El Tratado de Promoción Comercial (TPC) entre Panamá y Estados Unidos está en su fase final de desgravación, con octubre de 2030 como fecha tope para la liberación total de los últimos productos agrícolas sensibles.
El acuerdo, firmado el 28 de junio de 2007 y en vigor desde el 31 de octubre de 2012, avanza hacia un esquema en el que todos los bienes estadounidenses incluidos en el TPC ingresarán al país sin arancel, un escenario que reaviva advertencias del sector productivo y cuestionamientos desde las organizaciones de consumidores sobre los resultados concretos del pacto.
El calendario oficial de desgravación muestra que productos como la carne bovina deshuesada iniciaron en 2012 con un arancel de 25% y descendieron gradualmente hasta llegar a 0% en 2026. La carne de cerdo, que partió de 70%, también culminó en 0% en 2026.

El concentrado de tomate, que comenzó en 81%, mientras que la leche fluida, que arrancó en 60%, igualmente quedó en 0%. En el caso de los quesos, el arancel pasa de 30% en 2012 a 0% en 2028, según la tabla de desgravación. El rubro más sensible, los cuartos traseros de pollo, reduce su arancel progresivamente hasta octubre de 2030.
Ante este escenario, el presidente del Sindicato de Industriales de Panamá, Rosmer Jurado, señaló que “vienen varios productos de la producción nacional que van a quedar en cero arancel con el TPC de los Estados Unidos”.
Recordó que desde 2022 “ya todo lo que han sido productos industriales y de consumo han sido desgravados totalmente” y que en octubre de 2030 “se acaba el último sector, que es el sector de pollo, que va a tener una desgravación total”.
Jurado advirtió que la eliminación de aranceles representa un desafío para varios sectores productivos. “Estamos hablando de sectores como la carne bovina, la carne de cerdo, el concentrado de tomate y la leche fluida que ya están en cero”, afirmó.

Añadió que “los productos que vengan de Estados Unidos entran cero arancel dentro de estos rubros”, mientras Panamá enfrenta otras condiciones en el acceso al mercado estadounidense.
El dirigente industrial sostuvo que el impacto no se limita al agro. “El sector primario es el más afectado, pero el sector secundario, en este caso la industria, también va a ser afectado porque si desaparece una actividad por falta de competitividad, va a generar desempleo y puede obligarnos a importar materia prima”, dijo.
Señaló que la industria nacional buscará mantenerse encadenada con proveedores locales, pero insistió en la necesidad de “un acompañamiento, no solamente del Estado, sino también del sector privado” para mejorar la competitividad frente a mercados con mayores economías de escala.
En ese contexto, Jurado recordó que cuando se firmó el tratado existían fondos destinados a la reconversión del sector primario, pero afirmó que “esos fondos casi no se hicieron efectivos”.
A su juicio, no se puede dejar desprotegidos a los productores nacionales y se debe aprovechar la cooperación técnica prevista en acuerdos comerciales con Estados Unidos, la Unión Europea, Israel y Países Bajos para fortalecer la capacidad productiva antes de 2030.
En el sector avícola, el presidente de la Asociación Nacional de Avicultores de Panamá (Anavip), Luis Castroverde, señala que el pollo fue considerado un producto sensitivo durante la negociación del tratado.
Advirtió que “el mayor riesgo son las importaciones de muslo-encuentro de Estados Unidos, que entran por debajo de su costo de producción”. Afirmó que competir en esas condiciones es preocupante, especialmente cuando el mercado estadounidense permanece cerrado para exportaciones panameñas del mismo rubro.
Actualmente, el Ministerio de Comercio e Industrias (MICI) mantiene abierta una investigación para determinar si corresponde aplicar una medida de salvaguarda, ante la posible superación de los límites de importación de cuartos traseros de pollo (muslo-encuentro).
Una salvaguarda es una medida temporal que permite aplicar un derecho adicional de importación por un período limitado, con el objetivo de dar margen de ajuste a los productores locales frente a picos de importaciones que amenazan su viabilidad económica.

Entre 2018 y 2026 se han abierto más de 60 procesos de investigación relacionados con posibles salvaguardas bajo el TPC con Estados Unidos. Del total de estos procesos iniciados bajo el Mecanismo Especial de Salvaguarda Agrícola en el período 2018–2026, solo alrededor de una decena ha culminado en salvaguardas efectivamente aplicadas, principalmente en productos como quesos, carne de cerdo y arroz.
“Las amenazas están invariables, principalmente el daño inminente que pueden sufrir más de 150 pequeños productores avícolas frente al incremento de las importaciones de productos avícolas de Estados Unidos y las distorsiones comerciales que ellas acarrean en nuestro mercado, todo agravado por la falta de noticias sobre alternativas y soluciones técnicas que hemos planteado y sustentado para que fueran contempladas en la mesa de revisión del negocio agrícola en el marco del TPC con Estados Unidos, donde parece no se han dado avances”, comentó Castroverde.
TPC y consumidores
Desde el movimiento de consumidores, Giovanni Fletcher, de la Unión de Consumidores y Usuarios de la República de Panamá (Uncurepa) y presidente del Instituto Panameño de Derecho de Consumidores y Usuarios (Ipadecu), recordó que desde la etapa de negociación existía la expectativa de que el tratado ampliara la oferta y redujera precios sin afectar a la producción local.
Sin embargo, indicó que no cuentan con estudios científicos que midan el impacto real del acuerdo y sostuvo que, en la práctica, “el TLC no ha tenido un impacto significativo en la vida de la mayoría de las personas consumidoras de clase media”.

Fletcher añadió que el efecto de la eliminación total de aranceles dependerá de la forma en que el Estado implemente las medidas. Mencionó que existen normas que limitan la distribución de productos agropecuarios importados dentro de ciertos canales oficiales de comercialización, lo que podría impedir que eventuales reducciones de precios lleguen al consumidor final.
Intercambio comercial
Las exportaciones panameñas hacia Estados Unidos —excluyendo cobre— pasaron de $109.9 millones en 2020 a $133.5 millones en 2021. En 2022 se ubicaron en $127.2 millones, en 2023 subieron a $149.5 millones, alcanzaron $172.3 millones en 2024 y cerraron 2025 en $146.2 millones, según las cifras oficiales de la Oficina de Inteligencia Comercial (Intelcom), del MICI.
Por sectores, en el período acumulado analizado destacan la pesca con $358.1 millones, el sector agrícola con $214.1 millones, la agroindustria con $186.5 millones y la industria con $79.8 millones. La pesca lidera el aporte exportador, seguida por productos agrícolas frescos y procesados.

Entre las principales partidas exportadas a Estados Unidos figuran banano, azúcar en bruto, atún y otros productos del mar, sandías, cobias y otros pescados frescos o congelados. Solo el banano registró un valor de $137.2 millones, equivalente al 16.4% del total exportado bajo el régimen arancelario nacional. El azúcar en bruto representó $89.8 millones (10.7%) y el atún $72.5 millones (8.6%), según el detalle por partida.
En términos de régimen comercial, el grueso de las exportaciones panameñas hacia Estados Unidos se realiza bajo el TPC. Las cifras muestran $833.9 millones exportados al amparo del tratado, frente a apenas $4.7 millones sin tratado, lo que evidencia la utilización del acuerdo como marco preferencial para el acceso al mercado estadounidense.
Sin embargo, el contraste es más evidente del lado de las importaciones. Entre las principales mercancías importadas desde Estados Unidos figuran maíz amarillo por $770.3 millones, carburantes tipo diésel por $679.5 millones, harinas de tortas y residuos sólidos de soya por $602.2 millones, gasolina sin plomo por $390.2 millones y trigo duro por $267.0 millones.
También aparecen aceites lubricantes, cerveza de malta, gasolina de otros octanajes, bolas y artículos similares para molinos, y carburantes para reactores y turbinas. El grupo denominado “otras mercancías” supera los $12,605 millones, lo que refleja la amplitud y volumen de la canasta importada desde Estados Unidos.
La ficha técnica de Intelcom confirma que la balanza comercial ha sido históricamente deficitaria para Panamá en su intercambio con Estados Unidos, un patrón consistente a lo largo de los años. El volumen de importaciones supera ampliamente el de exportaciones, lo que consolida a Estados Unidos como uno de los principales proveedores del mercado panameño.
En el período 2020–2025 fue ampliamente deficitario para Panamá. Mientras las exportaciones panameñas —excluyendo cobre— sumaron $838.6 millones en esos seis años, las importaciones desde Estados Unidos superaron al menos los $12,605 millones solo en el renglón de “otras mercancías”, sin incluir partidas relevantes como maíz amarillo ($770.3 millones), diésel ($679.5 millones) o harinas de soya ($602.2 millones).
Esto implica un déficit comercial acumulado no menor a $11,766 millones en ese período, confirmando la marcada asimetría en la relación comercial bilateral.
Preparación
El año pasado, el Ministerio de Comercio e Industrias (MICI) instaló mesas técnicas con productores, industriales y exportadores panameños para evaluar el avance del TPC con Estados Unidos. Asimismo, sostuvo encuentros con la contraparte de Estados Unidos para examinar los términos del acuerdo, que entra en sus últimos años de ejecución antes de la liberación total de los aranceles.
La Prensa envió un cuestionario al MICI para conocer las acciones que viene tomando la institución para acompañar al sector productivo panameño, pero al cierre de esta edición no se obtuvo respuesta a las preguntas remitidas.
A menos de 4 años de la liberación total de los aranceles, el TPC entra en su tramo definitivo con una realidad clara: mientras el calendario avanza hacia el 0% en los últimos rubros sensibles, la balanza comercial sigue siendo marcadamente deficitaria para Panamá y los sectores productivos advierten sobre los riesgos de competitividad.
La discusión ya no gira en torno a los efectos del tratado se ejecutará - sino sobre cómo el país enfrentará esa etapa final: con medidas de ajuste y fortalecimiento productivo o con una mayor dependencia de importaciones en una relación comercial estructuralmente asimétrica.


