Amanda Palmer nunca pensó que escribiría un libro, aunque su matrimonio con el reconocido autor Neil Gaiman podría haber sido un indicio de que eventualmente le correspondería. Después de una prometedora charla de TED Talks, en la cual explicó el peculiar comienzo de su carrera artística, varias personas le sugirieron que ampliara sobre el tema en un libro, así que temerosa -pero osada- se echó de cabeza a la tarea y resultó.
Mitad memorias de su vida y su carrera, mitad filosofía de vida, The Art of Asking (El arte de pedir, Grand Central Publishing, Estados Unidos, noviembre de 2014) hace hincapié en lo que explicó en su charla: “Si amas a las personas lo suficiente, te entregarán todo”.
Su vida y su carrera han estado basadas en la confianza; confianza en los demás y confianza en sí misma. Su primer trabajo, como detalla en los primeros capítulos, fue de estatua viviente: con un viejo vestido de novia y maquillaje blanco, se subía a una pirámide de cajas en una esquina de Boston y se quedaba tan quieta como podía. Los transeúntes que se detenían a verla muchas veces echaban dinero en el sombrero frente a ella y, a cambio, les daba una flor y un breve momento de contacto visual intenso. A veces no tomaban la flor; a veces la aceptaban pero huían, y a veces había una conexión profunda entre dos completos extraños.
Desde entonces, esa conexión con las personas ha sido su conductor, aquello que ansiaba lograr con sus fans. Desde que tocó con su primera banda, The Dresden Dolls, su instinto ha sido más que simplemente producir álbumes exitosos, sino crear toda una experiencia para sus seguidores, construir una comunidad.
El camino no ha sido fácil, entre críticas feroces, y fracasos en el negocio y en sus relaciones personales. Pero en los momentos de dificultad sobresalen personajes casi como una luz guía, entre ellos Gaiman, su esposo y compañero fiel, y Anthony Martignetti, su mejor amigo y consejero; además de varios seguidores que durante conciertos, reuniones y encuentros fortuitos, o a través de su blog y sus redes sociales, le han brindado la sabiduría y seguridad para ignorar las críticas y acusaciones, y continuar haciendo lo que hace. La relación de Palmer con sus fans, como expresa en varias ocasiones, es una constante retroalimentación de inspiración, creatividad y enseñanzas de vida.
Uno de los puntos centrales del libro es cómo dejó atrás su disquera y lanzó una campaña de crowdfunding con la plataforma Kickstarter en abril de 2012, con el fin de reunir los fondos para la producción de su álbum Theatre is Evil y llevar a cabo el tour promocional del mismo. Muchos criticaron esta campaña como “mendicidad digital”, pero con más de un millón de dólares recaudados, es la campaña musical más exitosa de Kickstarter, y un fuerte testimonio a la veracidad de la filosofía de confianza. “Yo no le cobré a la gente por mi álbum, les pedí que me ayudaran”, aclara Palmer en el libro. “Si creas una conexión con las personas, querrán ayudarte. Es el regalo que continúa dando”.
