América Latina y el Caribe atraviesan uno de los momentos de mayor crecimiento de su historia en transporte aéreo, pero lo hacen sobre una base frágil: aeropuertos congestionados, infraestructura rezagada, altos costos operativos y marcos regulatorios inestables.
Esta paradoja —una región con enorme potencial turístico y una demanda creciente de viajes, pero con limitaciones estructurales— fue el eje central del panel “Cielos Abiertos: Infraestructura Aeroportuaria y Conectividad en ALC”, en el marco del organizado por CAF.
De acuerdo con la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA), más del 54% de los aeropuertos de la región opera hoy en condiciones de congestión, un factor que limita la apertura de nuevas rutas, eleva los costos y reduce la competitividad frente a otras regiones del mundo.
Crecimiento que choca con la infraestructura
Peter Cerdá, vicepresidente regional de IATA para las Américas, subrayó que la región vive un punto de inflexión: en la última década, la conectividad aérea en América Latina creció 19%, mientras que 40 millones de personas volaron por primera vez. Solo entre 2024 y 2025, la apertura de nuevas rutas aumentó 18% más que en cualquier otra región a nivel mundial.

Sin embargo, advirtió que este crecimiento enfrenta límites claros. “La mitad de nuestros aeropuertos, alrededor del 54% ya está congestionado. Ese es un reto real para sostener la expansión”, señaló, al tiempo que alertó que las aerolíneas deben decidir dónde colocar activos estratégicos como los aviones, en un contexto global de restricciones en la cadena de suministro.

Cerdá insistió en que el mayor obstáculo no es la demanda, sino la falta de previsibilidad regulatoria. En una industria intensiva en capital, explicó, las aerolíneas no toman decisiones con horizontes de cuatro años, sino de décadas, por lo que los cambios frecuentes de políticas con cada nuevo gobierno generan incertidumbre y frenan inversiones.
Ezequiel Barrenechea, director de LATAM de Corporación América, advirtió que el crecimiento de la conectividad aérea en América Latina está poniendo a prueba a aeropuertos que operan bajo contratos de concesión diseñados hace más de dos décadas, cuando los niveles de tráfico eran muy inferiores a los actuales. Señaló que cerca del 90% del tráfico aéreo regional se gestiona bajo esquemas privados, muchos de los cuales carecen hoy de la flexibilidad necesaria para adaptarse a un sector dinámico y en rápida expansión, especialmente tras la implementación de políticas de cielos abiertos en varios países.

El ejecutivo destacó que la liberalización aérea ha generado nuevas rutas y operaciones en aeropuertos secundarios, como ocurrió en Argentina, donde se sumaron unas 270 operaciones semanales en ciudades que históricamente no concentraban tráfico internacional. Este crecimiento, afirmó, obliga a los operadores aeroportuarios a ampliar infraestructura mientras mantienen la operación diaria, lo que refuerza la necesidad de una coordinación estrecha entre gobiernos, aerolíneas y concesionarios, así como de revisar costos heredados —como tasas y cánones elevados— que afectan la competitividad del transporte aéreo en la región.
Costos, políticas aéreas y conectividad
Desde la perspectiva de las aerolíneas, María Luisa Navarro, directora senior de Relaciones con los Gobiernos de Copa Airlines, coincidió en que la liberalización aérea por sí sola no es suficiente. “La apertura de los cielos debe estar acompañada de políticas públicas coherentes, infraestructura adecuada y sostenibilidad”, afirmó.
Navarro destacó que, pese a los avances en acuerdos bilaterales en varios países, la región sigue enfrentando altos costos operativos, tarifas, impuestos y limitaciones de capacidad aeroportuaria que impactan directamente en el precio del boleto y en la cantidad de vuelos por habitante.

Aun así, reconoció que algunos países han dado pasos significativos. Argentina, por ejemplo, logró aumentar su conectividad en más de 20%, mientras que Perú y Ecuador avanzan en reformas para abrir sus mercados y atraer mayor competencia.
Tocumen y la carga aérea: un desafío paralelo
El crecimiento de pasajeros no es el único frente de presión. Felisa Pérez, directora de Operaciones del Aeropuerto Internacional de Tocumen, explicó que la carga aérea se ha convertido en un componente estratégico y no complementario.
En 2025, Tocumen movilizó más de 250.000 toneladas de carga, con un crecimiento del 15%, impulsado principalmente por operaciones de cargueros. Según Pérez, el reto no es elegir entre pasajeros o carga, sino diseñar un modelo que permita que ambos segmentos crezcan sin generar fricciones operativas.
“La carga necesita infraestructura independiente, accesos propios, ventanas operativas claras y procesos aduaneros eficientes”, señaló, subrayando la importancia de integrar la planificación desde el inicio y no como una solución posterior.
Aeropuertos, concesiones y coordinación regional
Desde la visión de los operadores aeroportuarios, se destacó que casi el 90% del tráfico aéreo de América Latina y el Caribe se gestiona bajo esquemas privados o de concesión, muchos de ellos diseñados hace más de dos décadas, cuando los niveles de tráfico eran significativamente menores.
Esto ha obligado a numerosos aeropuertos a adaptarse sobre la marcha a un crecimiento no previsto contractualmente. La coordinación entre gobiernos, aerolíneas y operadores aeroportuarios fue señalada como una condición indispensable para sostener la expansión sin deteriorar la calidad del servicio.
Turismo y conectividad: una relación inseparable
Zurab Pololikashvili, ex secretario general de la Organización Mundial del Turismo (ONU Turismo), recordó que sin conectividad aérea no es posible desarrollar el turismo, un sector que genera más de 6 millones de empleos en la región.

Destacó que casos como Panamá y Punta Cana demuestran que las políticas de cielos abiertos, combinadas con inversión en infraestructura, planificación de largo plazo y cooperación público-privada, pueden transformar economías enteras y posicionarlas en las redes globales.
Panamá como excepción regional
En medio de los desafíos regionales, Panamá fue citado reiteradamente como un caso excepcional. Con un mercado pequeño en términos poblacionales, el país logró consolidarse como un hub regional gracias a políticas estables, inversión sostenida, costos relativamente competitivos y una visión estratégica compartida entre el Estado y el sector privado.
Para los expertos, el contraste es claro: mientras gran parte de América Latina aún lucha por cerrar brechas de infraestructura y regulación, Panamá muestra que la conectividad aérea puede convertirse en un verdadero catalizador de desarrollo económico, turismo e integración regional cuando existe continuidad en las políticas y planificación de largo plazo.


