Justo antes del mediodía afuera de la finca de Ernest Hemingway en La Habana, un chirrido metálico opaca los trinos de aves tropicales y el sonido de una banda de música que entretiene a varios turistas.
Un trabajador estadounidense abrió la puerta de uno de los contenedores de 12 metros de largo. Un trabajador cubano abrió otro. El contenido constituye un tesoro: arcones con herramientas y materiales de todo tipo, desde cajas de fusibles eléctricos hasta ventanas a prueba de huracanes, todo comprado en Estados Unidos.
En una isla donde encontrar unos cuantos tornillos puede convertirse en una odisea de varios días, la nueva era de normalización entre Estados Unidos y Cuba contribuyó a la llegada de materiales y equipo valuados en centenares de miles de dólares para construir una instalación sencilla pero moderna que se destinará a la preservación de las antiguas pertenencias de Hemingway, desde libros y cartas, hasta cañas de pescar y cabezas disecadas de animales africanos.
La apertura de los dos contenedores el miércoles no fue el momento más espectacular en el año y medio transcurrido desde la distención en las relaciones que anunciaron los presidentes Barack Obama y Raúl Castro.Sin embargo, tuvo su carga simbólica desempacar los artículos estadounidenses que serán utilizados para preservar la memoria de un hombre que se ha convertido en un icono de los vínculos de amistad entre Estados Unidos y Cuba.
Hemingway vivió en la espaciosa casa conocida como la Finca Vigía en las décadas de 1940 y 1950, y los lugares en la isla donde el Nobel de Literatura trabajó, pescó y bebió se convirtieron en sitios culturales importantes que atraen a turistas de todo el mundo.
La finca está deteriorada debido al medio siglo de Guerra Fría entre Estados Unidos y Cuba, que tiene sus carencias tanto por el embargo comercial estadounidense como por los problemas derivados de una economía centralizada ineficiente e improductiva.
“Preservar el legado de Hemingway nos honra y nos dignifica a norteamericanos y cubanos”, dijo Ada Rosa Alfonso, directora del museo Finca Vigía.
Los artículos desempacados el miércoles serán utilizados para completar la primera etapa de la instalación de conservación que estará concluida en la primavera de 2017, dijo Mary-Jo Adams, directora de la Fundación Finca Vigía, con sede en Boston, que recaudó casi 900 mil dólares para el proyecto.
