El crecimiento económico de Panamá en los últimos 25 años ha sido excepcional, es el país de América Latina con el crecimiento económico más alto con 5.28% en promedio por año, superando a República Dominica o Perú (4.75% y 4.16% respectivamente). El PIB per cápita en dólares corrientes de Panamá se encuentra entre los más altos de la región por debajo únicamente de Uruguay.
Estos satisfactorios resultados, no están exentos de retos de cara al futuro. Durante los últimos años hemos observado un crecimiento cada vez más lento de la economía, lo que puede interpretarse como una señal de la necesidad de identificar nuevas fuentes de crecimiento a través de la diversificación y aumento en la complejidad de la economía.
El desarrollo de la economía de Panamá ha estado centrado en los servicios (especialmente de transporte y financieros), el comercio y la construcción. La diversificación económica no solo se trata de reducir la dependencia de unos pocos sectores, y crear nuevas actividades, también es fomentar la resiliencia y la adaptabilidad ante los desafíos futuros. En este sentido, la promoción de la competitividad en sectores como la manufactura y la agricultura brinda la oportunidad de crear empleos y aumentar los ingresos, y aprovechar el capital natural y fortalecer nuestra base productiva.
Sin embargo, la diversificación por sí sola no es suficiente. El éxito económico alcanzado también ha generado salarios más altos y por ende costos de producción más altos, por lo competir con precios bajos no es una opción. El desarrollo de Panamá pasa por aumentar la complejidad del aparato productivo, es decir, la capacidad de producir bienes y servicios más sofisticados y de alto valor agregado.
Para aumentar la complejidad, no solo basta con mejorar el acceso y uso de la tecnología en las empresas o la infraestructura disponible. Uno de los principales retos pasa por contar con un capital humano que esté preparado para los desafíos de un entorno económico en constante evolución y un sistema educativo capaz de ofrecer una respuesta rápida ante los cambios.
La diversificación y la complejidad económica no son procesos rápidos ni sencillos. Requieren un compromiso a largo plazo por parte de los sectores público y privado, así como una visión estratégica que trascienda los ciclos políticos y económicos. Esta estrategia va más allá del ámbito económico, deben abordarse diferentes aristas del desarrollo, por ejemplo, la calidad de la educación la cual es indispensable para contar con ese capital humano preparado; o el tema ambiental, en el cual la diversificación y el aumento de la complejidad económica deberá considerar la mitigación y adaptación ante el cambio climático.
Los beneficios potenciales de la diversificación y aumento en la complejidad son enormes: una economía más dinámica, inclusiva y resistente a las fluctuaciones externas. Los beneficios potenciales también trascienden el ámbito económico, generando un futuro próspero y sostenible para las generaciones venideras.
El autor es el Director Ejecutivo del Centro Latinoamericano para la Competitividad y el Desarrollo Sostenible del INCAE.

