Gran parte de los países del Caribe anglófono culminan 2022 con economías en apuros, altos niveles de criminalidad y aún recuperándose de los efectos de la pandemia de la covid-19, que durante dos años afectó severamente a la región.
Aunque las fronteras reabrieron este año, tras ser clausuradas por la pandemia, y se volvió poco a poco a la normalidad, los países caribeños vieron sus economías lastradas por la inflación provocada por la guerra en Ucrania, debido a que son mayoritariamente importadores netos de alimentos y combustible.
En Bahamas, un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) de la ONU estimó que la pandemia provocó pérdidas de 9 mil 500 millones de dólares, así como la merma de decenas de miles de empleos y efectos a largo plazo en el sector turístico.
Pese a que 2022 arrancó con algunas señales esperanzadoras en la recuperación económica, luego de que se viviera la peor recesión en más de un siglo, los expertos auguran que eliminar las cicatrices de esta crisis tomará tiempo y esfuerzo.
La pobreza y la desigualdad social y económica aumentó y solamente el sector laboral se recuperó parcialmente, mientras que los esfuerzos gubernamentales para mitigar los efectos de la pandemia llevaron a un aumento de la deuda pública y de los desequilibrios macroeconómicos.
En julio pasado, el Fondo Monetario Internacional (FMI) dijo que las economías caribeñas que dependen del turismo continuarán recuperándose, pero más lentamente de lo anticipado.
De acuerdo con el FMI, algunos de los países que dependen del turismo como Bahamas, Jamaica, Antigua y Barbuda, Dominica, Granada, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas y San Cristóbal y Nieves registraron un crecimiento económico del 7.8%, después de que en el punto álgido de la pandemia sufrieran una caída del 14.7%.
