Araúz coincidió en que la operación es positiva, pero introdujo un enfoque más estructural sobre las limitaciones fiscales del país.
“Desde julio de 2024 hemos visto un plan en ejecución con énfasis en transparencia y reducción del gasto desordenado. Pero es importante destacar que el déficit fiscal no es lo mismo que el nivel de endeudamiento”, explicó.
Araúz advirtió que, aunque Panamá cumplió con la meta de déficit de 3.68% en 2025, el país sigue refinanciando deuda con nueva deuda.
“Es como si tuviésemos una tarjeta de crédito al máximo explotada que no da para más. Hemos mejorado el riesgo y bajado la tasa, pero seguimos usando deuda para pagar deuda”, ilustró.
Añadió que el país necesita generar mayores ingresos de forma estructural.
“La única manera de reducir déficit y mantenerlo en línea con la Ley de Responsabilidad Fiscal y al mismo tiempo reducir la dependencia en deuda es que tengamos un esquema de mayores ingresos, apegados a la austeridad y al buen uso de cada dólar”, sostuvo.
Araúz también puso sobre la mesa el compromiso anual de aproximadamente $1,000 millones hacia la Caja de Seguro Social, lo que limita el margen fiscal.
“Es muy difícil cumplir con la reducción del déficit sin provocar momentos duros, dilatar pagos o restringir inversión, cuando se hereda el nivel de apalancamiento histórico más grande en la historia republicana”, advirtió.
Si bien reconoció que el contexto internacional favorece a los mercados emergentes, enfatizó que el país no puede depender solo de esa ola externa.
“Nos estamos beneficiando de un apetito mundial renovado por la deuda emergente, pero hacia 2027, 2028 y 2029 lo que realmente deberíamos ver es una reforma fiscal holística e integral”, concluyó.
Entre respaldo externo y reformas pendientes
La operación de canje refuerza el perfil financiero de Panamá y mejora su percepción de riesgo en los mercados internacionales. Sin embargo, más allá del éxito técnico y de la sobredemanda registrada, los especialistas coinciden en que el verdadero desafío será consolidar ingresos, sostener la disciplina fiscal y reducir gradualmente la dependencia del endeudamiento.
Por ahora, el mercado ha dado su voto de confianza. La sostenibilidad de esa confianza dependerá de que las reformas estructurales acompañen la estrategia financiera.


