El arroz es el grano que reina en Panamá. Cada panameño consume en promedio 154.32 libras de arroz blanco al año, siendo así uno de los alimentos de mayor consumo per cápita y uno de los más elevados del mundo.
Esto es cónsono con el aumento -aunque ligero- en las hectáreas sembradas y el producto cosechado. De mayo de 2017 a mayo de 2018 se cosecharon 7,003,900 quintales de arroz en cáscara, aumentando la producción hasta los 8,658,500 quintales en 2022.
Sin embargo, aunque el crecimiento de hectáreas sembradas también ha sido ascendente en números llanos (de 94,450 en 2018 a 99,170 en 2022), se ralentizó la velocidad de ese crecimiento año con año.
Por ejemplo, la superficie sembrada creció 2.85% entre 2018 y 2019, 2.81% entre 2019 y 2020, 1.83% entre 2020 y 2021 y 1.14% entre 2021 y 2022.
Esta tendencia a la baja podría agravarse en los próximos años cuando en 2031 se complete el 100% de desgravación arancelario al arroz importado, lo que posaría un reto grandísimo para la soberanía alimentaria y para los productores locales, según Emilio Kieswetter, productor de arroz afiliado a la Asociación de Agricultores de Granos con Riego y Tecnología (Aagrat).
Según Kieswetter, el riesgo mas grande es que de llevarse a cabo la desgravación total de aranceles, “un gran porcentaje de productores no van a poder sembrar más arroz”, al tiempo que lamentó lo difícil que es tecnificarse con sistemas de riego y mejoramiento de semillas, producto del alto costo de los procesos, el poco financiamiento disponible para estos fines y la dificultad para acceder a préstamos.
Ahora -dice Kieswetter- “estamos subsistiendo” con los subsidios que da el Gobierno al arroz, que alcanzan los $16 por quintal entregado a los molinos.
“Aunque esto beneficia en cierta manera al productor, mi temor es que estos subsidios pueden hacer que nos confiemos (los productores) y que el próximo Gobierno nos agarre desprevenidos y quiera quitarlos, ya sea gradualmente o de un solo golpe. De hacerlo, podrían destruir la actividad, de entre el 60% y el 70% de los productores de arroz”, subrayó.
Hace unos meses, el gremio envió una carta al presidente Laurentino Cortizo para ofrecer ayuda técnica en aras de renegociar el Tratado de Promoción Comercial (TPC) entre Panamá y Estados Unidos. No han sabido nada al respecto porque asumen que el tema tomó un segundo -o tercer- plano en la agenda del mandatario.
El exministro también se quejó de la demora del Gobierno en el pago del componente que asume el Estado por cada quintal entregado a los molinos.
Otro productor de arroz de Chiriquí, Arnulfo Morales, también miembro de Aagrat, dijo que el desgravación es un tema neurálgico, ya que son altos los riesgos de competir con el mercado estadounidense subsidiado y con tecnología. Y paralelamente mantener los precios bajos y generar cierta rentabilidad. “Va a ser un reto muy grande. Desaparecer (al sector) es una palabra muy drástica, pero sí tendríamos mayores riesgos que los que tenemos en este momento”.
Morales apuntó otros, además de la desgravación arancelaria: riesgos climáticos, temperaturas cada vez más inestables, ciclos de buena condición cada vez son más cortos, falta de un programa de mejoramiento genético que dificulta incrementar el rendimiento de la hectárea y costos de producción altos, entre otros.
Cabe recordar que los meses de cosecha de arroz varían según la provincia donde se siembre, las cuales tienen tiempos distintos de cosecha. El mejor tiempo de cosecha en Chiriquí terminó hace mes y medio, pero en Los Santos, Chepo y Darién todavía se está en proceso de cosecha.
Según los productores, las últimas condiciones geopolíticas incrementaron el costo de los insumos importados, como los fertilizantes, entre 35% y 40%.
Por otro lado, el rendimiento por hectárea está entre los 98 y 102 quintales por hectárea de acuerdo al promedio del 2022. Este año todavía no se termina de contabilizar, pero sin duda será afectado por los últimos cierres y cortes de vías que han impedido a los arroceros llegar con el producto a los molinos.
Morales calcula la merma de ingresos en este rubro por el orden de $40 millones, afectación que se agrava para productores de Panamá, Panamá Este y Darién, que están actualmente en periodo de cosecha, y que al no poder transitar con combustible e insumos, se está atrasando en la logística para el próximo ciclo de siembra.
De acuerdo con Kieswetter, la falta de combustible que se está experimentando en Chiriquí dificulta el proceso de entrega de insumos para el arroz que está en estado vegetativo, es decir, el que se sembrará en el próximo ciclo. “Se van a atrasar las siembras... lo más difícil es la logística en tres fases del proceso: combustible, insumos y traslado de cosecha”, dijo.

