En tiempos como los actuales donde el activismo institucional cobra gran relevancia y las múltiples agendas tratan de conquistar espacios para liderar la conversación pública, los voceros oficiales de las instituciones y grupos organizados asumen una gran responsabilidad y están llamados a actuar con transparencia, buena voluntad y ser promotores del diálogo.
El vocero puede definirse como aquella persona que habla en nombre de otros. En este sentido, el vocero tiene una responsabilidad que trasciende lo personal.
Un vocero formal debe comprender claramente su rol y el contexto en el que participa. Sus declaraciones no deben estar basadas en aseveraciones personales, sino en posiciones institucionales. Para ello, debe estar preparado para comunicar en el plano de los argumentos y evitar discusiones en el plano de las opiniones.
Los voceros deben expresar los valores de la institución que representan, la posición del colectivo frente a situaciones externas o internas, deben ser reflejo de las creencias y visión de su organización. Por ello, su desempeño y su discurso debe estar amparado en acuerdos compartidos y no en procesos individuales y/o espontáneos de comunicación.
Cuando un vocero elegido por un grupo o una institución actúa de forma unilateral e improvisada, desvirtúa y atenta contra los principios que fundamentan la institución que representa y que le ha dado el poder de la palabra, en algunos casos destruyendo el tejido social que las une.
En esencia, no se pretende restringir la libertad de expresión, pues cada persona es libre de creer y apoyar lo que bien desee, pero cuando se asume el rol de vocero formal éste debe enfocar los procesos de comunicación públicos dando prioridad a los intereses y agenda del grupo, sacrificando posturas o agendas personales.
El vocero es un canal de comunicación que debe comprender su rol, sus límites y su responsabilidad, con base en objetivos colectivos que debe respetar.
El vocero formal de una organización es un motor de la confianza y su rol suma o resta a la misma de acuerdo a cómo sea su desempeño público, por ello su credibilidad es su principal activo.
La vocería estratégica es mucho más que una persona con “habilidad verbal”, es otorgar rostro a un grupo social y entregar a un individuo el poder de la representación, la expresión de las creencias, valores y decisiones de ese grupo.
Algunos elementos que los voceros deben cuidar son: ser genuinos, alinear sus mensajes a las políticas y los objetivos de la organización que representa, siempre decir la verdad, conocer las características de sus distintas audiencias, utilizar un lenguaje apropiado que facilite la comprensión de los temas tratados.
También debe tener claridad y argumentos sólidos de los mensajes clave que desea comunicar, estar dispuesto a atender las demandas de información de sus distintas audiencias, cultivar relaciones honestas, estables y respetuosas con sus distintas audiencias y comprender la realidad de los medios de comunicación como agentes de información.
El autor es consultor en comunicación estratégica.
