El movimiento del café especial nació en Estados Unidos entre las décadas de 1960 y 1970. Lo impulsaron pioneros como Alfred Peet, Erna Knutsen, George Howell, Donald Schoenholt y los fundadores de Starbucks. Ellos buscaban cafés con mejor sabor que los cafés comerciales de esa época.
Mi esposa y yo, dueños de Hacienda La Esmeralda, comenzamos a asistir a las exhibiciones de la SCAA (Specialty Coffee Association of America) en 1988.
Allí conocimos a personas que hablaban de aromas florales, de acidez cítrica y de atributos que no sabíamos que el café tenía.
“Nosotros veníamos de un mundo donde se producía el mayor volumen posible por hectárea al menor costo”
Los diferenciales por calidad eran pequeños, pero algo estaba comenzando.

Al mismo tiempo, en Panamá aprendíamos a vivir en un mercado libre. Bajo el sistema de cuotas de la OIC (Organización Internacional del Café), el precio se mantenía entre $1.20 y $1.50 la libra. Eso alcanzaba para cubrir los gastos y ganar algo.

En 1989 los países miembros no lograron un acuerdo, Estados Unidos retiró su apoyo y las cuotas se suspendieron.
El precio se desplomó y en los años siguientes llegó a unos 50 centavos la libra.
“La necesidad es la madre de la invención”. Así nació la Asociación de Cafés Especiales de Panamá. Formalmente se creó en 1996.
“Éramos siete productores con una misma visión: diferenciar nuestro café por su calidad”.
Los tostadores nos decían que teníamos esa calidad, pero todavía no la entendíamos.
Tostadores reconocidos, como George Howell, vinieron a ayudarnos a entender lo que buscaban.
En enero de 1997 realizamos el primer Best of Panama (BOP). Fue una catación sencilla, sin subasta. El premio era poder decir “yo tengo el mejor café de Panamá”.
En 2002, en medio de una de las peores crisis del café, hicimos la primera subasta del BOP. Mientras la Bolsa de Nueva York pagaba $0.56 por libra, el café del BOP alcanzó $2.25.
En 2004 todo cambió, aunque no lo sabíamos. Mi hijo Daniel fue el primero en catar la primera cosecha de Geisha de Hacienda La Esmeralda.
“Era tan distinta al café convencional que casi no la presentamos a la competencia. Nadie había hablado de aroma a jazmín o sabor a durazno en el café panameño”.
Ganó el BOP con facilidad y rompió su primer récord en la subasta: $21.00 por libra.
La bolsa seguía en $0.81, por debajo del costo de producción en Panamá.
El café es una industria muy familiar. En 2005 mi hija Rachel se unió a Hacienda La Esmeralda para ayudarnos a vender este café nuevo y extraño.

Pasar de productor comercial a productor de una experiencia de alto valor toma tiempo.
Rachel ha tenido un papel clave en dar a conocer nuestro café y el café de Panamá. Primero conoció el producto con su paladar. Luego llevó el mensaje al consumidor.

Esta transformación se renueva cada año. Es un mercado dinámico, y se requiere mucho trabajo en equipo para que cada experiencia de café sea placentera.




