El año 2011 la prestigiosa revista Time eligió a “El Manifestante” como personaje del año, lo cual constituyó una gran sorpresa por referirse a una masa amorfa, caótica y volátil. La persona del año es un título que la revista Time ha otorgado anualmente durante 95 años.
Un editor de la revista recordó en una entrevista en la cadena de televisión CNN que el año 2011 fue, según Time, el año en que el hombre común se levantó e impulsó cambios de una manera “profundamente nueva”.
Los hechos relevantes de “El Manifestante” en el año 2011 los encontramos en la primavera árabe y el movimiento creciente de los indignados. Hoy América Latina enfrenta importantes retos sociales vinculados fundamentalmente a la política y las crisis sociales y económicas que aquejan a nuestra región, pero el mundo corporativo no es ajeno a estos movimientos cada vez más estructurados y complejos.
“El Manifestante” hoy está en las comunidades, en la literatura, el cine, en la música y las artes, en los medios de comunicación libres, en el periodismo independiente, en los medios sociales y en cada ciudadano que tiene un poder que nunca antes tuvo.
Libros como “No Logo”, de Naomi Klein, se han convertido en una referencia de la lucha contra la corrupción corporativa y en su momento aumentó el escrutinio sobre las empresas en todo el mundo, algo que perdura en nuestros días.
Otro libro titulado “Indignaos”, escrito por Stéphane Hessel, inspiró el movimiento internacional “Los Indignados”. El libro de unas 40 páginas expone de forma breve las razones por las cuales la sociedad tiene que manifestarse.
El arte callejero de Banksy deja su huella en las paredes de las grandes ciudades elevando su voz contra las injusticias sociales. El escultor español Isaac Cordal aborda los problemas inminentes que enfrenta el medioambiente con la utilización de sus pequeñas figuras de no más de 25 centímetros colocadas estratégicamente en las calles de ciudades europeas, para mostrar la naturaleza apática de una gran parte de la sociedad cuando se trata de hacer frente al cambio climático, o incluso al simple hecho de reconocerlo.
Greenpeace acaba de cumplir 50 años manifestando en contra de las corporaciones que actúan de espaldas al medio ambiente, un movimiento que hoy suma a miles de organizaciones y activistas en todo el mundo.
Nos guste o no, compartamos o no el espíritu y las agendas que están detrás de estos movimientos, el hecho es que constituyen una realidad cuya fuerza se incrementa cada vez más.
Las empresas tienen la responsabilidad de actuar para responder a las expectativas sociales que existen sobre ellas.
La fórmula no es precisa, pero monitorear adecuadamente el pulso social les permitirá hacer los ajustes necesarios para sobrevivir en entornos cada vez más complejos.
Hoy se necesitan empresarios en la calle y esto tiene que ver con el compromiso con la sostenibilidad y la acción social de las empresas, creando alianzas que contribuyan a fortalecer el tejido y la cohesión social para el desarrollo.
El autor es consultor en comunicación estratégica
