El nuevo director del Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (Idaan), Antonio Tercero González, espera ser ratificado en los próximos días por la Asamblea Nacional. No obstante, el desafío que asume al frente de la entidad encargada de garantizar el suministro de agua potable en todo el país no es menor, en medio de viejos problemas de cobertura, eficiencia y sostenibilidad del servicio.
Los números, aunque fríos, son reveladores. Tercero proviene de una entidad como el Consejo Nacional para el Desarrollo Sostenible (Conades), con una planilla cercana a los 400 funcionarios y un presupuesto que ronda los 21 millones de dólares.
En el Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (Idaan), el escenario es otro: cerca de 3,000 funcionarios y un presupuesto que asciende a 358 millones de dólares, de los cuales 155 millones se destinan a funcionamiento y 203 millones a inversión.
No se trata solo de una diferencia de cifras, sino de la magnitud de una institución mucho más compleja, con mayores exigencias operativas y un impacto directo en la vida diaria de todo el país. En el primer caso, las decisiones tienen un alcance más focalizado; en el segundo, cualquier falla o acierto impacta directamente en millones de personas que dependen del agua potable todos los días.
Por otra parte, el nuevo director del Idaan deberá prácticamente arrancar de cero, debido a la baja ejecución registrada en la administración de su antecesor, Rutilio Villarreal. Para tener una dimensión del escenario, en 2025 —último año de su gestión— la entidad contó con 247.4 millones de dólares para inversión, pero, según los reportes del Ministerio de Economía y Finanzas, solo logró ejecutar 66.5 millones, es decir, un 26.9 %. Se trata de uno de los niveles más bajos del aparato público, junto al Ministerio de Educación, lo que refleja la limitada capacidad de ejecución de proyectos en un sector clave como el agua y saneamiento.
Diputados como Roberto Zúñiga, de la bancada de Vamos, cuestionaron en su momento la gestión del exdirector del Idaan por su baja ejecución y falta de respuesta ante crisis puntuales, así como por las deficiencias en el servicio y la ausencia de planes a largo plazo en materia de agua potable y alcantarillado.
Otros desafíos
Además de los temas administrativos y de ejecución presupuestaria, el exdirector de Conades deberá garantizar el abastecimiento continuo de agua, una tarea que en la práctica se traduce en sectores que, en temporadas secas, pueden pasar días con baja presión o sin servicio, especialmente en zonas de alta demanda como Panamá Este —con medio millón de habitantes— o San Miguelito, con unos 300 mil, donde la capacidad de almacenamiento no siempre alcanza a cubrir el consumo.

A esto se suma el problema de las pérdidas en la red, un fenómeno silencioso pero constante. En distintos puntos del país, el agua se pierde por tuberías deterioradas o fugas subterráneas que no se detectan a tiempo, lo que provoca que el recurso nunca llegue a los hogares pese a haber sido potabilizado y distribuido.
El tercer reto está en la infraestructura envejecida. Plantas potabilizadoras como la de Chilibre, que abastece a las áreas metropolitanas, operan con equipos que han superado su vida útil, lo que obliga a constantes reparaciones y limita la eficiencia del sistema. Esta condición estructural se combina con la baja ejecución de proyectos de inversión, donde los recursos asignados para modernización o expansión no siempre se traducen en obras terminadas.
En paralelo, el Idaan también enfrenta el desafío de ampliar la cobertura del servicio. Comunidades de Panamá Oeste, Darién y otras zonas rurales todavía dependen de carros cisterna o soluciones temporales, lo que evidencia la brecha entre la red formal y la realidad del territorio.
El déficit de agua potable en Panamá Oeste, especialmente en Arraiján y La Chorrera, es una crisis estructural crónica que afecta la calidad de vida y el desarrollo urbano. Se estima que al menos el 10 % de los 600,000 habitantes (unas 60,000 personas) no recibe agua de forma continua, debido al crecimiento desordenado y a la insuficiencia de la infraestructura.
En su primera intervención, Tercero reconoció el peso de una institución que calificó como “la más sensible” del país y apeló a la necesidad de trabajar en conjunto con el Ejecutivo.
Sin embargo, más allá de las declaraciones iniciales y las expectativas que rodean su gestión, será el desarrollo de los hechos el que finalmente determine si logra responder a la magnitud del desafío. El tiempo, como suele ocurrir en estos casos, tendrá la última palabra.

