El posible impacto del fenómeno de El Niño ya está sobre la mesa en la planificación del Canal de Panamá.
Así lo confirmó el ministro para Asuntos del Canal, José Ramón de Icaza, al advertir que los pronósticos apuntan a un evento que podría ser “severo” en 2026, con una posible llegada entre mayo y junio.
De Icaza explicó que, desde la junta directiva y a través del Comité de Recursos Hídricos y Compatibilidad, se da seguimiento constante a las proyecciones climáticas.
El funcionario indicó que, por ahora, las condiciones hídricas ofrecen cierto margen de maniobra.
Detalló que el nivel del lago Gatún —clave para la operación de la vía interoceánica— se sitúa en 85.9 pies, cercano a su nivel máximo operativo de 89 pies dentro de la curva guía.“Sentimos en este momento que tenemos un nivel de los lagos adecuado”, afirmó.
De acuerdo con registros de la ACP, para este martes 28 de abril el nivel del embalse de Gatún se ubica en 85.8 pies, mientras que el de Alhajuela alcanza los 241.2 pies.
No obstante, De Icaza advirtió que el comportamiento del fenómeno será determinante para los próximos meses. “Va a depender muchísimo de qué tan severo y prolongado sea el efecto del Niño”, subrayó.
Previamente, Eric Córdoba, gerente de Meteorología del Canal, había informado que los embalses de Gatún y Alajuela se mantienen en niveles cercanos a sus valores ideales. Según detalló, actualmente se logran cubrir todas las demandas de agua, incluyendo el suministro de agua potable, el tránsito de buques y la generación hidroeléctrica cuando es necesario.
El seguimiento actual ocurre en un contexto de alta vulnerabilidad climática. El estudio Historia de El Niño en Panamá de 1982 al presente, elaborado por el Observatorio de Riesgo Urbano de Florida State University, ESRI Panamá y Metromapas, revela que el país ha experimentado 12 eventos de El Niño en las últimas décadas, de los cuales cinco han sido especialmente devastadores.
La cronología destaca el episodio de 1982–1983, catalogado como un “Meganiño”, que provocó la primera gran crisis en los embalses del Canal, además de severos daños en arrecifes coralinos. A esto se sumó un aumento de enfermedades como diarreas, malaria y dengue, asociado al uso de agua contaminada y a condiciones de calor que favorecieron la propagación de virus.
Más recientemente, en 2023, Panamá enfrentó una de las peores sequías en más de 70 años, agravada por la combinación de El Niño y el calentamiento global, lo que impactó directamente la disponibilidad de agua para consumo humano y operaciones del Canal.
El estudio también advierte sobre un deterioro progresivo en la capacidad de recuperación de los ecosistemas. Según el Índice de Vegetación (NDVI), el 74.8% de las subcuencas presentan estrés moderado, lo que indica que la vegetación no logra recuperarse completamente entre un evento y otro.

