La decisión que tomó el miércoles la Reserva Federal (Fed) de subir en 25 puntos básicos los tipos de interés, hasta la horquilla del 3.75% al 4%, en su primera subida desde 2023, tiene un efecto directo sobre el bolsillo de los hogares estadounidenses: quienes tienen deudas pueden afrontar mayores costes de financiación, y quienes tienen dinero ahorrado pueden obtener mayores rendimientos.
El tipo de referencia de la Fed no determina directamente cuánto paga una familia por su hipoteca o por una tarjeta de crédito, pero el cambio suele trasladarse a la economía y termina afectando al coste de los préstamos y al rendimiento de los productos de ahorro.
Las hipotecas
El índice de referencia de Freddie Mac, que recoge semanalmente el promedio de las hipotecas fijas a 30 años, situó este tipo en el 6.76% el 10 de septiembre, frente al 6.71% de la semana anterior.
Según explica a la cadena CNBC el experto Joel Berner, los tipos de las hipotecas fijas a 30 años se mantendrán entre el 6.5% y el 6.7% durante 2026.
En Estados Unidos, muchos de los préstamos hipotecarios son a tipo fijo, por lo que una subida de la Fed no implica que aumente automáticamente la cuota mensual de quienes ya tienen una hipoteca contratada.
La subida de los tipos de interés afectará más a quienes buscan comprar una vivienda o refinanciar su préstamo, agrega Berner, ya que “los tipos hipotecarios responden a las condiciones de los mercados financieros y a las expectativas sobre la política monetaria”.
Créditos y tarjetas
El impacto puede ser más directo para quienes utilizan tarjetas de crédito o tienen préstamos con tipos variables.
Cuando aumentan los tipos, financiar una compra o mantener una deuda puede resultar más caro, lo que puede elevar los pagos mensuales de los hogares y hacer que algunas familias retrasen compras importantes o reduzcan su endeudamiento.

“Unos tipos más altos encarecen el crédito para los consumidores, especialmente en productos como las tarjetas de crédito, y pueden hacer que los hogares sean más cautelosos a la hora de asumir nuevas deudas”, señala el analista David McMillin a CNBC.
El lado positivo para los ahorradores
Por otra parte, la subida de tipos también puede beneficiar a quienes tienen dinero ahorrado. Los bancos pueden elevar la remuneración de depósitos o cuentas de ahorro para atraer y retener fondos.
Esto, sin embargo, no es automático y depende del producto y de cada entidad, indica McMillin, y añade que los consumidores podrán aprovechar tipos más elevados para obtener una mayor rentabilidad por su dinero en determinados productos.
¿Y los precios?
El objetivo de la Fed al elevar los tipos es, entre otros, contribuir a reducir la inflación, que se situó en el 3.4% interanual en agosto, por encima del objetivo del 2% del banco central.
Según explica el propio organismo, unos tipos más altos encarecen el crédito y pueden reducir los incentivos de hogares y empresas para endeudarse, gastar e invertir.
El efecto sobre los precios, sin embargo, se produce con cierto retraso y depende de otros factores, como los costes de la energía.
El efecto sobre la economía
A más largo plazo, unos tipos elevados pueden ralentizar la actividad económica: si las familias gastan menos y las empresas reducen sus inversiones, la demanda puede perder fuerza y las compañías pueden moderar las contrataciones.
La subida de los tipos también puede repercutir en los mercados, ya que unos tipos más altos pueden hacer más atractivos los bonos del Tesoro y otros activos de renta fija frente a las acciones.
