Navidad es renovación. Su etimología se remonta al nacimiento de Jesucristo, según las narraciones del Nuevo Testamento, que lo reconocen como el hijo de Dios que redimió los pecados humanos.
Aquella efeméride, que hoy celebra un gran número de panameños, se conmemora cada año colocando belenes en las entradas de los hogares y algunos establecimientos comerciales, en recordación del aniversario religioso.
Para el presidente del Comité Amigos de Iglesias del Casco Antiguo, Ricardo Gago, el pesebre descuella como una forma de rescatar las tradiciones católicas, principalmente las del Casco Antiguo, “que por diversas razones se han perdido”.
Costumbre
Aprovechando las reformas que se realizan en los monumentos religiosos del corregimiento de San Felipe, Gago encontró oportuno exhibir nacimientos navideños en las iglesias de ese barrio durante todo el año.
El oratorio San Felipe Neri fue el predecesor de esta iniciativa, al recibir este año la donación de un colosal pesebre, propiedad de la familia Varela Sandoval. Más de 3 mil piezas conforman la maqueta que resalta varios pasajes bíblicos, desde la anunciación angélica hasta la presentación del niño Jesús en el templo.
Tradición sexagenaria
El nacimiento fue estrenado oficialmente el pasado 7 de diciembre.Instalado en un pequeño salón adecuado con acondicionador de aire e iluminación especial, la maqueta salta a la vista por su estructura compleja y detallista.El nacimiento se exhibe al público todos los días, desde las 7:00 a.m. hasta las 7:00 p.m., detalla Gago, quien añade que ya cuenta con tres pesebres adicionales que serán instalados en otras iglesias durante los meses próximos.El Belén de San Felipe Neri, es una tradición que se inició en 1948 en la residencia de la familia Sandoval Adames, ubicada entonces en la avenida Cuba, en Bella Vista.Eyda Sandoval de Varela continuó durante la década de 1980 el legado inculcado por sus padres, colocando las piezas por varios años en su residencia ubicada en la avenida Samuel Lewis, en Obarrio.Aquella práctica llevó a Sandoval, junto con su esposo, Juan Antonio Varela e hijos, a perpetuar esta tradición en el oratorio colonial para el disfrute de otras familias.
