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Debilidad institucional perjudica perfil de riesgo

La falta de acción en la crisis de la Caja de Seguro Social es uno de los factores que pone presión a las finanzas públicas y eleva el perfil de riesgo del país.

Panamá tiene uno de los perfiles de riesgo más seguros dentro de América Latina, pero en los últimos años ha subido la prima de riesgo de la deuda panameña, unido a un mayor costo financiero provocado por las condiciones de los mercados internacionales.

Uno de los principales indicadores internacionales para calibrar el perfil de riesgo de un soberano es el Embi, que mide la diferencia entre los retornos financieros de los títulos de deuda del país con aquellos de referencia de Estados Unidos, considerados libres de riesgo.

En un análisis efectuado por la firma Indesa sobre el comportamiento de la prima de riesgo en los últimos años se observa un aumento en ese diferencial.

A finales de 2019 y principios de 2020, antes de la propagación masiva de la covid-19, la prima de riesgo panameña se ubicaba alrededor de los 120 puntos básicos.

Con la ola mundial de contagios, las restricciones económicas y la incertidumbre financiera, la prima llegó a superar los 300 puntos básicos en marzo y abril de 2020, pero luego se fue moderando y para enero de 2021 estaba en el entorno de los 150 puntos básicos.

Los datos más recientes del Embi, por su parte, reflejan que en el último mes y medio la prima de riesgo llegó a marcar 250 puntos básicos para descender posteriormente a niveles más cercanos a los 230 puntos. Es decir, que la tendencia después de la pandemia ha sido ascendente.

La prima de riesgo se mueve en función de varios factores. Uno tiene que ver con las condiciones del mercado financiero internacional. La Dirección de Financiamiento Público del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) se refiere en un reporte reciente al incremento en las primas de riesgo en los países de la región, y menciona entre las causas las tendencias del desempeño económico, un menor espacio para política fiscal por las subidas de tasas de interés y mayores niveles de deuda, así como la incertidumbre y volatilidad causadas por las turbulencias en el sector bancario, en referencia a las crisis experimentadas por ciertos bancos en Estados Unidos y Europa.

Además, como señala Felipe Chapman, socio director de Indesa, hay otros factores, más propios del país, que también inciden en la percepción de riesgo de la deuda panameña.

El economista indicó que si bien el saldo de la deuda ha aumentado, ha habido un mayor deterioro en el ámbito institucional.

“Los inversionistas con quienes nosotros conversamos periódicamente perciben un aumento en el riesgo político del país, ven un deterioro en la Asamblea Nacional, ven ineficacia en el sistema judicial, no hay realmente un compromiso en atacar directamente los casos de corrupción”, dijo el economista.

Debilidad institucional perjudica perfil de riesgo
Una eventual situación de pérdida del grado de inversión sería perjudicial porque hay una serie de grandes inversionistas institucionales que por norma sólo invierten en títulos calificados con grado de inversión. Archivo

Esta situación institucional se conjuga con aspectos económicos como la inflación o los desafíos fiscales que enfrenta el país. Entre ellos destaca la crisis del Subsistema Exclusivamente de Beneficio Definido de la Caja de Seguro Social (CSS), cuyas reservas se están agotando por la falta de nuevos cotizantes, un problema estructural que se conoce desde hace años y no se resuelve.

“En la medida que nos acercamos a la fecha de cumpleaños donde se agotan las reservas, aumenta el riesgo”, dijo Chapman.

Este es un tema que los inversionistas siguen de cerca, apuntó el economista, sin perder la esperanza de que haya una forma de resolverlo de manera responsable y financieramente sostenida.

En un sentido similar, el economista Ernesto Bazán dijo que la crisis de la CSS genera un enfoque cuantitativo por el eventual impacto fiscal, pero también cualitativo, “porque el país decepciona a los inversionistas cuando se mantiene con inacción frente a un problema de esa magnitud. Eso también da un mensaje, que no es precisamente de responsabilidad”.

Emisiones, más costosas

Además del aumento de la prima de riesgo, también ha subido en el último año la base de comparación que se utiliza de referencia, que son los títulos de deuda emitidos por Estados Unidos.

Desde el año pasado, la Reserva Federal está batallando con los elevados niveles de inflación a través de una estrategia agresiva de subida de tasas de interés, lo que termina elevando los costos financieros cuando se toma deuda.

Esto lo ha notado Panamá en sus emisiones. El pasado mes de marzo, el país emitió un bono global por un monto de $1,000 millones con vencimiento en 2054 y cupón de 6.85%. Poco más de un año antes, Panamá había emitido un bono global por $1,500 millones con vencimiento en 2063 y una tasa de 4.50%.

Otros países de la región han salido al mercado también durante este año. Costa Rica emitió un bono con vencimiento en 2034 y un cupón de 6.55%, una tasa similar a la lograda por Panamá, pero con un vencimiento mucho más cercano, factor que contribuye a colocar con menores tasas de interés.

El otro país vecino de Panamá, Colombia, emitió en enero $2,200 millones con vencimiento en 2034 y un cupón de 7.5%.

México, por su parte, emitió $2,940 millones con vencimiento en 2053 y cupón de 6.34%.

Dentro del entorno regional, por tanto, Panamá sigue estando entre los países que accede a los mercados con mejores condiciones. Esto se puede observar también en el Embi.

Al 27 de abril, el Embi de Panamá (231 puntos básicos) se situaba por detrás de Uruguay (102), Chile (142) y Perú (193), pero con una menor prima de riesgo que grandes economías como Brasil (258), México (401) y Colombia (425).

En la última emisión de deuda, que en total supuso una operación de $1,800 millones, el Ministerio de Economía y Finanzas destacó que se recibieron ofertas por más de $9,500 millones y más de 260 inversionistas provenientes de Norteamérica, Europa, Asia, Latinoamérica y Medio Oriente.

El apetito mostrado por los inversionistas refleja los beneficios de mantener el grado de inversión y una economía que ha crecido en los últimos años, con un buen desempeño del Canal de Panamá y sus aportes al Estado.

Panamá ostenta este grado de calificación desde 2010, y lo mantiene con las tres grandes agencias calificadoras.

Para Moody´s (Baa2) y S&P Global Ratings (BBB), la calificación está en el segundo escalón dentro del grado de inversión, con perspectiva negativa, mientras que para Fitch está un nivel más bajo, en el primer escalón dentro del grado de inversión (BBB-), con perspectiva estable.

Bazán comentó que desde que Panamá tiene grado de inversión, esta es la primera administración en la que la calificación no sólo no ha mejorado, sino que ha sido rebajada, algo que sucedió tras la gestión de la pandemia.

Además, dos de las tres agencias tienen asignada una perspectiva negativa, lo que quiere decir que existen presiones para eventuales rebajas a la calificación en las próximas revisiones.

Chapman explicó que una eventual situación de pérdida del grado de inversión sería perjudicial porque hay una serie de grandes inversionistas institucionales que por norma sólo invierten en títulos calificados con grado de inversión.

Así que en una situación de ese calibre, los inversionistas se verían obligados a vender los títulos y no podrían participar en nuevas colocaciones, de manera que la competencia disminuye y la tasa de interés efectiva a pagar aumentaría.

Esto termina elevando el gasto de intereses que hay que asignar en los presupuestos y por lo tanto reduciendo recursos disponibles para cubrir otro tipo de gastos, como pueden ser programas de subsidios, planilla, educación o salud, además de menos capacidad para hacer inversiones.

La buena noticia, asegura Chapman, es que la tendencia de una mayor percepción de riesgo es reversible, si existe el compromiso ciudadano para, por ejemplo, votar en las próximas elecciones a un candidato comprometido con atacar las debilidades institucionales.

“El deterioro institucional se percibe como una amenaza al aumento del populismo de izquierda o de derecha, y el populismo lleva a un deterioro de las finanzas públicas”, y esto es algo a lo que inversionistas y mercados prestan atención para calibrar la capacidad de repago del país, planteó Chapman.


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