La pandemia del nuevo coronavirus no solo tuvo un efecto inmenso en la región en la forma de vidas perdidas y retroceso económico, además exacerbó una serie de desigualdades que ya eran notorias en el continente.
Cuando las economías han retomado en términos generales los niveles de producción anteriores a la crisis, uno de los grandes desafíos que enfrenta la región pasa por reducir las desigualdades y resolver las necesidades de las poblaciones, ya que la falta de respuesta por parte de los gobiernos puede propiciar la irrupción de más regímenes de carácter autoritario y populista.
Estas son algunas de las ideas planteadas durante la 26 Conferencia Anual CAF, que organiza CAF- banco de desarrollo de América Latina junto al Diálogo Interamericano y a la Organización de los Estados Americanos, que tuvo lugar los días 1 y 2 de junio en Washington, D.C., Estados Unidos.
Christian Asinelli, vicepresidente corporativo de Programación Estratégica de CAF, se refirió a las brechas en la región en materia social, en infraestructuras y en acceso a la tecnología.
“La pandemia nos demostró la cantidad de brechas en temas tecnológicos que tenemos”, y en momentos en que se produjo un crecimiento exponencial del teletrabajo, la telemedicina o la educación a distancia, se hizo muy notoria la cantidad de gente que no tuvo acceso a esos servicios por no disponer de las herramientas tecnológicas, planteó.
En materia de inversión en infraestructuras, por ejemplo, muchos recursos se tuvieron que destinar a atender las necesidades generadas por la pandemia, reduciendo así la capacidad de ejecutar las inversiones que estaban planificadas anteriormente en una región con necesidades anuales de inversión que se estiman en $600,000 millones, una cifra que no se puede cubrir con los recursos de los gobiernos ni los financiamientos otorgados por entidades multilaterales.

Asinelli hizo referencia al informe “Desigualdades heredadas”, elaborado por CAF, en el que se analiza cómo las desigualdades sociales persisten entre generaciones de manera que, especialmente entre los grupos más humildes, con el paso de generaciones se transmiten los niveles de pobreza y de falta de educación.
El reporte señala que “la escasa movilidad social es un problema importante para América Latina y el Caribe. Y lo es no solo por sus consecuencias sobre la equidad, sino también por su impacto en otros componentes centrales del desarrollo económico, como el crecimiento y la estabilidad político-institucional”.
Rebecca Bill Chavez, presidenta y directora general del Diálogo Interamericano, un think tank con sede en Washington, comentó que además de ampliar las brechas existentes, la pandemia deshizo muchos de los avances que se habían logrado en las últimas décadas, por ejemplo en lo que se refiere a la construcción de una clase media.
A consecuencia de la crisis, muchas familias que habían logrado avanzar en su nivel de ingreso regresaron al lugar donde estaban anteriormente.
En un entorno de mayores necesidades para la población y de malestar social, en el foro quedó constancia de las preocupaciones sobre la salud de la democracia en la región.

Bill Chavez se refirió a la caída en los niveles de satisfacción popular con la democracia, mientras crece la aceptación de tendencias de corte más autoritario.
Una razón para que esto suceda es la percepción de que la democracia no cumple en el sentido de resolver necesidades elementales de la población, como la seguridad física o económica.
En un sentido similar se manifestó la expresidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla, que también conversó con La Prensa en el marco del foro.
Chinchilla señaló que estudios de medición como el Latinobarómetro han mostrado un desencanto con la democracia cada vez más acentuado. Las instituciones más cuestionadas son los partidos políticos y las asambleas, y además existe la percepción de que se gobierna para las élites.
Este puede ser el caldo de cultivo para la irrupción de líderes populistas. Y cuando al populismo se unen personalidades autoritarias, entonces el efecto es más pernicioso, sostuvo Chinchilla. “Estamos atrapados en una especie de círculo vicioso, en donde a más frustración, más probabilidades de que los líderes más populistas sean los que ganen y en consecuencia mayor deterioro democrático se ocasione”, planteó.
Por eso, los países que todavía no están en esa situación tienen el desafío de hacer que las democracias, además de un conjunto de valores y principios, sean una respuesta efectiva para la gente, particularmente después de las heridas que dejó la pandemia.
Además, se debe gobernar con más integridad, dijo, porque mucha de la frustración ciudadana tiene que ver con la percepción de corrupción.
Uno de los efectos colaterales de la pandemia fue el deterioro de las finanzas públicas, lo que resulta en un menor espacio fiscal, es decir, menos capacidad para efectuar gastos.
En esta tesitura, Chinchilla dijo que lo más grave sería “recurrir a la resignación de que no podemos gastar…Eso sería un error, casi suicida para los sistemas políticos latinoamericanos”.
En contrapartida, plantea que hay margen para hacer ajustes fiscales pidiendo un poco más a sectores que no están contribuyendo como deberían, y además impulsar políticas de mayor austeridad en gastos que no son prioritarios.
Los países pueden recurrir también a los organismos financieros regionales para obtener recursos y a las alianzas público-privadas para incorporar capital privado y ejecutar inversiones con un impacto social.
El drama de la migración
Un fenómeno que refleja las dificultades por las que atraviesan muchos ciudadanos latinoamericanos es la ola migratoria que se vive en la actualidad.
Chinchilla dijo que hay varias causas detrás de esta crisis. “Tenemos problemas de gobiernos o estados fallidos, como Venezuela o Nicaragua. Mientras no haya un cambio drástico, la gente va a seguir huyendo de esos países”, planteó.

Además, buena parte de la migración en los países del triángulo norte de Centroamérica es provocada por la violencia de las pandillas. Y, en tercer lugar, se refirió al impacto del cambio climático en lugares como el corredor seco centroamericano, que se traduce en mayores migraciones porque las familias tienen menos posibilidades de vivir de la producción de las tierras.
La expresidenta abogó por resolver los problemas de fondo que causan la migración y por promover un diálogo regional para lograr una política de acogida más humana.
“Duele el alma ver a los migrantes vagando por las ciudades… Cada país lo único que quiere es que pasen rápido al país siguiente para deshacerse de ellos. Es dramático lo que está pasando”. Los desafíos que enfrenta la región son enormes: migración, cambio climático, crecimiento económico y seguridad, entre otros. Son retos, como señala Bill Chavez, que enfrentamos como hemisferio, porque trascienden las fronteras y por lo tanto deben ser abordados de manera conjunta.

