Me incomodo cada vez que leo reportes que alaban lo mucho Panamá crece.
Si la supuesta solidaridad que marcó los dos primeros años de la pandemia provocada por la covid 19 estuviera aún con nosotros mediríamos diferente para implementar políticas públicas que generaran dignidad.
¿Por qué no medir el Producto Neto Nacional, mejor conocido como el ingreso nacional? Esta vieja métrica (1951 - Francia) deduce del PIB los dividendos que son repatriados a las casas matrices de empresas de capital extranjero (e.g. mina, bancos, industrias, etc.).
Acaba el primer bimestre del 2023 y las negociaciones entre el Estado panameño y Minera Panamá, S.A. avanzan cual borriguero en piso de mosaico, lo que crea una inusual incertidumbre en miles de panameños que ven peligrar su sustento diario.
Se trata de una operación comercial que representa el 5% del producto interno bruto de la nación por lo que no es tema sencillo ¿Qué hacer? Quizás lo único claro en esta negociación es que debemos seguir el consejo de Michael Corleone a su hermano Fredo: nunca apoyes al bando contrario a la familia.
El paralelismo familia y país aplica de manera potente: el Estado debe luchar, pelear, negociar por el bienestar de la mayoría ciudadana rescatando la premisa de que los recursos naturales son de todos.
Otros que deben estar navegando en aguas turbulentas son los banqueros en la Reserva Federal estadounidense, ya que justo cuando economistas proyectábamos que la inflación sería controlada hacia finales de este año con la tendencia alcista en tasas de interés apagándose de manera controlada y llevando al mundo al famoso aterrizaje amable (“soft landing”), pues nos encontramos con métricas inflacionarias claves aumentando en enero con un aumento de salarios y con más de 500 mil empleos creados.
Aquí estamos claros que no hay mucho por hacer porque las tasas de interés seguirán subiendo indudablemente en lo que queda del año 2023. Pero, como dice el reconocido economista Thomas Piketty: “el rol de los bancos centrales en momentos de crisis es irremplazable”.
¿Qué hacer con cada 1 en 5 panameños que vive en pobreza cuando se mide desde su perspectiva multidimensional? Ante la compleja situación de las finanzas públicas, pareciera que hay poco por hacer, si las acciones necesarias no van acompañadas de una combinación de voluntad política real de la mano de modificaciones al cómo gastamos, y cómo invertimos.
Vivir en déficit (gastar más de lo que registramos como ingresos) se ha convertido en la norma. La deuda para cubrir ese déficit es más cara hoy que hace 2 años, por lo que modificaciones al código fiscal son necesarias para crear un surplus que rebaje de facto la deuda.
A pesar de la zozobra y los llamados de atención, es altamente probable que nada ocurra hasta que escojamos a un nuevo presidente en mayo de 2024, y el grado de inversión sea ya un tema irrelevante.
Con el aumento de deuda ya no siendo noticia, ¿qué hacer para traer más disciplina a la administración pública? El costo de quedarnos cruzados de brazos es demasiado alto. Podemos proponer involucrarnos, fiscalizar. La semana pasada presentamos en la oficina de participación ciudadana de la Asamblea de Diputados una idea de proyecto de ley para que el Fondo de Ahorro de Panamá (FAP) tenga su personería jurídica, permitiéndole recibir los fondos que el Canal de Panamá genera en exceso de lo que el Estado debe recibir.
A la fecha, el Estado panameño adeuda unos $700 millones de dólares al FAP. La propuesta es que los fondos no lleguen al presupuesto operativo del Estado, sino que vayan directo al FAP. Hagamos más incluso cuando sea difícil que la clase política escuche y entienda. Quizás no escuchar y no entender, les garantiza una larga carrera a costa de nuestros impuestos. ¿Qué hacer?
El autor es economista.
