Caracas, la que hasta hace poco fue considerada la ciudad más violenta del mundo, busca ahora atraer al turista internacional con un acelerado plan con el que se pretende sacar provecho al mejoramiento de la seguridad y de la incipiente recuperación económica de Venezuela, que esconde todavía muchas carencias.
Nadie pensaría en visitar la “capital del delito”, que hace menos de seis años lideraba la estadística mundial de asesinatos, pero eso ha cambiado y Caracas quiere salir del rezago en que quedó frente a sus pares de la región -que cuentan con mejor infraestructura para recibir a los foráneos-, pese a ocupar, todavía, el tercer lugar en el ránking de las ciudades más violentas del mundo.
La llamada ciudad de los techos rojos llega a este Día Mundial del Turismo, que se conmemoró este 27 de septiembre, con un pobre récord de visitantes, calculados en cerca de 100,000 al año, lejos del millón de turistas de hace seis años y en las antípodas de otras épocas mejores. Sin embargo, Caracas despertó de su pesadilla y está descubriendo que tiene mucho para ofrecer.
Este año, con el surgimiento de aplicaciones locales para el turismo, la reconexión aérea, la apertura de numerosos espacios de recreación, una abultada cartera de conciertos y opciones culturales, la popularización de métodos de transporte privado y otras “novedades”, que llegaron tarde al país, el negocio de la atención al turista ha tenido un ligero repunte.
Todas estas variables, casadas siempre con el mejoramiento de la seguridad y de la economía, necesitan ser ordenadas, y en eso trabaja el Instituto de Turismo del Municipio (caraqueño) Libertador, una instancia creada en marzo y que lidera el plan con que buscan atraer al público internacional a la cuna de Simón Bolívar.
“Nosotros partimos de la premisa de que hay que organizar la ciudad (...) para poder tener unos servicios turísticos se debe partir de un ordenamiento de la ciudad”, dice el presidente del instituto, Williams Rivas, tras los emprendimientos.
