Los camarones congelados, los bananos, los productos del mar, el azúcar, el aceite de palma, las sandías y los medicamentos continúan liderando las exportaciones panameñas.
Solo los camarones y langostinos congelados generaron $45.6 millones entre enero y abril de 2026, consolidándose como el principal producto exportado del país, seguidos por la teca, los bananos, el azúcar y el aceite de palma.
Sin embargo, detrás de esas cifras también comienza a tomar fuerza una nueva generación de productos que, aunque todavía representan volúmenes modestos frente a los grandes rubros tradicionales, están logrando abrirse espacio en mercados altamente especializados gracias a la calidad, la innovación y el valor agregado.

Aunque los productos tradicionales siguen dominando la canasta exportadora, cada vez aparecen más empresas que están encontrando oportunidades en nichos especializados donde la diferenciación, la trazabilidad y el valor agregado pesan más que el volumen.
Desde especias orgánicas premiadas en Europa hasta madera certificada utilizada en yates de lujo, algunos exportadores panameños están demostrando que es posible competir en mercados altamente exigentes apostando por la calidad.
Uno de esos casos es el de la pimienta orgánica producida en las tierras altas de Chiriquí. La empresa Especias y Hierbas Aromáticas de Panamá, bajo la marca Especias Valmar, ha logrado que productos panameños compitan y obtengan reconocimiento en uno de los concursos gastronómicos más prestigiosos del mundo: Great Taste, celebrado anualmente en el Reino Unido.
La historia comenzó mucho antes. Agapito Valdés Rubio, padre de Aymeé Valdés Márquez, administradora de Especias Valmar, inició el cultivo de pimienta en 1982. Durante décadas la producción se vendía a intermediarios, pero en 2016 la familia decidió dar un paso adicional: procesar directamente las especias para capturar una mayor parte del valor generado por el producto.
Aymeé Valdés Márquez decidió transformar la producción familiar de pimienta para generar mayor valor agregado y acceder a mercados internacionales.

“Mi papá solamente sembraba y le vendía a intermediarios. Como siempre, el dinero lo generaba el intermediario y no el agricultor. Entonces decidí poner una planta de procesamiento”, relató Valdés.
La decisión marcó un punto de inflexión. Lo que comenzó como un intento por agregar valor a la producción familiar terminó convirtiéndose en una marca que hoy busca posicionarse fuera de las fronteras panameñas.
En 2023 la empresa participó por primera vez en el concurso Great Taste enviando muestras de pimienta negra y pimienta blanca. Ambas obtuvieron reconocimientos internacionales. Posteriormente se incorporó la pimienta tostada, que también recibió distinciones.
Las variedades Panamá’s Black Pearls, Panamá’s White Pearls y Panamá’s Roasted Pearls han sido premiadas en el certamen británico, una validación que no solo respalda la calidad del producto, sino que también ha permitido generar contactos comerciales con potenciales compradores internacionales.
“Una de las ventajas de participar en estos concursos es la retroalimentación que recibimos. Pero además descubrimos que nuestro producto podía competir a nivel internacional”, explicó la empresaria.
La empresa cuenta con certificación orgánica desde 2020 y trabaja con productores certificados por ACERT, organismo avalado por el Ministerio de Desarrollo Agropecuario. Además de pimienta, procesa jengibre, cúrcuma, canela, achiote, culantro y otras hierbas aromáticas.
Además de pimienta, Especias Valmar procesa cúrcuma, jengibre, canela, culantro, achiote y otras hierbas aromáticas cultivadas por productores panameños.Además de pimienta, Especias Valmar procesa cúrcuma, jengibre, canela, culantro, achiote y otras hierbas aromáticas cultivadas por productores panameños.

Su primera exportación llegó a Perú, donde enviaron 15 kilos de pimienta procesada. Aunque el volumen fue pequeño, representó una señal de que existía espacio para productos panameños diferenciados en mercados especializados.
Valdés reconoce que exportar no siempre es sencillo. Obtener permisos, certificaciones y acceso a plataformas gubernamentales puede tomar meses. Sin embargo, considera que el principal desafío sigue siendo encontrar compradores.
“Lo más difícil de exportar es encontrar el cliente afuera”, afirmó. “Con un producto de calidad uno puede encontrar clientes afuera o los clientes lo encuentran a uno”.
La búsqueda de mercados especializados no se limita a los alimentos. En otro extremo de la oferta exportable panameña, una industria vinculada al sector forestal ha logrado posicionarse en segmentos donde los estándares de calidad son igual o más rigurosos que los exigidos para productos gourmet.
Ese es el caso de Ecotopía Teak, empresa especializada en la producción y procesamiento de teca certificada destinada a aplicaciones náuticas y arquitectónicas de alto valor.
Según Bianca Morán, representante legal de la compañía, Panamá posee condiciones excepcionales para el cultivo de esta especie.
La teca panameña es utilizada en la fabricación de pisos para yates, cubiertas náuticas y proyectos arquitectónicos de lujo.

“Panamá ofrece el clima perfecto para la teca y dentro del 3% del territorio mundial donde prospera, nuestros árboles alcanzan la calidad requerida para el sector náutico”, explicó.
La empresa opera la primera planta procesadora certificada de madera proveniente de plantaciones forestales del país y exporta productos terminados hacia Suecia, Finlandia, Alemania, Dinamarca, Italia y España.
La diferencia frente a décadas anteriores es que gran parte de la madera ya no sale únicamente como materia prima. La compañía ha invertido en procesos industriales que le permiten producir pisos para yates, cubiertas náuticas y componentes de alta precisión destinados a mercados premium.
Morán sostiene que la certificación FSC se ha convertido en un elemento diferenciador. Panamá cuenta actualmente con unas 40 mil hectáreas certificadas bajo este estándar internacional, que garantiza prácticas forestales sostenibles y el respeto de criterios ambientales y laborales.

Actualmente el país exporta alrededor de 7 mil contenedores de teca al año, equivalentes a cerca del 10% del consumo mundial estimado de esta madera. Además, la ejecutiva considera que existe capacidad instalada para duplicar esa participación en los próximos años.
Mientras estas empresas continúan ampliando mercados, las cifras muestran que la oferta exportable panameña sigue evolucionando.
Entre enero y abril de 2026, las exportaciones registradas alcanzaron $343.3 millones, una disminución de 3.5% frente al mismo período del año anterior. No obstante, al incorporar las exportaciones de valor agregado provenientes de zonas francas y Panamá Pacífico, la oferta exportable total ascendió a $448.8 millones.
Estados Unidos se mantuvo como el principal destino de las exportaciones panameñas con ventas por $64.5 millones, seguido por Taiwán, la Zona Libre de Colón, India, Países Bajos y Costa Rica.
Los productos pesqueros lideraron la canasta exportadora con una participación de 20.2%, seguidos por frutas, madera y manufacturas de madera, grasas y aceites, azúcar y productos farmacéuticos.

Para el ministro de Comercio e Industrias, Julio Moltó, estas historias reflejan una transformación gradual de la oferta exportable panameña.
Según explicó, el país ha tenido que adaptarse a la pérdida de algunos de sus principales productos de exportación durante los últimos años, primero con la salida del cobre tras el cierre de la mina y posteriormente con las dificultades enfrentadas por el sector bananero.
A pesar de ello, sostiene que Panamá ha logrado mantener una oferta exportable cada vez más diversificada. “Seguimos creciendo en exportaciones, con más productos y con una base más amplia de productos”, señaló.
Moltó destacó que sectores como la agroindustria y la manufactura están comenzando a ganar protagonismo. Durante el primer cuatrimestre de 2026, las exportaciones agroindustriales crecieron más de 40%, mientras que las actividades industriales registraron aumentos de 20%, impulsadas por empresas que procesan, transforman y diferencian su producción para competir en mercados internacionales.

“Producir sigue siendo importante, pero transformar lo que producimos genera mucho más valor”, afirmó el ministro durante una actividad empresarial dedicada a promover el sello Hecho en Panamá.
Según Moltó, el país cuenta con ventajas que van más allá de su posición geográfica. Destacó la capacidad de las empresas nacionales para competir en mercados exigentes y el creciente reconocimiento que están obteniendo productos panameños en segmentos premium.
El funcionario mencionó casos como el café especial, el cacao, los camarones, las frutas frescas y los alimentos procesados como ejemplos del potencial que tiene Panamá para seguir expandiendo su presencia internacional a través de productos diferenciados.

Dentro de esa estrategia, el Gobierno busca fortalecer el sello Hecho en Panamá como una herramienta de posicionamiento comercial. Actualmente 251 empresas y 528 productos forman parte de esta iniciativa, concebida para aumentar el reconocimiento internacional de la producción nacional y facilitar el acceso a nuevos mercados.
“El mercado internacional valora cada vez más el origen, la trazabilidad y la diferenciación de los productos. Ahí es donde el sello adquiere relevancia”, indicó Moltó.
Para el ministro, el objetivo no es únicamente aumentar el volumen exportado, sino lograr que una mayor proporción de la oferta nacional incorpore procesamiento, innovación y valor agregado. En otras palabras, que más empresas sigan el camino recorrido por productores como Especias Valmar o Ecotopía Teak.

Sus historias reflejan una tendencia que comienza a consolidarse dentro de la economía exportadora panameña: competir menos por cantidad y más por calidad. En un mercado global cada vez más exigente, la diferenciación parece convertirse en uno de los principales activos de la marca Panamá.

