Panamá se estanca en una ‘meseta’ de desarrollo, advierte informe del IMD

El economista Elián Carrillo advierte que el buen desempeño en variables macroeconómicas como la inversión, el crecimiento o la baja inflación puede generar la percepción de una economía robusta, sin que esto implique necesariamente mejoras estructurales en la calidad del desarrollo.

Panamá se estanca en una ‘meseta’ de desarrollo, advierte informe del IMD
Panorámica de la ciudad de Panamá. LP/Elysée Fernández

Panamá se encuentra en una “meseta” de desarrollo. Así lo concluye el Índice de Prosperidad del IMD para América Latina y el Caribe 2026, que advierte que, aunque el país cuenta con las instituciones y la integración comercial necesarias para sostener su crecimiento, enfrenta limitaciones estructurales que le impiden avanzar hacia niveles comparables con economías más desarrolladas.

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El informe señala que la incapacidad para fomentar una cultura de innovación empresarial y reducir la desigualdad social se ha convertido en el principal freno para lograr un desarrollo humano más integral.

En ese contexto, el crecimiento económico no se traduce plenamente en bienestar para toda la población.

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Panamá en el Índice de Prosperidad.

A pesar de estas limitaciones, Panamá mantiene una posición destacada en la región, con una calificación general de A2, solo por detrás de Chile y Costa Rica.

Este posicionamiento se refleja en indicadores clave. El producto interno bruto (PIB) per cápita en paridad de poder adquisitivo (PPA) alcanza los $43,651.4, ubicando al país en el tercer lugar regional, solo superado por Guyana —impulsada por el petróleo— y Puerto Rico.

Asimismo, la formación bruta de capital fijo representa el 33.7% del PIB, la segunda más alta de la región, lo que evidencia una fuerte inversión en infraestructura y activos productivos. A esto se suma una inflación de -0.19%, uno de los niveles más bajos, que aporta estabilidad al entorno económico.

No obstante, el economista Elián Carrillo advierte que el buen desempeño en variables macroeconómicas como la inversión, el crecimiento o la baja inflación puede generar la percepción de una economía robusta, sin que esto implique necesariamente mejoras estructurales en la calidad del desarrollo. Según señala, estos indicadores no reflejan por sí solos un avance en el bienestar de la población.

En esa línea, plantea que un alto nivel de inversión no se traduce automáticamente en una mayor diversificación productiva. Advierte que Panamá mantiene bajos niveles de complejidad económica, lo que evidencia una concentración en sectores como la logística, la construcción y los servicios vinculados al Canal. Esta dependencia, añade, plantea dudas sobre la sostenibilidad del crecimiento a largo plazo frente a choques externos o cambios en el comercio internacional.

El mismo informe advierte que estos fundamentos sólidos no han sido suficientes para impulsar una transformación estructural más profunda.

Baja innovación y débil dinámica empresarial

El principal rezago identificado por el IMD se encuentra en la dinámica empresarial, donde Panamá obtuvo una calificación de C1, la más baja entre los cuatro pilares evaluados.

Según el reporte, este componente limita la capacidad del país para distribuir de forma más equitativa los beneficios del crecimiento económico.

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Muchas personas indican que el sueldo no les alcanza, a la vez que otros se quejan por la falta de empleo. Elysée Fernández.

Los indicadores de innovación reflejan este rezago. La inversión en investigación y desarrollo (I+D) alcanza apenas el 0.16% del PIB, muy por debajo de economías más avanzadas. Esta limitada apuesta por la innovación también se evidencia en la estructura exportadora: las exportaciones de alta tecnología representan solo el 1% del total manufacturero.

En materia de emprendimiento, la densidad de nuevas empresas es de apenas 0.7 por cada 1,000 personas, una de las más bajas entre países con niveles similares de ingreso. A esto se suma una brecha en inclusión financiera: solo el 45% de los adultos tiene acceso a servicios financieros formales.

Crecimiento con desigualdad persistente

En el ámbito institucional, Panamá mantiene una calificación de A2 en gobernanza. Cuenta con un Índice de Democracia de 6.84, aunque el Índice de Estado de Derecho (0.52) lo ubica en la posición 13, lo que refleja desafíos en la seguridad jurídica.

Ante esto, Carrillo advierte que factores como el déficit público, el nivel de endeudamiento y los problemas de corrupción reflejan una estabilidad institucional más frágil de lo que el ranking podría sugerir.

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En el plano social, aunque presenta avances como una velocidad de banda ancha de 180.55 Mbps y una esperanza de vida de 79.59 años, persisten brechas significativas en la distribución del bienestar.

El coeficiente de Gini de 49.7 evidencia una alta desigualdad. Esta realidad se refleja también en los niveles de pobreza: según Unicef (2023), el 21.7% de la población —más de 800 mil personas— vive en condición de pobreza, mientras que el 9.6% se encuentra en pobreza extrema.

El informe concluye que el principal desafío de Panamá no es crecer, sino transformar ese crecimiento en desarrollo inclusivo.

Carrillo coincide en que la economía panameña mantiene una trayectoria orientada al crecimiento, pero no necesariamente al desarrollo sostenible. A su juicio, el país destaca en los rankings internacionales, pero arrastra carencias estructurales que limitan el bienestar social.

El desafío: crecer mejor, no solo crecer

Al juicio de Carrillo, el problema de fondo es estructural y no coyuntural. Advierte que muchas de las políticas aplicadas en los últimos años han sostenido el crecimiento, pero sin generar mejoras perceptibles en la calidad de vida de la población.

“Panamá no necesita crecer más, sino crecer mejor”, señala. Asegura que el reto no está en mantener la estabilidad macroeconómica, sino en transformar la estructura productiva, fortalecer el capital humano y mejorar la calidad institucional para avanzar hacia un desarrollo sostenible e inclusivo.

Plantea que las políticas públicas deberían orientarse a diversificar la economía hacia actividades intensivas en mano de obra y con mayor impacto social, como la agricultura, la ganadería, la silvicultura y el turismo, reduciendo la alta concentración del empleo en sectores como la logística.

A esto se suma la necesidad de mejorar la distribución de la riqueza. El economista menciona la importancia de impulsar una reforma tributaria, fortalecer la lucha contra la corrupción —que, según El Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) 2025, presentado por Transparencia Internacional, el país obtuvo 33 puntos sobre 100 y se ubicó en la posición 116 entre 182 países evaluados— y diseñar políticas enfocadas en la equidad, más allá de la igualdad formal.

El IMD es un instituto académico independiente con estrechos vínculos con el sector empresarial y un fuerte enfoque en el impacto.


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