En Panamá cada vez es más costoso vivir. Los consumidores perciben que el ingreso que reciben no les alcanza para cubrir todos los gastos básicos, principalmente los alimentos.
No hay escasez de productos, pero el alto costo de algunos productos, que suben de precio mes a mes, los ha vuelto prohibitivos. A esto se suma el alza del precio del combustible, de los medicamentos y otros productos esenciales.
La media salarial en el país, según el Instituto Nacional de Estadística y Censo, es de unos $755.8 mensuales. Tomando ese monto como referencia, sin dejar de reconocer que hay quienes ganan más o incluso menos, gran parte del ingreso se va en la compra de alimentos básicos.
Si se utiliza el costo calórico de la canasta básica familiar de $361.35 (dato de diciembre), medido por el Ministerio de Economía y Finanzas, aproximadamente el 47.8 % del salario se destina únicamente a la compra de alimentos.
Al tomar en cuenta el gasto por grupo de alimentos, del total de la canasta analizada por el MEF, el 28.5% se va en la compra de productos cárnicos (res, pollo entre otras proteínas), seguido por los cereales con un 19.6% y los lácteos con 14.4%. Otros grupos esenciales, como misceláneos y vegetales, ocupan el 12.7% y 10.2% respectivamente en el gasto, mientras que productos como frutas, leguminosas, grasas, huevos y azúcar tienen un impacto menor, representando cada uno entre el 1.1% y el 6.0% del total.
Esta distribución refleja las prioridades de consumo básico en los hogares, con énfasis en fuentes de proteína y carbohidratos, y muestra cómo las fluctuaciones en el precio de estos productos impactan directamente en el poder adquisitivo de las familias.
Por otro lado, según los datos de abril de 2026 de la Autoridad de Protección al Consumidor y Defensa de la Competencia en Panamá (Acodeco), una familia que compra en mini tiendas y abarroterías, donde la canasta cuesta $356.32, dedicaría cerca del 47.1 % de su salario a alimentos. En cambio, quienes realizan sus compras en supermercados, con una canasta valorada en $303.53, gastarían alrededor del 40.2 % de sus ingresos en alimentos.
Es importante señalar que el costo de la canasta básica familiar está basado en una cantidad específica de productos, y hay hogares que gastan más al incluir otros productos. Esta canasta refleja principalmente los hábitos de consumo de la población, más que un estándar de alimentación saludable y no incluye el gasto en vivienda, electricidad, educación, transporte, entre otros.
La Canasta Básica Familiar de alimentos de la Acodeco mide alrededor de 59 productos, principalmente carnes, cereales, lácteos, vegetales y frutas, entre otros y no incluye gastos de transporte, vivienda, servicios públicos entre otros.
Canasta
Cuando los hogares compran productos fuera de esta canasta, el impacto de las alzas de precio puede ser aún mayor. Por lo tanto, la canasta básica no siempre refleja el costo real de vida de las familias, lo que puede resultar en un gasto más elevado.
Si al cálculo de gasto en la canasta promedio se compara con el ingreso de trabajadores en el interior, la situación luce más preocupante. En el caso de las comarcas, que tienen una media salarial de $326.7 en la Ngäbe Buglé y de apenas $156.9 en Guna Yala no podrían cubrir la compra de alimentos.
El Índice de Precios al Consumidor que también mide el INEC, refleja que se han incrementado los precios de la mayoría de productos y servicios.
El IPC Nacional Urbano experimentó un incremento mensual de 0.9% en marzo, lo que refleja una tendencia de alza en diversas divisiones del consumo. En particular, las divisiones de Transporte y Vivienda, agua, electricidad y gas destacaron por sus aumentos significativos, con un incremento de 3.5% en transporte, impulsado principalmente por el aumento del precio de los combustibles. Por otro lado, los costos de electricidad y gas también subieron en un 4.3% y 1.7% respectivamente, lo que encareció los gastos básicos de los hogares urbanos.

En el costo de la electricidad y del gas incide el tema del combustible que ha estado aumentando por los precios internacionales del petróleo, a raíz del conflicto en Medio Oriente y el bloqueo del estrecho de Ormuz.
Además, sectores como muebles, equipo doméstico y mantenimiento rutinario del hogar y cuidado personal también mostraron aumentos notables, con una subida de 3.7% en los servicios domésticos, lo que refleja el encarecimiento de estos servicios por personal remunerado.
En el rubro de alimentos y bebidas no alcohólicas, las frutas frescas y los productos del mar también experimentaron incrementos de 1.9% y 0.8%, lo que genera un impacto directo en el poder adquisitivo de las familias, especialmente aquellas de menores ingresos que destinan una porción significativa de su presupuesto a la alimentación.
El economista Luis Morán explica que el salario rinde cada vez menos producto de la pérdida del poder adquisitivo, que se deriva del aumento de los precios, tanto de productos como de servicios dentro de la economía.
“Dentro de los precios, se ha elevado el costo del transporte, alimentos, educación entre otros, que forman parte de las necesidades básicas. Ante dicha pérdida del poder adquisitivo, que afecta las finanzas personales y del hogar, es necesario promover la generación de empleos formales así como salarios adecuados, los cuales van acorde con el crecimiento de la economía", menciona.

Señala que los alimentos suben con más frecuencia porque muchos tienen un componente importado. “Panamá importa gran parte de lo que consume, y esto genera cierto grado de vulnerabilidad o dependencia. Si suben los precios internacionales, sube el costo local, afectando las finanzas de los hogares”.
Además, indica que el costo de la vida se siente mayor porque también los hogares tienen gran parte de sus ingresos comprometidos en deudas, lo que reduce el dinero disponible para el consumo diario.
Eric Molino Ferrer, economista, considera que el salario debe estar vinculado a la productividad, no al costo de vida. Precisa que aumentar los salarios sin considerar la productividad puede generar un ciclo inflacionario perpetuo, ya que el aumento salarial elevaría los costos y, por ende, el costo de vida.
Molino Ferrer enfatiza que, en lugar de ajustar los salarios por el costo de vida, la clave está en mejorar la oferta de productos y servicios, reduciendo las fricciones en la cadena de suministro para hacer los bienes esenciales más baratos.
Asimismo, Molino Ferrer destaca que el 40% más pobre de la población, que trabaja mayoritariamente en pequeñas y medianas empresas (MiPymes), enfrenta un desafío adicional, ya que estas empresas tienen baja productividad por diversas razones, lo que limita la capacidad de ofrecer mejores salarios.
En este contexto, subraya que la solución no está solo en aumentar los salarios, sino en mejorar la competitividad y reducir los costos en sectores clave como alimentos y transporte, lo que permitiría que el salario rinda más sin generar presiones inflacionarias adicionales.

