Tres hombres menores de 30 años. Tres historias aterradoras de lo que fueron siete días cruzando la selva del Darién. Y decenas de razones para huir de la Venezuela convulsionada y pobre, que es la única versión que ellos conocen.
“No estamos locos. Lo que estamos es desesperados”, empezó por decir *Andrés, un joven de 21 años, que físicamente se ve fuerte e imponente, pero en cuya voz se cuela la edad de quien debería estar pensando en el amor romántico o en clases universitarias.
En cambio, Andrés está tras una reja de ciclón, bajo el sol inclemente del mediodía panameño, relatando la travesía frustrada de llegar ilegalmente a Estados Unidos, saliendo por tierra desde Venezuela, pasando por el cordón de países centroamericanos, llegar a México, y luego tener que retornar hasta hallarse nuevamente en Panamá, ahora en un refugio.
“Estamos tan desesperados que nos arriesgamos a morir por encontrar una mejor oportunidad de trabajo... y de vida”, dijo.
Salió de Venezuela teniendo empleo, pero viviendo en total precariedad. “A diferencia de lo que sucedía en el pasado, el problema no es tanto la escasez. Ahora hay comida en los supermercados, pero no todos podemos comprar lo que realmente necesitamos comer. Entonces, huir es cuestión de supervivencia”, comentó.
Antes de marcharse, trabajó como mensajero hasta reunir los $2,000 que le permitirían atravesar las inclemencias de la selva, el cobro de las mafias y el atraco a los desesperados. “Nos encontramos con indígenas y con otros grupos que nos amenazaron y hasta nos robaron, pero qué puedes hacer cuando el lodo te llega a las rodillas, cuando no sabes dónde estás parado”, dijo.
*Pablo, su compañero de refugio y un completo desconocido hasta verse ambos en calidad de migrantes, salió de Venezuela con un grupo de 1,500 personas. En la selva murieron 14 del pelotón.
“Se rindieron y no pudieron seguir caminando... Los vimos morir, pero no hubo forma de ayudarlos”, expresó en tono triste, pero con la actitud de quien sabe que la muerte es una opción que se baraja cuando cruzas el Tapón del Darién, una región selvática, húmeda y pantanosa, ubicada en la frontera entre Colombia y Panamá.
*Felipe, 26 años. Técnico superior en administración. “Si te digo que al mes me podía ganar $28 y el kilo de carne cuesta $9, qué sentido tenía seguir así”.
“La gente cree que todos los que estamos aquí somos delincuentes, pero muchos tenemos educación, aunque no nos sirve de nada porque no hay futuro en Venezuela”, recalcó, mientras cuenta lo que fue atravesar 100 kilómetros de selva espesa, sin agua, con la piel tapizada en picaduras y el cruce de ríos, cuya corriente se llevó a varios compañeros de travesía. “Mes y medio de trayecto desde Venezuela hasta México para nada”.
¿Te arrepientes?
“Sí, porque no lo logré y porque en las redes sociales la gente hace ver que el cruce es menos peligroso de lo que realmente es. Pero son días de terror. Nunca lo volvería hacer”, sentenció.
Al igual que otros 600 venezolanos que están a sus espaldas, ellos esperan salir del refugio temporal, ubicado en la ciudad de Panamá, en vuelos humanitarios hacia Venezuela. Llegarán con menos de los que tenían cuando abandonaron su país.
En Venezuela no se publican estadísticas oficiales sobre los movimientos migratorios. De allí que se desconoce la dimensión de la población que ha dejado el país y de eventuales flujos de retorno.
Sin embargo, un estudio reciente, publicado por la Universidad Católica Andrés Bello, con información de 2021, da cuenta que desde 2015 hasta el año pasado, casi la mitad de quienes dejaron el país eran jóvenes de 15 a 29 años, y 90% si se considera el tramo de 15 a 49 años. La principal razón de emigrar es la necesidad de un empleo.
Se calcula que entre 2015 y 2021 salieron de Venezuela 5.5 millones de personas, un éxodo tan grande que, guardadas proporciones, equivaldría al destierro de todos los habitantes de Panamá.
Según Análisis de Necesidades de Refugiados y Migrantes (RMNA), en total, hay 7.10 millones de venezolanos alrededor del mundo. De este total, 5.9 millones están en América Latina y el Caribe.

Según el reporte de la Universidad Católica Andrés Bello, en Venezuela el 94% de la población está bajo el umbral de la pobreza, de los cuales, el 76.6% vive en la miseria.

Leonardo Vera, profesor de la escuela de Economía de la Universidad Central de Venezuela, explicó a este diario que hay una razón fundamental que explica esto: No se encuentran trabajos de calidad en la economía venezolana y en los pocos empleos que hay, los sueldos no alcanzan para cubrir los gastos.
“Los jóvenes no tienen perspectivas futuras de tener acceso a vivienda, vehículos y una mejor calidad de vida”, precisó.

No hay estadísticas oficiales, pero los esfuerzos de las organizaciones y los estudios académicos reflejan que los salarios no llegan a $150 al mes. El economista José Guerra habló con La Prensa sobre “una burbuja económica que solo alcanza a 20% de la población”.
Sus palabras se alinean con lo que también explicó Vera cuando mencionó que la recuperación económica ha sido desigual. Se están generando dos mundos: el de la capital y el que está en el interior del país, donde predomina el estancamiento, la falta de oportunidades y donde hay pueblos fantasmas. Todo eso está llevando a una parte de la población a migrar”.
En cuanto a las distorsiones que genera la desigualdad, Luis Vicente León, presidente de Datanálisis, mencionó a la Venezuela dolarizada, cuando se observan los precios en el supermercado, mientras que se reciben los salarios en bolívares, entendiendo que hay una gran población que no tiene ingresos en moneda extranjera.
El desplome económico
En el contexto que enmarca su estudio, la Universidad Católica Andrés Bello precisa que en el período 2014-2020 el producto interno bruto real mostró una reducción acumulada del 74%.
Ha mermado la capacidad de producción, hay un colapso de la renta petrolera, persistencia de una elevada inflación que deviene en hiperinflación desde 2017, reducción del empleo, incremento de la informalidad y destrucción del poder de compra.
León expresó que la ola migratoria en estos momentos es por necesidad económica y social más que política, como sucedía hace algunos años.
Guerra pone la estocada al indicar que las condiciones de vida en Venezuela no han mejorado y no son buenas para que la gente decida quedarse. “Se ha creado una situación en la que hay gente que prefiere arriesgar la vida que estar en Venezuela”.
Y esto no es un problema únicamente de Venezuela; atañe a todo el continente.
* Andrés, Pablo y Felipe son nombres ficticios a petición de los entrevistados.

