La industria petrolera venezolana atraviesa un punto de inflexión. Tras años de caída y sanciones, el país sudamericano vuelve al radar de Washington, ahora bajo un nuevo mandato de Donald Trump. El objetivo: recuperar el millón de barriles diarios y reactivar la cooperación energética con Estados Unidos.
“La industria petrolera venezolana llegó a evaporarse de tres millones y medio de barriles a menos de un millón”, advirtió en entrevista con La Prensa, Oswaldo Felizzola, coordinador del Centro Internacional de Energía y Ambiente del IESA.
Según el especialista, las licencias otorgadas a Chevron y nuevas conversaciones con la administración Trump podrían marcar “una relación ganar-ganar: Venezuela necesita vender y Estados Unidos necesita refinerías listas para ese crudo”.
Del esplendor al declive
Andrés Rojas Jiménez, periodista petrolero y director de Petroguía, recordó que Venezuela producía más de 3 millones de barriles diarios en la década de 1990. Hoy, la cifra ronda el 1.1 millones diarios, un leve repunte frente a los mínimos de la pandemia, cuando apenas se bombeaban 300 mil barriles por día.
“El último reporte indica una ligera caída, pero seguimos alrededor de un 1.1 millón de barriles diarios”, explicó.

Agregó que durante la pandemia Venezuela llegó a niveles de 300 o 400 mil barriles por día. “Fue con las licencias del gobierno de Joe Biden que la producción comenzó a levantarse”.

La caída, dice, fue consecuencia de “la expropiación de empresas privadas en 2027, el deterioro de Pdvsa y el abandono de los planes de apertura petrolera que buscaban alcanzar cinco millones de barriles al día con Chevron, ConocoPhillips y ExxonMobil”.
Venezuela cuenta con cinco zonas petroleras: la Faja del Orinoco, con las mayores reservas de crudo pesado del mundo; el Lago de Maracaibo en Zulia, cuna histórica del petróleo; el complejo refinador Paraguaná en Falcón; la refinería El Palito en Puerto Cabello, que abastece el centro del país; y los campos orientales de Monagas y Sucre, ricos en gas y crudo liviano.
Datos de la industria
Hoy, Venezuela apenas puede mantener operativas algunas refinerías, con instalaciones obsoletas y pérdidas por falta de gas, electricidad y diluyentes.
El regreso de Estados Unidos al negocio petrolero venezolano
La llegada de Trump reabre el tablero.
“Trump ha decidido negociar directamente con Delcy Rodríguez los temas petroleros. Es una relación ganar-ganar: Venezuela necesita vender y Estados Unidos necesita refinerías listas para ese crudo”, indicó Felizzola.

Explicó que la licencia 41 que permitía a Chevron operar en Venezuela fue revocada en el anterior mandato republicano, pero ahora se busca un acuerdo directo con Pdvsa, donde “toda la venta de crudo pasaría por Estados Unidos, especialmente por refinerías en Houston”.
Rojas Jiménez añadió que empresas como Valero Energy ya figuran como principales receptoras del crudo venezolano bajo licencias privadas. “Valero fue el principal comprador durante el último año, y hay al menos diez compañías norteamericanas interesadas. La pregunta es si ConocoPhillips y ExxonMobil estarán dispuestas a volver”, comentó.
‘Adiós a China, bienvenida América’
Felizzola señaló que las refinerías chinas “no están diseñadas para procesar el petróleo pesado venezolano”, lo que hacía que China comprara con descuentos de hasta 12 dólares por barril. Ahora, la orientación hacia Estados Unidos podría mejorar la rentabilidad y la transparencia de las operaciones.

Ambos expertos coinciden en que el cambio geopolítico es profundo. “Estamos frente a una reconfiguración del mapa energético del hemisferio”, apuntó Felizzola. “Si el acuerdo con Trump se concreta, Venezuela podría recuperar hasta dos millones de barriles diarios en menos de cinco años”.
¿Qué es la flota fantasma del petróleo venezolano?
Oswaldo Felizzola (IESA) explicó que, durante los años más duros de las sanciones de Estados Unidos, Venezuela usó una red de barcos sin bandera o con registros falsos —conocida como “flota fantasma”— para vender crudo a China:
Estos buques apagaban sus sistemas de rastreo (AIS) o transferían el petróleo en alta mar a otros navíos, de modo que el destino final no podía rastrearse fácilmente. El crudo se mezclaba con otros tipos para “disfrazar” su procedencia y evitar sanciones estadounidenses.

Andrés Rojas Jiménez indicó que con las recientes confiscaciones de barcos han surgido varios análisis.
“Hay distintas interpretaciones. Algunos abogados dicen que fue una confiscación; otros que es retomar la política de sanciones de 2019. Pdvsa evadió esas restricciones con la ayuda de Rosneft y, luego, a través de una empresa rusa que manejaba esa flota fantasma”.

Rojas precisó que los buques confiscados recientemente eran los mismos que transportaban crudo venezolano hacia el continente asiático, y que ahora el gobierno estadounidense busca cerrar definitivamente esas rutas opacas, redirigiendo toda la exportación legal hacia refinerías estadounidenses.
El costo de la reconstrucción
La reactivación total de la industria requerirá entre 200 mil millones y 500 mil millones de dólares, según estimaciones del IESA.
Además de reparar refinerías como Amuay, Cardón, El Palito y Puerto La Cruz, se necesitaría reactivar la Faja del Orinoco, que concentra las mayores reservas de crudo pesado del planeta.

Pero el desafío no es solo técnico. “Hay que repatriar talento. Miles de ingenieros venezolanos hoy están en Houston, Canadá o Colombia. La reconstrucción pasa por ellos”, subrayó el experto del IESA.
Rojas Jiménez advierte que aún hay riesgos legales: “Las empresas buscan seguridad jurídica. Sin reformas profundas, será difícil atraer a las grandes transnacionales.

Sin embargo, el experto considera que el interés estadounidense es real: “Trump quiere que exclusivamente se venda petróleo a ellos y que vuelvan las empresas norteamericanas. Es una estrategia de control energético regional”.
Con Washington de nuevo en el tablero y Pdvsa buscando oxígeno financiero, Venezuela encara un futuro incierto pero cargado de oportunidades.
El petróleo, símbolo de su decadencia, podría convertirse otra vez en su carta de regreso al mundo.
“El petróleo de Venezuela vuelve a Occidente”, resume Felizzola.

“La diferencia será si esta vez lo hace con bases sólidas y un modelo sostenible”, agrega Rojas Jiménez.
¿Qué pasa con el combustible dentro de Venezuela?
La crisis de producción también golpea el mercado interno. Rojas Jiménez explica que, aunque la escasez de gasolina ha disminuido respecto a los años más duros, la situación sigue siendo precaria y desigual.
“Pdvsa depende todavía de aditivos importados. En 2020 el país sobrevivió gracias a los cargamentos iraníes”, recordó.
Desde entonces, se establecieron dos modalidades de venta de gasolina: una subsidiada y otra dolarizada.
“La gasolina internacional cuesta 50 centavos de dólar el litro; la subsidiada prácticamente desapareció. Hoy la mayoría de las estaciones migraron al esquema dolarizado”, explicó el experto.

El cambio ha tenido impacto social. “Un tanque que antes costaba tres dólares ahora se llena con veinte o treinta. Para una familia de clase media, el gasto en gasolina representa hasta un 20% del presupuesto mensual. Antes nadie hablaba de eso. Hoy la movilidad se ha convertido en un lujo para muchos”, advirtió Rojas.
Ambos especialistas coinciden en que el acuerdo con Trump podría marcar el inicio de una nueva era, pero advierten sobre los riesgos.
“El futuro dependerá de lo que se firme en papel”, dijo Felizzola.
Rojas fue más directo: “Trump quiere exclusividad en el petróleo venezolano. Pero si el acuerdo no viene acompañado de reformas legales y transparencia, solo cambiará el comprador, no el modelo”.

