La operación ejecutada por Estados Unidos el pasado 3 de enero, que derivó en la captura de Nicolás Maduro y posteriormente generó la juramentación de Delcy Rodríguez como presidenta interina de Venezuela, incrementó la incertidumbre política y geopolítica en la región, aunque sin efectos inmediatos significativos sobre los mercados crediticios ni los precios internacionales del petróleo, de acuerdo con un informe de Moody’s Ratings.
En su más reciente análisis sobre riesgo político y el sector global de petróleo y gas, la calificadora señala que Venezuela continúa enfrentando una gobernanza frágil, altos riesgos institucionales y una severa restricción operativa en su industria energética, encabezada por Petróleos de Venezuela (Pdvsa), empresa que permanece en incumplimiento de pagos desde 2017.
Pdvsa con alta mora y baja capacidad operativa
Moody’s recuerda que el Estado venezolano y Pdvsa acumulan atrasos por unos 37,200 millones de dólares, entre capital e intereses impagos, lo que limita de forma estructural su acceso a financiamiento y su capacidad para atraer inversiones de gran escala.
“Los pagos de intereses no realizados han alcanzado los 22,100 millones de dólares, junto con pagos de capital no realizados de 15,100 millones de dólares”, detalla el informe de Moody’s.

Aunque Venezuela posee las mayores reservas probadas de crudo del mundo, su producción ronda apenas 1.1 millones de barriles diarios, muy lejos de sus máximos históricos y equivalente a menos del 1% del suministro global.
Cualquier aumento sustancial de la producción, advierte la calificadora, requeriría años de inversión, reconstrucción de infraestructura, mejoras en seguridad y garantías contractuales sostenidas en el tiempo.
Chevron y petroleras internacionales, con expectativas cautelosas
El cambio político ha reavivado el interés de compañías estadounidenses e internacionales, entre ellas Chevron, ExxonMobil, ConocoPhillips, Repsol y Eni, pero Moody’s subraya que el atractivo de Venezuela para grandes inversiones dependerá de una mejora tangible y prolongada en la estabilidad política y el respeto a los contratos, es decir, a las garantías que se den para la seguridad jurídica.
Repsol y Eni mantienen operaciones limitadas en el país y acumulan cerca de 6,000 millones de dólares en cuentas por cobrar a Pdvsa, según recalca Moody’s, un riesgo que podría traducirse en ajustes contables si la petrolera estatal no logra cumplir con esos compromisos, aunque sin afectar de forma material la calidad crediticia de estas empresas.

El análisis de la agencia de riesgo, precisa que en el corto plazo, el eventual envío de crudo venezolano a Estados Unidos beneficiaría modestamente a refinerías de la costa del Golfo especializadas en crudos pesados, pero no alteraría los fundamentos globales del mercado petrolero.
Impacto regional y geopolítico
Moody’s considera que la acción unilateral de Estados Unidos en Venezuela marca un giro hacia una política exterior más intervencionista, con implicaciones geopolíticas para América Latina, especialmente en un año electoral clave para países como Perú, Colombia y Brasil.
Si bien la exposición directa de bancos y empresas no petroleras a Venezuela es mínima, la calificadora advierte que una eventual inestabilidad prolongada podría generar efectos indirectos en migración, turismo y comercio regional, además de reforzar un entorno de mayor incertidumbre política.

En síntesis, Moody’s expresa que Venezuela seguirá siendo un foco de riesgo elevado, donde el potencial petrolero continúa condicionado por la debilidad estructural de Pdvsa, la falta de confianza institucional y un proceso de reconstrucción que, de concretarse, tomará varios años.
Además, el informe de la agencia calificadora, advierte que “la gobernanza y la estabilidad de Venezuela son precarias, y una posible ruptura dentro de las diferentes facciones del poder podría desencadenar una agitación económica y política”.
Sistema financiero limitado
Moody’s señala que la exposición de empresas no petroleras, bancos y aerolíneas a Venezuela es extremadamente limitada, por lo que no anticipa impactos crediticios relevantes fuera del sector energético.
La calificadora destaca que pocas compañías extranjeras mantienen operaciones significativas en el país y que, incluso entre aquellas con presencia comercial, la generación de ingresos es marginal.
En el caso del sistema financiero, los bancos latinoamericanos, incluidos los de Colombia, Centroamérica y Panamá, tienen poca o ninguna exposición directa a Venezuela, mientras que los bancos chinos concentran un nivel de riesgo crediticio reducido y manejable dentro de sus balances.

En cuanto a la banca venezolana, Moody’s precisa que los principales bancos privados del país, como Mercantil, Banesco y Banco Provincial, han desarrollado franquicias en mercados como Florida, Panamá, España y República Dominicana, las cuales operan de manera independiente y separada de sus casas matrices en Venezuela, limitándose los vínculos al uso de marca y a participaciones accionarias similares, sin implicaciones crediticias relevantes para las entidades fuera del país.

