Luego de tres años de sequía, que desde el 2020 ha azotado al país, el gobierno de Uruguay declaró el pasado 19 de junio una crisis de agua potable para el área metropolitana de la ciudad de Montevideo, capital uruguaya con una población de 1.7 millones de habitantes.
El agua que sale de los grifos en Montevideo es altamente salina, porque la institución pública que administra el servicio del agua potable tuvo que adoptar medidas drásticas. En tiempos normales, el 100% de la población de Montevideo recibe agua potable de un embalse denominado Paso Severino, que se alimenta con agua dulce del río Santa Lucía. Este embalse diseñado para reservar 67 millones de metros cúbicos de agua, tenía el pasado 10 de julio solo 1.9 millones de metros cúbicos, aunque en esa semana cayó una sorpresiva lluvia de verano de 76 milímetros que alivió en algo la situación. Según la BBC el gobierno uruguayo ha implementado un programa para entregar agua embotellada a unas 500 mil personas.
La salinidad del río Santa Lucía se debe a la decisión estatal de mezclarlo con agua del río de La Plata, un cuerpo de agua altamente contaminado. Para hacer que esto funcionara el gobierno uruguayo modificó la regulación del agua potable para más que duplicar la cantidad de sodio que podía tener el agua para consumo humano, de 200 miligramos por litro a 440. En el caso del cloruro el aumento fue de 250 miligramos por litro a 720. El resultado es que el agua es de muy mala calidad y las autoridades sanitarias recomendaron a las mujeres embarazadas, personas con diabetes, pacientes de hipertensión, enfermedades renales o cirrosis, evitar por completo consumir el agua del grifo según registra Infobae.
Sequía o saqueo
De acuerdo con información publicada por la Inter Press Service, el Instituto de Ecología y Ciencias Ambientales de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República, identificó 486 embalses privados que se abastecen del río Santa Lucía. Igualmente, este centro de investigación determinó que al menos la mitad del agua de la cuenca alta del río era consumida por plantaciones de eucaliptos usadas para la producción de celulosa, una de las principales exportaciones del Uruguay.
En las calles de Montevideo se han escenificado protestas y manifestaciones en las que se denuncia el saqueo del agua, y el negociado con los recursos hídricos. Según Infobae desde el 2013, los gobiernos uruguayos consideraron la alternativa del embalse de Casupá por un costo de unos 100 millones de dólares para aumentar la capacidad de reserva del río Santa Lucía en unos 118 millones de metros cúbicos. Sin embargo, el gobierno del presidente Luis Lacalle Pou prefiere apoyar un proyecto privado denominado Neptuno, por el cual se potabilizaría agua proveniente del contaminado río de La Plata, y se le vendería al Estado uruguayo a razón de unos 41 millones de dólares al año.
La paradoja de que Uruguay, un país rodeado de ríos caudalosos, y que es reconocido como un líder en políticas sociales se enfrente a la escasez de agua potable, solo tiene una explicación, que como lo registró el diario El País, dijo el expresidente uruguayo José Mujica “Se me van a enojar, pero nos dormimos todos”.
Uruguay es hoy el aviso de lo que puede suceder en Panamá en unos meses cuando los efectos más severos de El Niño castiguen al país. Esto significa menos agua dulce para la producción de agua potable, menos agua para el cruce de barcos por el Canal de Panamá, que redujo el pasado martes 25 de julio la cantidad de navíos que pueden cruzar a solo 32 por día del promedio de 36 que solía transitarlo.
La falta de agua representa menos generación de energía de las hidroeléctricas, y por supuesto menos agua para las actividades agropecuarias. El gobierno nacional no tiene la excusa del expresidente Mujica, hay demasiadas señales y avisos de que lo que viene no nos dejará dormir a los panameños.

