El reciente reporte de empleo en los Estados Unidos, que cubre el recién finalizado mes de enero fue, a todas luces, positivo. La demanda por nuevos empleos, liderada por sectores como la hospitalidad y el entretenimiento, superó ampliamente la expectativa consensuada de los analistas.
El desempleo tocó un nivel histórico de 3.4%, lo cual no se había visto desde Mayo 1969… dos meses antes de la epopeya de Apolo 11.
A algunos especialistas, impresionados por la data que mensualmente publica el Departamento de Trabajo en Washington DC, se les llegó a escuchar que la misma fue casi “demasiado buena para ser verdad”.
Las impresiones, la semántica, y hasta los temas de desviaciones estadísticas (algo de lo que también se habló en la estela del reporte) son factores de poca monta.
El hecho incontrovertible es que el mercado laboral de la más grande economía del mundo se mantiene fuerte, muy fuerte, en buena parte sostenido por una demanda por recurso humano que ha sido artificialmente suprimida por ya casi tres años en sectores de crecimiento secular como la recreación y el turismo.
Esto presenta una situación compleja, aunque clásica, sin misterios, para la Reserva Federal, ente que se embarcó desde marzo pasado en un agresivo ciclo de aumento de tasas que aún no termina (ha subido la Fed Funds Rate ocho veces y aún falta).
Para controlar la inflación, la Reserva Federal tiene que enfriar el mercado laboral; hacer una cosa sin hacer la otra es básicamente intentar la proverbial cuadratura del círculo.
El registro histórico muestra para muchos expertos que una inflación estable requiere una tasa de desempleo entre el 4% y 5%.
Afortunadamente para el Chairman Jerome Powell y sus colegas, existen sutiles signos de que el mercado laboral puede estar colaborando. En particular, las ganancias salariales no parecen estar aumentando con el mismo impulso que la ampliación y profundización del empleo.
El dilema de los próximos meses para el banco central se centra en buena parte en esta compleja interacción entre el costo del dinero y el avance relativo de la economía real.
Es ahí donde Powell y compañía se juegan el “aterrizaje suave” (“soft landing”) que coronaría sus esfuerzos y que constituiría una obra maestra del fino arte de la banca central. Los próximos meses serán decisivos y tema de estudio para especialistas y legos por décadas, esperemos que por las mejores razones.
El autor es financista

