Diez años después de la inauguración del tercer juego de esclusas, el desafío de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) no es únicamente mover más carga o apalancarse en su privilegiada ubicación geográfica.
Funcionarios y exfuncionarios de la Autoridad del Canal, analistas y actores del sector logístico y económico coinciden en que, además de atender sus desafíos inmediatos —asegurar el recurso hídrico, acelerar la transformación tecnológica— la vía interoceánica deberá estar preparada para responder a cualquier escenario que plantee el comercio mundial. Además, coinciden en una idea central: el Canal de Panamá está en una nueva etapa de transformación.
Ilya Espino de Marotta y Jorge Luis Quijano, quienes lideraron el programa de ampliación durante los nueve años de ejecución (2007-2016) plantean una mirada de futuro desde la operación de la vía. Marotta proyecta un Canal carbono neutral, digitalizado y con seguridad hídrica, y Quijano advierte como principal desafío mantener la capacidad de planificación de largo plazo que permitió ejecutar la ampliación.
“La ampliación fue una decisión correcta y visionaria”, sostiene la actual subadministradora y futura timonel de la ACP, quien destaca que las expectativas “se cumplieron y se superaron”.
Todos los entrevistados también concuerdan en que los objetivos se cumplieron y se sobrepasaron las expectativas. No obstante, para el economista Carlos Araúz el Canal aún tiene el reto de convertirse en una herramienta de desarrollo equitativo.
Por su parte, Daniel Muschet, gerente encargado de dar seguimiento al programa de ampliación, llama la atención sobre la falta de continuidad al Plan Nacional de Seguridad Hídrica 2015-2050. El país requiere una planificación integral -acotó- que permita almacenar, proteger y administrar mejor el recurso.
En tanto, Juan Carlos Croston, vicepresidente de Mercadeo y Asuntos Corporativos de SSA Marine MIT, apunta que será necesario aprovechar mejor la conectividad única que ofrece Panamá entre los océanos Atlántico y Pacífico, así como incorporar nuevas tecnologías, impulsar procesos más eficientes y adaptarse a tendencias como la automatización, la digitalización y la descarbonización del transporte marítimo.
Invertir para escenarios de futuro
Croston recordó que el Canal forma parte de un ecosistema mucho más amplio integrado por puertos, ferrocarril, zonas francas, centros de distribución y servicios logísticos.
Por ello, para el ejecutivo portuario uno de los mayores riesgos para el futuro del sector es asumir que la posición geográfica garantiza automáticamente el liderazgo logístico del país. “Estoy totalmente en contra de pensar que este es nuestro principal activo, porque eso genera complacencia”, advirtió.
Afirma que Panamá debe seguir invirtiendo en infraestructura, tecnología, recursos humanos y capacidad operativa para mantener su competitividad y que el Canal debe seguir evolucionando en función de las necesidades futuras de sus usuarios. “Lo importante es asegurarnos de tener las opciones para atender a los clientes en cualquiera de los escenarios que se presenten”, señaló.
Actualmente, Panamá alberga los dos mayores centros portuarios de transbordo de América Latina y cuenta con más grúas pórtico que cualquier otro país de la región, pero Croston considera que esos logros deben servir como incentivo para seguir creciendo y no como motivo para conformarse.
De hecho, además de los proyectos para garantizar la seguridad hídrica, la ACP ya avanza en otra apuesta para ampliar su capacidad logística: el desarrollo de las terminales portuarias de Corozal, en el Pacífico, y Telfers, en el Atlántico.
El proceso se encuentra en marcha y el 9 de julio de 2026 cerrará la etapa de precalificación para que las empresas presenten su documentación. Está previsto que el pliego de condiciones definitivo sea publicado en agosto, que el proyecto sea adjudicado a inicios de 2027 y que las operaciones inicien hacia 2029, mediante concesiones de 20 años.
La inversión estimada para estos proyectos asciende a 2,600 millones de dólares. Al final, entre las dos terminales se contempla poder manejar entre 5 y 6 millones de contenedores adicionales al año.
La iniciativa responde al crecimiento del sistema logístico panameño, que actualmente moviliza cerca de 21 millones de contenedores anuales, de los cuales alrededor de 11 millones transitan por el Canal sin utilizar puertos nacionales.
Agua: desafío estructural del futuro
Si existe un punto de consenso entre autoridades y analistas es que el principal desafío del Canal no será la infraestructura, sino el agua. La crisis hídrica de 2023 y 2024 evidenció la vulnerabilidad del sistema frente al cambio climático.
Según explicó Quijano, los estudios realizados durante la ampliación proyectaban que la demanda de agua potable alcanzaría aproximadamente 369 millones de galones diarios en 2025. Sin embargo, ese nivel de consumo fue alcanzado alrededor de 2012, trece años antes de lo previsto.
Para el exadministrador, el país debe avanzar hacia una gobernanza más integrada del recurso hídrico. Propone incluso la creación de una autoridad única del agua con suficiente autonomía y respaldo constitucional para coordinar la gestión de cuencas, embalses y abastecimiento humano.
Dentro de esa estrategia, el proyecto del embalse de río Indio es considerado una pieza fundamental. Tanto Quijano como Muschet consideran que la iniciativa de río Indio es impostergable.
La visión económica
En paralelo a la visión institucional y logística, el economista Carlos Araúz plantea una reflexión más amplia sobre el futuro del Canal. Sostiene que debe convertirse en una herramienta de transformación social, económica y territorial.
Araúz detalla que para 2050 el rol del Canal debería incluir: dos puertos estratégicos bajo una visión integrada; un posible gasoducto interoceánico como complemento logístico; mayor descentralización de los beneficios y un modelo replicable de gestión pública eficiente.
“Debe ser mucho más que movimiento de contenedores. Debe ser prosperidad para todos los panameños”.
El economista estima que los ingresos del Canal podrían alcanzar entre $6,000 millones y $10,000 millones anuales en las próximas décadas. Sin embargo, advierte que el verdadero debate no es cuánto se genera, sino cómo se administra.
Propone fortalecer el Fondo de Ahorro de Panamá (FAP) y desarrollar mecanismos de ahorro intergeneracional.
El país debe utilizar mejor los recursos derivados del Canal para atender desafíos estructurales en agua potable, salud y educación, afirma Araúz, y acto seguido plantea que la transparencia, eficiencia y meritocracia que caracterizan a la ACP deberían replicarse en otras instituciones públicas.
En conjunto, las distintas visiones planteadas coinciden en que el Canal de Panamá entra en una fase en la que su sostenibilidad futura dependerá tanto de la gestión del recurso hídrico como de su capacidad de adaptación a las transformaciones del comercio internacional.
A la par de los proyectos de ampliación de infraestructura y fortalecimiento logístico, persiste el reto de consolidar una planificación de largo plazo que integre al Canal dentro de una estrategia nacional más amplia, capaz de articular inversión, innovación y gobernanza del agua. En ese contexto, el desempeño de la vía interoceánica seguirá estando determinado no solo por su eficiencia operativa, sino también por las decisiones institucionales que definan su papel en el desarrollo económico del país en las próximas décadas.

