¿Qué ha pasado con la deuda pública de Venezuela? ¿Se podrá recuperar parte de la inversión? ¿Habrá o no una reestructuración? Con el cambio político y económico, acreedores internacionales y locales siguen de cerca cada movimiento del gobierno de transición y las directrices de Estados Unidos, en un contexto que podría redefinir uno de los mayores procesos de reestructuración de deuda soberana en la región.
Antonino Ciulla, managing director y socio en AV Securities Inc., explicó durante el foro “Venezuela: retos, oportunidades y perspectivas de inversión”, organizado por La Prensa junto a AV Securities y Hamilton Reserve Latam, que el país caribeño suma casi una década en default —desde 2017—, acumulando obligaciones por pagar que, según estimaciones del mercado, oscilan entre los $150 mil millones y $170 mil millones, dependiendo del cálculo de intereses y litigios. En su análisis, sitúa la deuda en torno a los $161 mil millones, incluyendo capital e intereses acumulados tras años de impago.
“El país tiene nueve años en default, nueve años que ha incumplido sus compromisos”, recalcó Ciulla, al destacar que uno de los elementos clave del análisis es el crecimiento de los intereses vencidos. Explicó que los acreedores no solo reclamarán el capital original, sino también los cupones acumulados: “cuando haya una reestructuración, va a ir a pedir el doble”, lo que eleva significativamente el tamaño real de la deuda.
De acuerdo con el especialista, el mercado de bonos venezolanos ya comienza a reflejar este cambio de expectativas.
Durante los peores años de sanciones y pandemia, los títulos llegaron a cotizar prácticamente sin valor, con niveles cercanos al 1% o 5% de su precio nominal. Hoy, en un escenario más optimista, los bonos se ubican en rangos de entre 35 y 60 centavos por dólar, dependiendo del emisor y el vencimiento, lo que sugiere que el mercado anticipa algún tipo de recuperación.

El atractivo, sin embargo, no está exento de riesgos. Ciulla explicó que una eventual reestructuración implicaría un recorte de entre 30% y 50%, junto con nuevas condiciones financieras. Aun así, este escenario podría generar valor para inversionistas que entren a precios actuales. “Puede que haya valor ahí”, señaló, en referencia al tratamiento de los intereses acumulados, conocidos como past due interest (PDI), que podrían ser reconocidos en condiciones similares al capital.
Antonino Ciulla advirtió que la economía venezolana sigue lejos de recuperarse, recordando que el PIB del país aún está 40% por debajo de los niveles de 1998. https://t.co/Jv0CT2FvT1 pic.twitter.com/nBl56to1ap
— La Prensa Panamá (@prensacom) April 15, 2026
En paralelo, el mercado de valores venezolano también ha mostrado señales de reactivación, aunque con limitaciones y valores más bajos. La Bolsa de Valores de Caracas pasó de una capitalización cercana a $1.3 mil millones a casi $16 mil millones, aunque con niveles de liquidez aún reducidos, que rondan los $60 mil diarios, frente a los apenas $4 mil registrados en los momentos más críticos. Este comportamiento refleja una recuperación incipiente, pero todavía restringida por barreras operativas y regulatorias.
Al cierre de marzo, la capitalización de mercado de valores de Venezuela se ubicó en $18 mil 394 millones, lo que representó un crecimiento de 8.17% con respecto al mes anterior.

Pese a este contexto, Ciulla lanzó una advertencia a los inversionistas: el entusiasmo debe ser moderado. “No hay activos baratos”, afirmó, al subrayar que parte de la recuperación ya está incorporada en los precios actuales. No obstante, reconoció que aún existe potencial al alza si se concreta una reestructuración ordenada y se estabiliza el entorno político y económico.
En ese sentido, la deuda venezolana deja de ser vista únicamente como un problema y comienza a posicionarse como una oportunidad de alto riesgo, donde el valor dependerá del desenlace político, la capacidad de negociación con acreedores y la reinserción del país en los mercados financieros internacionales.
Durante la ronda de preguntas, Antonino Ciulla abordó uno de los temas más sensibles para el mercado: el futuro de la deuda venezolana y el tiempo que tomará su reestructuración. Aunque evitó dar un plazo exacto, dejó claro que el país tiene incentivos para resolver esta situación. “Es muy difícil decir en qué periodo, pero está en su mayor interés resolver este tema para poder volver a los mercados internacionales”, señaló, al destacar que el acceso al financiamiento externo será clave para la recuperación económica.
Explicó que una eventual reestructuración dependerá en gran medida del contexto político y de la realización de procesos electorales que den mayor legitimidad al nuevo esquema económico. “Tiene que haber unas elecciones para que haya una reestructuración… eso te abre las puertas”, afirmó, al subrayar que este factor será determinante para avanzar en acuerdos con acreedores.

Sobre el valor real de los bonos, Ciulla profundizó en el impacto de los intereses acumulados tras años de impago. Indicó que un inversionista que hoy posee títulos por $100 mil, en realidad podría reclamar cerca de $195 mil en una negociación. “Como hay 10 años de intereses acumulados… le deben casi el doble”, explicó, al detallar cómo este componente puede influir en el resultado final de la reestructuración.
En cuanto al mercado de valores, advirtió que, aunque los bonos venezolanos ya son nuevamente negociables y presentan liquidez, el desarrollo del mercado accionario aún enfrenta limitaciones. “El mercado de bonos es muy líquido… pero la bolsa todavía necesita cambios legales y operativos”, señaló, al mencionar barreras como la obtención de bolívares y la baja profundidad del mercado local.
Finalmente, Ciulla reiteró que, pese a los riesgos, el interés del mercado es evidente. “Ya no hay sanciones para comprar bonos… cualquier persona del mundo puede participar”, indicó, al resaltar que el mercado venezolano vuelve a estar abierto para inversionistas, aunque bajo un escenario que exige cautela y análisis estratégico.
